Autoconsumo
La «despensa de la aldea» se encoge en Galicia: la huerta ya solo ahorra la cesta de la compra en uno de cada cuatro hogares
El autoabastecimiento de verduras y hortalizas, con su ahorro en la cesta de la compra, se practica ya solo en el 25 por ciento de las casas en Galicia

Dos vecinos trabajan en un huerto en Galicia. / Iago Lopez

La huerta, el corazón simbólico y económico del autoconsumo gallego, ya solo sostiene a uno de cada cuatro hogares, que pueden ahorrar una media de treinta euros al mes en verduras y hortalizas (desde patatas, a puerros, pasando por repollos o zanahorias) gracias a la «despensa de la aldea»... o del huerto urbano. A pesar del tirón de los alimentos ecológicos y con el telón de fondo de los agroinfluencers y sus tutoriales para recién llegados al campo, el autoconsumo de los huertos vive el peor dato de esta década.
En Galicia, los hogares que ahorran con productos de la huerta cayeron un 28% en solo cuatro años. Eran 387.600 en 2020; en el arranque de 2025 eran 278.519. Son 109.081 casas menos en las que tomates, grelos o cebollas siguen entrando en la cocina no como nostalgia, sino como una ayuda real para cuadrar la compra.
La incidencia también se ha desplomado: si en 2020 esa «despensa de la aldea» alcanzaba al 36,27% de los hogares gallegos, ahora se queda en el 25,12%. Así lo acreditan los últimos datos de la «Enquisa estrutural a fogares» elaborada por el Instituto Galego de Estatística (IGE).
La cifra tiene además peso histórico. No es solo una caída reciente: es el mínimo de toda la serie desde 2007. Aquel año eran 452.188 los hogares gallegos que se beneficiaban de productos de la huerta, el 45% del total. Casi la mitad del país, en cierto modo, seguía teniendo un pie en la tierra. Hoy esa relación se ha encogido hasta niveles inéditos.
La pérdida no es únicamente simbólica. Durante décadas, la huerta funcionó como una herramienta directa para aliviar la cesta de la compra, una forma de economía doméstica que convertía el trabajo familiar en ahorro mensual.
Un retroceso en toda la despensa rural
El descenso del autoconsumo no afecta solo a las hortalizas. Prácticamente todos los elementos de la despensa rural gallega están retrocediendo. Los hogares que ahorran gracias a pollo y huevos han pasado de 298.262 en 2020 a 202.612 en 2024, lo que supone un descenso del 32%. Su incidencia cae hasta el 18,28% de los hogares, también el nivel más bajo de la serie estadística.
Los productos del mar obtenidos directamente, una singularidad de las economías familiares costeras, apenas alcanzan ya 10.001 hogares, el 0,9% del total, el mínimo registrado.
Tampoco escapa a esta tendencia la matanza del cerdo, uno de los grandes pilares de la autosuficiencia alimentaria en el rural. Aunque en 2024 se observa un pequeño repunte respecto al año anterior, solo 55.108 hogares siguen aprovechando este recurso, muy lejos de los 207.299 que todavía lo hacían en 2007.
La fotografía general es clara: menos huerta, menos gallinero, menos matanza y menos mar. Es decir, menos capacidad de autoabastecimiento en los hogares gallegos.
El interior resiste… pero también retrocede
Hay, eso sí, una Galicia que resiste más que otra. Ourense sigue siendo el gran bastión de la huerta: allí aún ahorra con ella el 34,21% de los hogares. Lugo aguanta en el 30,98%. En cambio, en las provincias más urbanizadas la incidencia baja al 21,75% en A Coruña y al 23,94% en Pontevedra.
El interior conserva mejor el hábito, pero ya no con la fortaleza de hace una década. Incluso allí la pendiente es evidente: desde 2020, el número de hogares con ahorro procedente de la huerta cae un 23,8% en Ourense y un 30,7% en Lugo.
La aldea aguanta más en el mapa interior, pero también allí se encoge.
Cada vez menos hogares… pero más ahorro
La evolución es paradójica. Mientras el número de familias que mantienen esta economía doméstica se reduce, el valor del autoconsumo aumenta para quienes lo conservan, en un contexto marcado por el encarecimiento de los alimentos.
Los datos del módulo de ahorro del IGE muestran que cada uno de estos recursos tradicionales representa un recorte directo del gasto mensual. De media, los hogares gallegos que disponen de ellos reducen su compra en:
- 29,9 euros al mes gracias a los productos de la huerta
- 50,6 euros con productos de la matanza del cerdo
- 21,8 euros con pollo y huevos
- 39,6 euros con otras carnes como vacuno o conejo
- 22 euros con lácteos
- 18,5 euros con fruta y frutos secos
- 20,6 euros con vino o licores caseros
Cuando varios de estos recursos coinciden en un mismo hogar —huerta, gallinero, matanza o frutales— el impacto en la economía familiar deja de ser simbólico. En los hogares con una despensa doméstica más completa el recorte del gasto puede superar los 120 euros al mes, e incluso rebasar los 150 euros en algunos casos.
Así, en los que aún la conservan sigue funcionando como un sobresueldo en especie, una forma de amortiguar la inflación alimentaria sin pasar por la caja del supermercado.
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