Medio rural
Más de un centenar de concentraciones parcelarias caducaron o están paradas por la oposición vecinal o problemas técnicos
Medio Rural mantiene su apuesta por estos procesos para movilizar tierras: en cinco años finalizó 37 reestructuraciones que afectaron a 25.000 hectáreas

Zona de Valdeorras donde se finalizó la concentración parcelaria. / Iñaki Osorio

En 1954 arrancaba la primera concentración parcelaria de Galicia en el concello coruñés de A Baña que finalizaba cuatro años después con la bendición del mismísimo Francisco Franco que acudió a la entrega de los nuevos títulos de propiedad. Era la solución ideada para romper con el tradicional minifundismo gallego e impulsar el crecimiento económico del rural. Desde entonces se agruparon más de 500.000 hectáreas, pero estos procesos resultaron lentos y farragosos y no siempre llegaron a buen puerto. Más de un centenar de concentraciones caducaron o están paradas. Suman casi 71.000 hectáreas.
Según explican desde la Consellería de Medio Rural, estos procesos no tuvieron éxito debido a la «escasa colaboración de los propietarios, por motivos técnicos o medioambientales, a lo que se unió, en su momento, la necesidad de priorizar inversiones en otras zonas en marcha».
Una concentración parcelaria se declara caducada cuando no se han llevado a cabo actos administrativos firmes en los últimos quince años, tal y como recoge la Lei 4/2015 de Mellora da Estrutura Territorial Agraria. En Galicia se declaró la caducidad de 97 actuaciones, algunas de ellas se habían iniciado ya en los años sesenta. A Coruña es la provincia más afectada, con 39 casos, seguida de Lugo, con 37, Pontevedra, con 12, y Ourense, con 9.
En cambio, un proceso de concentración parcelaria se considera parado cuando no se cumplen los requisitos establecidos para declarar su caducidad, pero no se está llevando a cabo ningún tipo de actuación ni se prevé a corto o medio plazo intervenir en esa zona. Están en esta situación seis procesos de reestructuración: uno en A Coruña, otro en Pontevedra y cuatro en Lugo.
Causas del rechazo
La principal debilidad de las explotaciones agrarias gallegas es su escasa superficie territorial. La fragmentación de la propiedad es un obstáculo para mejorar la rentabilidad del campo gallego. De ahí la importancia de las concentraciones parcelarias, que desde 2015 pasaron a denominarse reestructuraciones parcelarias.
Sin embargo, uno de los mayores obstáculos que se encuentran estos procesos son las reticencias de los propietarios de las parcelas. El apego que tienen a tierras que vienen heredadas de generación en generación, miedo a que la tasación y el intercambio no sean equitativos o quejas sobre la planificación de nuevos caminos y el diseño de la red de parcelas pueden provocar demoras o paralizar los avances.
Algunas concentraciones parcelarias pueden prolongarse durante décadas. E incluso cuando se finalizan, eso no significa que la tierra se aproveche. Hace años la Xunta calculaba que alrededor de 28.000 hectáreas, que habían sido reagrupadas en estos procesos, se encontraban en estado de abandono.
Aun así, estas reestructuraciones siguen siendo una herramienta importante para movilizar parcelas y la Xunta mantiene su apuesta por ellas. Según explica la Consellería de Medio Rural, desde 2020 se finalizaron en Galicia 37 concentraciones parcelarias (con cerca de 25.000 hectáreas movilizadas que afectaron a 19.300 propietarios) y además se han decretado 30 nuevas desde el año 2021, la última de ellas en Baleira en noviembre del año pasado, que abarcan algo más de 25.500 hectáreas de casi 16.500 titulares.
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