RAÍCES
SG Monte do Gozo, la empresa que facilita vacaciones a los ganaderos gallegos: «En el campo también hay sueldos de médico»
El joven emprendedor compostelano Manuel Fernández, tras una estancia Erasmus en Francia, vio la necesidad de un servicio de personal de sustitución para el sector lácteo de Galicia

Manuel Fernández Fernández, de SG Monte do Gozo / Cedida

En medio de una comida familiar, una fiesta o una boda, de repente alguien se levanta de la mesa y se despide: "Tengo que ir a ordeñar". No hace tanto tiempo que en las granjas lácteas de Galicia algo tan simple como disponer de un día entero libre era todo un acontecimiento; y disfrutar de vacaciones, una utopía.
Hoy, el del sector lácteo sigue siendo un trabajo muy atado, como todos los que dependen de animales, pero gracias a la modernización y el redimensionamiento de las explotaciones, tanto los propietarios como los operarios tienen un respiro, especialmente en aquellas granjas más grandes y tecnificadas donde incluso se trabaja a turnos. Las más pequeñas, que no disponen de esa flexibilidad, siempre pueden echar mano de las empresas de servicios ganaderos que ofertan personal para sustituciones. Y una de las más reconocidas está en Santiago: SG Monte do Gozo.
La fundó Manuel Fernández en 2018, primero como autónomo y dos años después ya como sociedad limitada. En su momento fue una apuesta novedosa y su promotor, vecino de la parroquia compostelana de Aríns, todo un ejemplo de emprendimiento juvenil en el rural, ya que era un veinteañero recién salido de la escuela EFA Fonteboa de Coristanco cuando decidió dar el salto. Hoy, Manuel tiene 27 años y la SG Monte do Gozo, diez empleados y presencia en toda Galicia.
"La idea surgió durante una estancia Erasmus en Francia, donde descubrí la existencia de este servicio de sustitución que me pareció una gran idea para aquí", explica durante un receso de su jornada laboral en una granja de Lugo. En su caso, lo del campo es además vocacional. "Siempre me gustó, desde pequeño", dice. En su familia no hubo grandes explotaciones más allá de "dos vacas y cuatro gallinas para autoconsumo", pero Manuel quiso estudiar y formarse para trabajar en las granjas.
Cambio de mentalidad: "Al principio costó mucho"
En sus inicios, lo más difícil no fue la burocracia ni la inversión, sino la mentalidad. En Galicia apenas había servicios especializados de personal de sustitución para el campo, más allá de los de la Cooperativa Agraria Provincial (CAP) de A Coruña, así que el sector tampoco estaba acostumbrado a abrir las puertas de sus granjas a empresas así. Una cosa era un contrato para ayudar a la gente de la granja a ensilar o sembrar y otra muy distinta, marcharse todo un fin de semana y dejar a un desconocido al cargo.
"Costó muchísimo", recuerda Manuel, que reflexiona sobre lo que era el sector lácteo hace una década. "Por un lado estaba muy actualizado y por el otro, muy anticuado". Eran tiempos donde todavía sobrevivían muchas granjas de 30 o 40 vacas que se ordeñaban en amarre. "Hoy eso casi desapareció", prosigue. "Hay robots que ordeñan y el personal que acude a esas granjas muchas veces va a atender de máquinas". Por eso también fue cambiando poco a poco la mentalidad de los propietarios con respecto a estas empresas de sustitución. "Antes les valía cualquier trabajador, pero hoy ya se necesita personal con formación, incluso con algo de inglés para las máquinas, con distintos carnés de conducir...".
También las inspecciones favorecieron a empresas como SG Monte do Gozo, ya que retiraron "competencia desleal" del mercado, sobre todo los tradicionales jornaleros que se ofrecían a hacer trabajos de campo sin asegurar ni legalizarse, tirando las tarifas por los suelos. También se echaba mano de vecinos o familiares para completar las tareas agrícolas. Pese a esa mayor vigilancia, todavía queda competencia desleal, aclara Manuel Fernández.

El ordeño es el trabajo más sensible de la granja / Cedida
Cliente tipo: granja pequeña y días puntuales
Este emprendedor empezó solo, pero la demanda lo llevó a ampliar pronto la plantilla. "Hoy somos diez personas y hacemos sustituciones por toda Galicia", explica. "Tenemos distribuido el territorio en varias zonas, con un encargado por zona y varios operarios a sus órdenes". Esa forma de delegar permite una conexión más cercana con el cliente "para trabajar a su gusto". Además, así los encargados forman a su gente también a su manera.
¿Y qué clientes tiene? Pues la mayoría "contratos para días puntuales que buscan seguridad y tranquilidad". Días puntuales significa una boda, un bautizo, una fiesta, un fin de semana o incluso unos días de vacaciones.
Manuel Fernández asegura que las granjas grandes y fuertes no son las que más necesitan sus servicios, "aunque pueden llamar si tienen una baja o algún problema con algún empleado". El servicio que ofrece está más pensado para granjas familiares pequeñas. "Un matrimonio que tiene una explotación y se quiere marchar una semana de vacaciones, pues prefieren pagarle a una empresa como nosotros".
Su tarifa parte de 300 euros al día por empleado, pero ofrece unos bonos con descuentos importantes para clientes fieles. "La gente que nos llama mes a mes, o determinados días al año, puede contratar un servicio por casi la mitad, ya que es una forma de premiar su confianza", aclara Manuel Fernández.
A nivel territorial, el grueso del trabajo se reparte entre las provincias de A Coruña y Lugo, que concentran el grueso del lácteo nacional. "Pero también estamos apostando por el Deza", en Pontevedra.

SG Monte do Gozo trabaja más allá de las granjas / Cedida
El problema de la mano de obra
SG Monte do Gozo llegó a tener en picos de trabajo hasta 25 empleados, pero hoy es inviable por la dificultad para encontrar mano de obra. Lo sufren las granjas y también lo sufre Manuel Fernández, lo que provoca un círculo vicioso peligroso. "Por un lado, hoy en las granjas hace falta personal cualificado que entienda del sector, pero al mismo tiempo la desesperación por falta de gente es tal que se contrata a cualquiera cuando hay opción". Eso nutre cierto mercado laboral paralelo que no siempre supone competencia lícita.
"Yo jamás tuve tantos problemas para encontrar gente como ahora", reflexiona Manuel Fernández. Siempre fue combinando algunos veteranos con gente joven salida de las escuelas agrarias que hacían prácticas, pero ahora "cuesta mucho". "Y eso que muchas veces en el campo hay sueldos que son de médico", dice. "Un empleado que defienda bien su puesto y sea responsable puede llegar a 2.000 euros tranquilamente", con una jornada conforme a lo que marca la ley y su mes de vacaciones. Hoy, en el campo, "por el salario mínimo hoy no trabaja nadie".
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