Manuel Rodríguez, trabajador en Vigo: «La acreditación de competencias profesionales me permitió ascender en la empresa»
El programa le ha permitido sacarse la «espinita» de no haber podido terminar el ciclo superior por tener que compatibilizarlo con su trabajo

Alba Villar
Manuel Rodríguez tiene 36 años y lleva ocho trabajando en el concesionario de Volkswagen en Vigo, del grupo Pérez Rumbao. Empezó en el taller como electromecánico y ahora trabaja en la parte de gestión, un paso que supuso un avance importante en su carrera profesional. Ese cambio llegó después de retomar los estudios años más tarde, cuando ya tenía trabajo, responsabilidades y familia, algo que fue posible gracias a la acreditación de competencias profesionales habilitada por la Consellería de Educación, que le permitió sacarse el ciclo superior y, en última instancia, ascender en su puesto de trabajo.
A través del proceso de acreditación de competencias profesionales, los trabajadores con experiencia pueden certificar sus conocimientos aunque no tengan formación formal, lo que después les permite completar estudios de Formación Profesional. Desde la puesta en marcha de este procedimiento, denominado ARA (Avaliación, recoñecemento e acreditación de competencias profesionais) ya se han beneficiado más 26.000 personas. Este fue el caso de Manuel, que reconoce que esta oportunidad le «tocó» en lo personal.
Manuel ya se había propuesto sacarse un ciclo superior antes, pero cuando uno ya tiene su proyecto de vida montado, reconoce, «es muy difícil». «Hay familias que se pueden permitir que te eches un par de años más en casa y que acabes los estudios», pero no era su caso, y como a muchos otros, trabajar, ir a clase por la tarde y llegar a casa de forma sistemática a las 11 de la noche no era sostenible, sobre todo después de ser padre. Al final, desistió, pero se le quedó «la espinita».
No fue hasta que conoció el programa de acreditación de competencias profesionales que se la pudo quitar, explica. En su caso, es la empresa, el grupo Pérez Rumbao, quien se encarga del proceso para que sus empleados puedan acreditar sus competencias profesionales, y él cursó siete módulos. En el proceso, reconoce, no se regala nada, y «hay que tener claros los conceptos y un cierto nivel», que viene, precisamente, de la experiencia. «Yo que soy electromecánico, la parte de carrocería y pintura me la tuve que preparar», para lo que le ayudaron mucho sus compañeros, explica.
Después se examinó, con pruebas técnicas en las que los profesores le preguntaban, por ejemplo, qué proceso seguiría para desmontar una pieza, cómo enderezar un daño estructural en un coche o qué tipo de motor y cambio lleva cierto vehículo y qué pasos habría que seguir para retirar la caja de cambios y repararla. Finalmente, el esfuerzo valió la pena: aprobó los siete módulos, pudo convalidar dos asignaturas del ciclo medio que ya había cursado, y para obtener el superior solo tuvo que matricularse de una y hacer el proyecto final. «Para mí eso fue muy importante, lo agradezco mucho», celebra.
Pero más allá de la vida académica, esta posibilidad también tuvo impacto en su vida laboral, permitiéndole ascender en la empresa. «En el caso del Grupo Volkswagen, para ciertos puestos exigen un nivel formativo», en su caso, para ser jefe de taller, piden un ciclo superior. A largo plazo, reconoce que no sabe lo que hará, aunque no descarta seguir formándose. Ahora mismo lo que tiene claro es que quiere «aprovechar la inercia» de una oportunidad que le permitió cerrar una cuenta pendiente consigo mismo «y seguir adelante».
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