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La demanda de nuevos pacientes lleva a meses de espera para diagnosticar TDAH y autismo

Las clínicas privadas gallegas viven un aumento en la demanda de solicitud de valoraciones por trastornos del neurodesarrollo, generando listas de espera de meses para consultas de psiquiatría infantil y neuropediatría

Asociación Anhida, con niños con hiperactividad o déficit de atención en Vigo.

Asociación Anhida, con niños con hiperactividad o déficit de atención en Vigo. / ALBA VILLAR

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

La creciente demanda de valoraciones por posibles trastornos del neurodesarrollo ha empezado a tensionar también a las clínicas privadas gallegas. Si durante años el cuello de botella se asociaba casi en exclusiva a la sanidad pública, hoy familias, asociaciones y profesionales describen un escenario de listas de espera que también alcanza a consultas privadas de psiquiatría infantil, neuropediatría y gabinetes especializados en evaluación diagnóstica.

En una clínica especializada de Pontevedra admiten que la consulta de psiquiatría acumula «dos meses como mínimo de espera» para nuevos diagnósticos. En Vigo, varios centros reconocen asimismo demoras de varias semanas o meses, especialmente en primeras citas vinculadas a sospechas de trastorno del espectro autista (TEA) o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

La pedagoga y orientadora Paula Suárez, responsable del gabinete Positivando, advierte de que «el sistema empieza a dar muestras de colapso, porque quizás la sanidad pública no pueda absorber la alta demanda de casos», sobre todo en las ciudades. A su juicio, la situación no es homogénea en toda Galicia. «La variabilidad es grande por zonas», explica, porque hoy existe «menos miedo y más sensibilidad» ante diagnósticos como el TEA o el TDAH, pero en muchas áreas rurales sigue faltando una red suficiente de clínicas y profesionales específicos. El resultado, sostiene, es un «cuello de botella» en las ciudades y en las consultas de referencia, especialmente en neuropediatría.

Desde el ámbito médico, Alfonso Amado, de la clínica Amado, confirma ese aumento sostenido de la demanda, aunque con matices según la edad y el tipo de trastorno. Recuerda que, tras la pandemia, hubo un repunte llamativo de consultas por dificultades de lenguaje, comunicación e interacción en menores de tres o cuatro años. «Hubo una especie de boom», explica, en un contexto marcado por menos contacto con otros niños, ausencia de escuela infantil en algunos casos y una mayor exposición a pantallas.

A esa ola inicial se suma, según Amado, el incremento continuado de las consultas por problemas de atención e hiperactividad, el otro gran bloque de trastornos del neurodesarrollo. En su opinión, detrás de esta mayor presión asistencial hay un factor claro: la sensibilización. «Cada vez vemos más demanda» y «cada vez tenemos que abrir más agendas», señala, en parte porque escuelas y familias detectan antes determinadas señales de alerta y buscan respuesta con más rapidez.

Amado subraya además que la presión no afecta solo al neurodesarrollo. La psiquiatría infantil y juvenil, dice, también arrastra un fuerte aumento de demanda por cuadros de ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental en adolescentes. Y eso repercute sobre las agendas: a más primeras consultas, más seguimientos y revisiones posteriores. «Son vasos comunicantes», resume. Aún así, Amado asegura que «tratan de buscar siempre solución en el menor tiempo posible».

Movilidad

La concentración de recursos en determinadas ciudades complica aún más el mapa gallego. En la privada, las familias pueden escoger especialista con independencia de su lugar de residencia, y eso hace que las clínicas de referencia reciban pacientes de distintas provincias e incluso de fuera de Galicia. Esa movilidad, unida a la escasez de algunos perfiles profesionales, acaba ensanchando las listas de espera.

También lo constata Pilar Castiñeira Chamorro, presidenta de ANHIDA Coruña y vicepresidenta y responsable del área educativa de FEGADAH. «Hay una neuropediatra de referencia en A Coruña, en el hospital Quirón, que tiene una espera de casi un año para casos nuevos», explica. La propia entidad también percibe esa presión creciente. «Nosotros también hacemos valoraciones, de niños y adultos, y nuestra lista de espera es de dos o tres meses», añade.

A ello se suma que una valoración diagnóstica rigurosa no se resuelve en una sola consulta. Castiñeira recuerda que el proceso puede requerir «cuatro o cinco días» de pruebas psicométricas validadas y que, incluso trabajando con agilidad, la entrega del informe puede demorarse «entre un mes y mes y medio».

El resultado es que muchas familias ya no se encuentran solo con la espera de la pública, sino con una doble saturación. La mayor sensibilidad social hacia el autismo, el TDAH y otros trastornos del neurodesarrollo ha favorecido la detección y la búsqueda de ayuda, pero también ha dejado al descubierto una red asistencial insuficiente para absorber una demanda al alza, tanto dentro como fuera del sistema público.

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