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José Alberto Díez de Castro: «La experiencia aporta perspectiva, memoria y capacidad de anticipación»

Ya podría estar jubilado, pero a José Díez de Castro le apasiona su trabajo. El diálogo y la búsqueda de acuerdos son la marca de su despacho.

José Alberto Díez de Castro, secretario xeral de Universidades desde 2009.

José Alberto Díez de Castro, secretario xeral de Universidades desde 2009. / Xoan Álvarez / FDV

Irene Bascoy

Irene Bascoy

¿Cuando asumió en 2009 la Secretaría Xeral de Universidades pensó que 17 años después seguiría al frente?

En absoluto. Pensé que, si llegaba a dos años, ya sería mucho. El contexto no era fácil: había que elaborar un plan de financiación y empezaba la crisis económica y el panorama era muy complicado.A estas alturas, el primer sorprendido por llevar tanto tiempo en el puesto soy yo.

¿Por qué cree que tres conselleiros han confiado en usted: Jesús Vázquez, Román Rodríguez y Carmen Pomar?

Tienen que darse muchas circunstancias. La primera, claro, es hacer el trabajo razonablemente bien o, al menos, que quienes te evalúan consideren que lo estás haciendo bien. En el ámbito universitario, hemos logrado algo cada vez menos frecuente alcanzar grandes acuerdos: los planes de financiación, la creación de redes de grandes centros de investigación o la evolución del mapa de titulaciones. Esa voluntad constante de pactar creo que ha ayudado.

¿Cómo imagina el sistema universitario gallego dentro de diez años?

Más dinámico, más moderno y más rápido en su capacidad de respuesta. Una universidad que reaccione antes a las necesidades de formación y de transferencia que le plantea la sociedad. En el plano docente, debería estar mucho más orientada al alumno. Y en el plano institucional, tendría que incorporar plenamente una cultura de innovación, creatividad y apertura al cambio. No basta con mejorar cada año; hay que mejorar más deprisa que quienes compiten contigo. Esa mentalidad es fundamental.

¿Hay algún momento especialmente significativo de todos estos años?

La pandemia. Fue el episodio más excepcional que he vivido en el cargo. De la noche a la mañana tuvimos que reinventarnos todos, también las universidades, y respondieron de una forma extraordinaria. La universidad suele asociarse a lentitud o rigidez, pero durante el covid ocurrió justo lo contrario. Hubo una reacción muy rápida, una enorme capacidad de trabajo y una voluntad clara de resolver problemas. Fue un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas: cooperación, sentido práctico y un objetivo común.

¿Arriesga más ahora o cuando empezó?

Siempre he sido una persona proactiva. Siempre he creído en probar cosas nuevas. Si algo no sale bien, se corrige y se intenta de otra manera. Tener miedo al error es lo que paraliza. De hecho, eso mismo se lo traslado a las universidades. No pasa nada por equivocarse o por ensayar vías nuevas. Lo importante es no resignarse a la inercia.

Parece que ahora se prima la juventud frente al a experiencia. ¿Lo percibe así?

Sí, aunque para mí lo importante no es tanto la edad como la mentalidad. Hay personas jóvenes muy rígidas y personas de más edad con una mentalidad abierta, innovadora y con ganas de hacer cosas nuevas.Dicho esto, la experiencia es un valor real. La veteranía, en ese sentido, sí es un grado. El conocimiento acumulado da ventaja, sobre todo en un ámbito como el universitario, donde los resultados llegan a muy largo plazo. La experiencia aporta perspectiva, memoria institucional y capacidad de anticipación.

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