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Universidad

«Varios caminos, mismo destino»: la difícil decisión de elegir carrera

Alumnos y exalumnos de diversos grados de la UVigo dibujan una elección de itinerario universitario marcada por la ansiedad, las dudas y una conclusión compartida: no entrar en la primera opción no cierra el camino

Alumnos universitarios apuran los últimos minutos de estudio antes de un examen.

Alumnos universitarios apuran los últimos minutos de estudio antes de un examen. / FDV

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

Elegir un grado universitario sigue siendo, para muchos jóvenes, menos un gesto vocacional nítido que una travesía cargada de incertidumbre. Un proceso tenso, lleno de dudas, presión y reajustes sobre la marcha. Esa es una de las principales conclusiones de una consulta realizada entre alumnos y exalumnos de la UVigo en varios grados. Entre las respuestas recogidas aflora con fuerza una palabra que se repite en la experiencia del alumnado, «ansiedad».

Una consulta impulsada por la profesora Maruxa Álvarez, de la Universidade de Vigo y respondida por más de cuarenta estudiantes, dibuja un panorama inédito: no es tanto una generación desorientada como un alumnado que vive la elección del grado con una mezcla de presión, incertidumbre y capacidad de adaptación. Más que una encuesta al uso, el formulario funciona como una radiografía cualitativa de un momento decisivo: el paso del Bachillerato a la universidad. Desmonta, además, tópicos.

No todos llegan a la PAU con una vocación cerrada. De hecho, solo una parte relevante del alumnado asegura tener «muy claro» con antelación qué quiere estudiar, mientras otro bloque importante reconoce manejar varias opciones y unos pocos admiten que no lo tenían nada claro. Es decir, la duda no aparece como excepción, sino como parte constitutiva del proceso. Esa idea encaja con varios de los comentarios abiertos, donde el consejo que se repite no es tanto académico como anímico: «No es el fin del mundo», escribe un participante; otro resume: «hay muchos caminos para llegar al mismo sitio»; y un tercero insiste en que «no se desanime, hay muchas opciones».

Es un dato relevante porque revela que el sistema sigue exigiendo decisiones muy tempranas cuando una parte importante de los jóvenes todavía está explorando intereses, salidas y afinidades reales.

También resulta revelador que la división entre elección vocacional y elección práctica esté casi partida en dos. Es decir, el alumnado no se mueve solo por deseo ni solo por cálculo: conviven la llamada de una disciplina con la preocupación por la empleabilidad, la nota de corte o las opciones reales de acceso. De hecho, uno de los testimonios más lúcidos lo formula así: «ás veces unha boa idea é proxectar en que queres traballar e non en que grado concreto». En esa misma línea, otro participante apunta que «hay muchas más salidas de las que parece».

Quizá entre las conclusiones más interesantes del formulario esté la que relativiza el dramatismo de no entrar en la primera opción. Una parte significativa sí accedió al grado deseado, pero entre quienes no lo hicieron abundan valoraciones muy positivas de la alternativa cursada. No pocos acaban calificando su experiencia actual como excelente o muy satisfactoria. En otras palabras: el desvío no siempre se vive como fracaso. «Yo entré en el grado que supuestamente era de mis sueños, y al final cambié por un grado que no me había planteado nunca hacer», cuenta un alumno. Otra remata una idea parecida: «a veces entrar en otras opciones te hace descubrir cosas que no te hubieras imaginado e incluso encontrar tu vocación de verdad». De ahí que los consejos recogidos dibujen una pedagogía de la flexibilidad. Se recomienda pedir plaza «en todas las universidades que estén a mi alcance», buscar grados afines, contemplar traslados, convalidaciones o incluso la FP como vía alternativa. «Non cerrarse nunha única opción, incluír FP ou graos similares podeche levar a lugares semellantes», resume una de las respuestas. Otra insiste: «’Siempre hay tiempo de converger hacia otras ramas a través de especialización».

Una enseñanza de fondo para orientadores, familias y universidades sería que más que empujar al alumnado a decidir rápido, conviene acompañarlo para decidir mejor, y con más margen para rectificar.

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