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Adicciones

El consumo de marihuana entre adolescentes gallegos cae, pero más de 15.000 fuman con regularidad

El cannabis pierde en dos años una tercera parte de sus usuarios entre los estudiantes de 14 a 18 años

Planta de marihuana.

Planta de marihuana. / EP

Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

Aunque el alcohol gana por goleada cuando se trata de elegir la sustancia psicoactiva favorita de la población, el cannabis le arrebata el podio si solo se tienen en cuenta las drogas ilegales. Y no ocurre así solo en Galicia, sino en cualquier ámbito territorial y también entre los jóvenes, aunque las últimas estadísticas sobre el consumo en adolescentes podrían apuntar a que el fenómeno esté comenzando a pasar de moda. En los dos últimos años el cannabis ha perdido en torno a un tercio de practicantes en Galicia. La tendencia a cifras inferiores a las registradas incluso en prepandemia no es exclusiva de la comunidad, como permiten constatar los resultados de la encuesta Estudes, que testa el uso de drogas entre los chavales que cursan ESO, FP y Bachillerato.

Si bien la Lei de protección de la salud de las personas menores y prevención de las conductas adictivas, que entra en vigor este marzo, asegura que el cannabis entre la población adulta y juvenil «sigue siendo prevalente», con datos que muestran un consumo «significativo y preocupante entre la juventud», las cifras más recientes del sondeo del Plan Nacional sobre Drogas entre adolescentes gallegos reflejan caídas similares en los tres indicadores analizados: alguna vez en la vida, en el último año y en el último mes.

Descenso en todos los intervalos temporales

Si ahora admiten haber flirteado con la marihuana alguna vez en su vida uno de cada cinco chavales gallegos de 14 a 18 años (20,2%), en la encuesta de 2023, dos años atrás, lo reconocían un 28,6%. En lo que respecta al último año, el consumo autodeclarado asciende a un 16,4%, frente a un 24,7% en el sondeo bianual previo. Finalmente, en el período de 30 días previos a la entrevista, lo que podría servir de indicador de un comportamiento más habitual, los usuarios han pasado de un 18,5% a un 12,2%. Con todo, cuando estas últimas cifras se trasladan a números absolutos, generalizando la conducta de los estudiantes de enseñanzas secundarias a la de todos los chicos de su edad, el resultado es que más de 15.000 adolescentes han fumado marihuana recientemente.

Consumo de cannabis entre los estudiantes adolescentes

Consumo de cannabis entre los estudiantes adolescentes / Hugo Barreiro

Los porros, de marihuana o hachís, combinados o no con tabaco, son más de chicos que de chicas, al menos por ahora. En los 30 días previos al sondeo, un 15,6% de los varones admitía el consumo, frente a un 8,9% de las chicas, un 43 por ciento menos. Con todo, el Ministerio de Sanidad advierte que esa brecha se ha ido reduciendo, en general, en los últimos años.

El consumidor habitual

Según una monografía publicada por el Ministerio de Sanidad para España, en relación a la cantidad consumida, el día que un estudiante ha consumido cannabis en los últimos 30 días ha fumado de media 3,4 porros (la modalidad preferida, aunque empieza a ganar peso la vía oral) y los chicos, además de fumar más lo hacen más intensivamente. La edad media de los fumadores habituales es de 16 años y sus progenitores tienen, en su mayoría, estudios secundarios o universitarios y cuya situación económica consideran que está más o menos como la media.

Por otro lado, el mismo informe advierte en el grupo que reconoce el consumo en el último mes un mayor consumo de otras drogas ilegales y del recurso a «sustancias estimulantes para mejorar el rendimiento en el estudio», además de mayor prevalencia de juegos de azar y de posible juego de azar problemático.

La Xunta considera a los jóvenes uno de los colectivos más vulnerables a los efectos de la marihuana. En la Lei de protección de la salud de las personas menores y prevención de las conductas adictivas, la Consellería de Sanidade advierte que su consumo «es especialmente perjudicial en edades tempranas, cuando el organismo está en fase de maduración, provocando cambios neurobiológicos durante este período». Las consecuencias, señala, pueden ir desde «alteraciones de los sentidos y la percepción del tiempo» a, «en algunos casos, sintomatología psicótica», pasando por «cambios en el estado de ánimo, descoordinación motora, dificultad para pensar y resolver problemas, alteraciones en los procesos de memoria, alucinaciones y delirios».

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