Autoconsumo y búsqueda de alimentos sanos impulsan las huertas familiares en Galicia: «Ahora los jóvenes le dan valor»
La superficie dedicada a huertas caseras en la comunidad crece un 8% y supera por primera vez las 31.000 hectáreas, con mayor peso urbano y un valor superior a los 300 millones de euros

Diego Refojos, de Agro A Nosa Terra de Lavacolla, con la col Kale / M.G.P.

Después de unos meses extremadamente lluviosos en Galicia que echaron a perder las pocas cosechas del invierno, la primavera reactiva el campo. En estos días de sol la actividad es frenética sobre el terreno, pero también en las tiendas de suministros agrícolas, un sector que afronta este mes y el que viene el grueso de su campaña de plantación. A menudo son pequeños comercios que pasan desapercibidos, pero que en conjunto conforman todo un sector que mueve la economía urbana y rural en una Galicia donde no todos son desertores del arado. De hecho, la superficie dedicada a huertos familiares cerró 2025 en la cifra récord de 31.253 hectáreas, un 8% más que el año anterior.
Son datos de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos Cultivos (ESYRCE) del Ministerio de Agricultura, cuyas cifras no pueden tomarse siempre al pie de la letra, pero sí como tendencia, en este caso sostenida en el tiempo, especialmente desde la pandemia, que fue la que marcó un gran punto de inflexión. Tras el bum de 2020, las huertas para autoconsumo crecieron a un ritmo menor, pero sostenido.
Así, las más de 31.000 hectáreas sitúan a Galicia como líder absoluta en hortalizas de autoconsumo del país. Aquí están el 25% de las huertas domésticas de España (123.212 hectáreas), por delante de territorios mucho más extensos como Andalucía (13.162 hectáreas), Valencia (11.845) o Castilla y León (11.798).
Huertas familiares por CCAA 2025
- Galicia 31.253 hectáreas
- Andalucía 13.162 hectáreas
- Valencia 11.845 hectáreas
- Castilla y León 11.789 hectáreas
- Cataluña 7.686 hectáreas
- Canarias 6.938 hectáreas
- Baleares 6.170 hectáreas
- Murcia 5.441 hectáreas
- Extremadura 5.317 hectáreas
- Castilla-La Mancha 5.037 hectáreas
- Aragón 4.657 hectáreas
- País Vasco 4.309 hectáreas
- Asturias 3.479 hectáreas
- Navarra 3.128 hectáreas
- La Rioja 2.186 hectáreas
- Cantabria 451 hectáreas
- Madrid 364 hectáreas
- España 123.212 hectáreas
Hay incluso quién se atreve a ponerle precio a estos regos de patatas, cebollas y tomates: más de 300 millones de euros solo en el valor de la producción. Salen unos 10.000 euros por hectárea, la mitad de lo que generaría una explotación profesional, explica Jacobo Feijóo, de Unións Agrarias (UUAA). Pero a esta ingente cantidad de dinero habría que sumarle todo el negocio añadido que genera en el comercio: plantas, abonos, aperos, sulfatos... Por eso las huertas caseras, muchas veces infravaloradas, son en sí mismas un pequeño motor de la economía gallega.

Diego Refojos, en su tienda de Lavacolla / M.G.P.
"El grueso de campaña es hasta el 15 de mayo"
Pero... ¿quién sostiene todo ese entramado hortícola? En la inmensa mayoría de los casos sigue siendo la Galicia rural. En las casas de campo es donde las superfices cultivadas son más grandes y engordan la estadística, algo lógico por el hecho de que allí hay más terreno disponible. "Una casa del rural que siembre patatas lleva de media cuatro sacos para sembrar; en una huerta urbana se plantan 20 patatas", explica Diego Refojos, de Agro A Nosa Terra, en Lavacolla (Santiago).
"El perfil de la huerta en entornos urbanos o de gente joven con casa en el rural cerca de la ciudad es el de autoconsumo para la propia persona", mientras que en las casas de aldea tradicionales "plantan para ellos, para los hijos, los nietos...". "Es la diferencia entre cultivar cinco tomates o 50 o 60 plantas para después hacer salsa y conservar todo el año", añade.
Diego Refojos explica que los ajos están plantados desde enero y a lo largo de marzo fue el turno de la cebolla, el puerro o el repollo. También alguna fresa. "El grueso de la campaña es la última quincena de abril y la primera de mayo", cuando llega el turno de lechugas, tomates, pimientos, calabacín... Mención aparte merecen las patatas, que conforman el grueso de las huertas de autoconsumo en Galicia en cuanto a superficie. "Este año, la lluvia impidió en muchos sitios plantar la patata de cedo", lo que lleva a que ahora se siembre más de la otra.
En Agro A Nosa Terra el ciente es más bien "tradicional". Quizás por su ubicación en el rural, todavía suministra a mucha gente mayor que conserva la plantación de siempre. Considera que la clientela de la huerta casera se mantiene "estable", aunque alerta que el exceso de regulación con los fitosanitarios está empujando a alguna gente a abandonar, porque las plagas se multiplican y las opciones de combatirlas con química son cada vez menores, lo que acaba por desmoralizar.
También avisa del cierre de tiendas de suministros agrarios a medida que se jubilan sus propietarios. "No hay relevo".

Agrobotica, referente de la huerta en Salgueiriños / M.G.P.
"Cambió algo el tipo de cliente"
No lejos de allí, en el barrio compostelano de Salgueiriños, Agrobotica exhibe ante su puerta enormes estantes llenos de verduras listas para plantar. Vienen de Italia, ya que en Galicia y España el invierno duro de temporales echó a perder mucho semillero en los viveros y hay escasez. "Por eso este año quizás estamos vendiendo más que estos años y para casi toda Galicia", admite José Manuel Juncal, que pese a ello pone en duda que la superficie de huerta casera en Galicia vaya a más, ya que a su juicio ve difícil que la moda urbana compense la pérdida de gente que cultiva en el rural, donde también pone el foco en la exigente regulación de los fitosanitarios que aplica España.
Con tres décadas de negocio, Agrobotica es un referente del sector de la huerta en sus tiendas de Santiago y Val do Dubra. La clientela se mantiene estable tras el bum de la pandemia, pero sí observan cambios de perfil. "Cambió el tipo de cliente", explican. "Ahora quizás se ve gente más joven". Algunos son novatos del campo, mientras que otros regresan a sus orígenes al heredar casas o fincas en el rural, cerca de la ciudad.
¿Y qué empuja a los jóvenes a plantar? Pues diferentes motivaciones. Algunos se dejan seducir por los agroinfluencers, mientras que otros simplemente aprovechan la moda de las huertas urbanas, que cada vez impulsan más ayuntamientos y que en algunos lugares tienen larguísimas listas de espera, lo que confirma esa demanda. Pero según la experiencia de Juncal y su equipo de Agrobotica, el principal motivo suele ser alimentarios. "Aumentó mucho la concienciación sobre las verduras sanas, ecológicas, libres de química", explican. Es una tendencia global a la que no escapa Galicia y que cala especialmente en los jóvenes. No en aquellas franjas de edad más jóvenes y fans de la comida basura, sino en los que empiezan a trabajar o formar familias.

Hortalizas listas en Agrobotica / M.G.P.
Col Kale, acelga arco iris... las verduras de moda
Col Kale, acelga arco iris, kalettes, coliflor de colores... Para muchos aficionados a la huerta puede que estos nombres suenen a chino, pero en realidad son las verduras de moda y las tiendas coinciden: "Todo lo diferente vende mucho". Aunque el grueso del negocio sigue en la patata, la lechuga, el tomate y el pimiento, lo cierto es que las nuevas hortalizas que se incorporan al mercado arrasan, sobre todo entre los jóvenes. "También ensayan con todo tipo de pimientos y tomates, las razas más exclusivas llegadas de latitudes muy lejanas", sostienen en el sector.
"Una vez se prueba la diferencia entre un tomate comprado y uno cultivado por ellos, uno se da cuenta", reflexiona Jacobo Feijóo, de UUAA, que cree que además este proceso lleva aparejada una revalorización de la huerta y el rural. "Ahora el campo no es denostado por los jóvenes, sino que es algo con prestigio, está bien visto".
Y aunque es evidente que ni las huertas urbanas ni 30.000 hectáreas van a revertir el abandono del agro gallego, que Galicia siga aferrada al sacho es fundamental porque aporta ahorro en las economías familiares, salud a través de la alimentación, lucha contra el fuego y, sobre todo, un excelente tratamiento antiestrés.
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