Medio ambiente
La mortandad de abejas enciende las alarmas en Galicia: llaman a instalar trampas contra las velutinas para salvar esta temporada de miel
Las incesantes lluvias de este invierno, los incendios del verano pasado y un ácaro que ataca a las abejas mermaron las colonias hasta un 40%
La Asociación Galega de Apicultura exige medidas urgentes para salvarlas ahora que las avispas velutinas salen de su hibernación y proteger la producción de miel

Algunas abejas de zonas devastadas por el fuego del pasado verano fueron trasladas a otros bosques. / Carlos Castro

Los incendios del verano pasado y las intensas lluvias de este invierno han dejado una factura devastadora en la apicultura gallega. Solo en la póliza colectiva de una asociación se abonaron más de 100.000 euros por fuegos que afectaron a colonias, pero el golpe no terminó ahí.
A ese impacto se sumó después un invierno especialmente duro, la presión constante de la varroa —el ácaro que debilita las colmenas y transmite virus capaces de deformar las alas de las abejas o provocarles parálisis—. Y, ahora, se suma la amenaza renovada de la avispa velutina, que reaparece con fuerza tras la hibernación.
El resultado, según denuncian los profesionales del sector, ha sido un descenso de entre el 40% y el 50% de las colmenas productivas en numerosos casos. La alarma se disparó en las últimas semanas durante la actualización del censo apícola. Allí donde antes había colonias fuertes y activas, muchos apicultores se encontraron con asentamientos muy mermados, colmenas debilitadas y explotaciones incapaces de recuperar su ritmo habitual. En algunos casos, el desplome ha sido extremo. «De 300 colmenas censadas, hay particulares que hoy tienen menos de 50», advierte Marita Puga, presidenta de la Asociación Galega de Apicultura (AGA).
La sorpresa, explica, llegó precisamente al contrastar sobre el terreno los datos del censo con la situación real de las explotaciones. Lo que debía ser una simple actualización administrativa acabó convirtiéndose en una radiografía inquietante del sector. «La supervivencia de las abejas exige medidas urgentes», resume Puga, que sitúa la situación en un punto crítico para la apicultura gallega.
Al ácaro se suman las velutinas
Entre los factores que más preocupan al sector figura la varroa, un problema estructural en los colmenares gallegos por su impacto directo sobre la salud de las abejas y por los virus que transmite. En este contexto, los apicultores insisten también en la necesidad de reforzar los apoyos públicos y reclaman a la Xunta que subvencione el segundo tratamiento que resulta necesario para su control, al entender que el coste añadido recae sobre unas explotaciones ya muy castigadas.
A esa cadena de amenazas se suma ahora el despertar de las reinas de velutina, que salen de la hibernación y buscan alimento para levantar sus nidos primarios. En ese proceso, las abejas se convierten en una presa directa. «Están despertando ahora con fuerza de la hibernación. Yo misma vi dos reinas en mi colmenar», traslada desde AGA la presidenta. El ataque es tan brutal como efectivo: capturan a las abejas, las decapitan y se alimentan de ellas. En un contexto de creciente mortalidad y colmenas ya debilitadas, esa presión extra puede resultar determinante.
Por eso, la asociación insiste en que la respuesta no puede esperar. Frente a la expansión de la velutina, los apicultores defienden que la medida más inmediata y eficaz en este momento es el trampeo de reinas. El mensaje que lanzan es directo: cada reina capturada es un nido menos en los próximos meses. De ahí el llamamiento a actuar ya, tanto en colmenares como en casas, fincas y espacios con floración, mediante trampas, incluso domésticas, elaboradas con botellas e ingredientes caseros. Para el sector, cualquier esfuerzo suma si contribuye a frenar a tiempo la formación de nuevos nidos. Eso sí, los potenciales efectos de esas trampas sobre otras especies también provocan cierta polémica.
De pequeños productores a explotaciones profesionales
AGA, la organización con mayor implantación en el sector en Galicia, agrupa a unos 1.420 socios repartidos por toda la comunidad. Bajo ese paraguas conviven pequeños apicultores, que mantienen unas pocas colmenas como actividad complementaria, y explotaciones profesionalizadas. Pero el diagnóstico empieza a repetirse en todos los perfiles: menos abejas, colmenas más débiles y una preocupación creciente ante una campaña marcada por las pérdidas.
Para AGA, la caída del censo refleja un deterioro serio que pone en riesgo tanto la viabilidad de muchas explotaciones como una función ecológica clave: la polinización. Ante esta situación, la asociación reclama medidas urgentes, coordinadas y sostenidas, con especial refuerzo de la prevención y del trampeo allí donde sea necesario. La alarma, advierten, no afecta a casos aislados, sino que se extiende por toda Galicia y ya es visible en numerosos colmenares.
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