Entrevista | Pablo Beramendi Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke
«Trump es un autócrata aspiracional, pero EE UU tiene, aunque debilitados, frenos al caos aparente de su Gobierno»
El profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke, que abordará el próximo lunes en un congreso organizado por el Foro Económico de Galicia el estado actual de la democracia en Estados Unidos, sostiene que la guerra de Irán «puede debilitar» a Trump de cara a las elecciones de medio mandato, pero «su base de apoyo no baja del 40%»

Pablo Beramendi, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke. / Cedida
Pablo Beramendi, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke, participará el próximo lunes en Santiago de Compostela en la Conferencia Internacional sobre Democracia y Gobernanza Global: Desafíos del Siglo XXI, organizada por el Foro Económico de Galicia. Allí, junto a otros expertos como Jonathan Rodden, de Stanford University, examinará el estado actual de la democracia en Estados Unidos desde una perspectiva comparada, en un contexto marcado por el conflicto con Irán y la escalada de las tensiones internacionales.
En el Foro Económico de Galicia hablará sobre los retos de la democracia del siglo XXI. Si tuviese que jerarquizarlos, ¿cuáles serían los tres más urgentes?
Por un lado, estamos viviendo un proceso de cambio tecnológico muy acelerado, que ya precede a la entrada de la inteligencia artificial, y que ha cambiado de manera radical la forma en la que se genera y se procesa la información política, se definen las preferencias políticas, y se moviliza a la gente a participar en política. La teoría clásica de la democracia indica que se premia a los que gobiernan bien, bajo la premisa de que hay una información mínimamente verificable y que es posible tener una discusión racional. Esa premisa ya no existe, y por lo tanto un factor fundamental, que es la concepción tradicional de la democracia, es cada vez más cuestionable y no sé qué lo va a sustituir.
El segundo reto tiene que ver con el debilitamiento de las organizaciones de intermediación. Como consecuencia del cambio en la forma de procesar la información política, los partidos, sindicatos, y lo que son las organizaciones políticas, que eran la correa de transmisión que facilitaba la información política y los procesos de movilización, también están cambiando. Y el propio significado de categorías básicas como la izquierda y la derecha se interpreta de manera cada vez ambigua y maleable.
Y el tercero tiene que ver con la relación entre desigualdad económica y desigualdad política. Hay un sesgo creciente en la capacidad de la influencia política de estratos económicos, lo que lleva a problemas de desafección y alejamiento de grupos que, o bien nunca formaron parte del proceso político, o bien se sienten desatendidos. Un ejemplo es el caso de las generacions más jóvenes de clase media en España, donde empieza a aparecer una tolerancia, cuando no interés, por ociones de extrema derecha.
¿A qué se debe esto?
No se sabe muy bien. Se debate si tiene que ver con factores económicos o más con cuestiones identitarias y de nacionalismo. La parte económica tiene que ver con las aspiraciones de las generaciones más jóvenes, que se les dijo que estudiasen una carrera y vivirían mejor aque las anteriores, y eso no está pasando. Pero conviene no ser economicistas. Hay claros perdedores de la transformación digital, de la internacionalización, etc., pero no lo explica todo porque hay un componente identitario: en el caso español, por ejemplo, el retorno de un nacionalismo español exagerado, en parte como respuesta al Procés y en parte como respuesta a la percepción, a veces poco avalada por la realidad, de problemas derivados de la presión migratoria.
¿Se relaciona esta polarización con una respuesta de una parte de la población que quizás no ha estado en el centro de las políticas públicas, como por ejemplo el mundo rural?
El conflicto tiene que ver, en parte, con que los recursos son muy escasos y con la concentración espacial en zonas urbanas de amplísimos sectores de la población, que es donde están los sectores más dinámicos de la economía. Entonces atraen más inversión y hay esa sensación de que el Estado se ha retirado de todo lo que no sea Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Sevilla, que genera rechazo. Es un fenómeno que no es solo español, y está muy extendido por toda la UE. Y lo que pasa tradicionalmente en estas zonas donde el Estado se ha retirado es que la gente se retira de la propia democracia, deja de participar porque no están contentos ni con unos ni con otros, porque tienen la percepción de que todos les prometen y nunca hacen nada. Y en estas zonas la capacidad de la extrema derecha para movilizar votantes es mayor.
¿Cómo se relaciona también esto con Trump y el movimiento MAGA?
No es muy diferente, pero Estados Unidos es un caso un poco más extremo. Tiene un sistema político que privilegia mucho la voz de las zonas que se están vaciando. Las zonas que tienen más influencia en el sistema de representación están poco pobladas. Tienes un Estado con la población de Vigo que tiene dos senadores, y otro con la población de toda España también tiene dos.
Hablando de democracia, es imposible no hablar de Trump, que ha atacado a Irán sin la aprobación del Congreso y en plenas negociaciones. ¿Se puede considerar que es un presidente democrático en términos tradicionales o más bien autoritario?
Es complicado. Que en Estados Unidos hay una pulsión autoritaria es obvio. Y que Trump es lo que yo llamaría un autócrata aspiracional es muy poco discutible. Si la cabra tira al monte, su monte es uno donde el líder no tiene controles, hace lo que le da la gana, donde el presidente es una especie de monarca absoluto, al que todos deben adoración y obediencia. Pero el país no es así. Aunque debilitados, sigue habiendo algunos frenos a ese caos aparente, como acabamos de ver con la resolución del Tribunal Supremo con las tarifas.
Sobre Irán y Venezuela, por un lado, son cosas que tampoco son tan nuevas. Estados Unidos se comporta como un poder imperial que aplica la norma de que la legislación internacional está para los demás, y, para ellos, lo que les interese. Pero conviene no pensar en la administración Trump como si fuesen tontos, porque no lo son. Ellos saben que, por ejemplo, pueden iniciar acciones militares por motivos de urgencia por un periódo 60 u 80 días, y luego conseguir la aprobación de las Cámaras. También juegan con la ambigüedad diciendo que no es una guerra, sino una intervención puntual para que no pueda haber armas nucleares en Irán. Pero bueno, tengo que recordar que la administración Obama capturó y ejecutó sin juicio a Osama Bin Laden en su casa en Pakistán y lo tiró al mar.
Muchos republicanos en el fondo detestan a Trump, pero no lo suficiente como para asumir que algún demócrata sea presidente del país.
¿Puede pasarle factura?
Sí que puede ser un factor que debilite su capacidad para resistir a las elecciones de medio mandato, porque hay gente muy molesta con esto, con el hecho de que el propio Trump prometiese en las elecciones no entrar en ningún conflicto militar y ya lleve unos cuantos. El problema es que su base de apoyo no baja del 40%. El partido republicano tiene un suelo muy sólido que creo que tiene más que ver no tanto con amor a Trump como con la polarización, con el hecho de que muchos republicanos en el fondo detestan a Trump pero no lo suficiente como para asumir que algún demócrata sea presidente del país.
¿Qué consecuencias puede tener este conflicto?
En el corto plazo sabemos lo que pasa, con la subida del precio del gas o el petróleo. Al final lo acaban pagando los de siempre, los que dependen del coche para ir a trabajar. Pero a medio y largo plazo, no se puede saber. El efecto será tanto o más dañino como más largo sea el conflicto, pero no se sabe cuánto durará.
Y en este contexto, ¿tiene la UE instrumentos suficientes para actuar con la velocidad que exige el momento, o su diseño la condena a la lentitud?
No, la Unión Europea es una federación en construcción con una asimetría muy grande: es una extraordinaria potencia económica y comercial, pero no tiene ningún poder militar, lo cual es raro, porque normalmente los grandes poderes económicos tienen ejércitos. La cuestión está en si es o no capaz de utilizar esa gran potencia económica que tiene de una manera efectiva como, digamos, parte negociadora en conflictos internacionales. Pero con 27 estados miembros y un sistema de decisión en los que prima la unanimidad o la cuasi-unanimidad, es muy difícil responder rápido a nada. La Unión Europea en términos de inversión ha avanzado mucho en los últimos años, pero eso no se capitaliza todavía en una capacidad de influencia geoestratégica por estas dos cuestiones: falta la pata militar y capacidad de coordinación interna.
Se ha comparado la situación con Irak, 1914 o 1939. ¿Cuál de las dos analogías le parece más precisa, o las dos fallan?
En el caso de 1914 y 1939 hay muchos factores estructurales que son muy diferentes de los actuales. Lo de Irak tiene un poco más de sentido. Allí Estados Unidos entró en tromba, se cargó el régimen y en parte al Estado. Pero no sé en qué medida decapitar a las élites de un régimen supone decapitar al Estado. De momento no ha habido aún una destrucción del Estado iraní, que haría falta para que la comparación con Irak fuese viable.
Para finalizar, ¿qué marca la diferencia entre una democracia que sobrevive y una que no en este momento?
No hay ni varitas mágicas ni condenas a la quiebra de la democracia. La comparación entre Estados Unidos y Brasil es relevante. Brasil tuvo una amenaza parecida con Bolsonaro, pero tuvo suerte porque el equivalente al Tribunal Supremo estaba dirigido por personas que no quisieron consentir las estrategias típicas de estos movimientos. Hubo un enfrentamiento institucional muy fuerte entre el presidente y la Judicatura que ralentizó el intento de socavamiento institucional, y cuando perdió las elecciones lo metieron en la cárcel. Aunque ahora no sabemos qué pasará con el hijo de Bolsonaro, Brasil es un ejemplo de resistencia exitosa a aquellos que amenazan su democracia. La clave es el diseño de las instituciones y el proceso de selección de aquellos que están en las instituciones que se supone que tienen que proteger las normas de ataques desde dentro. El problema fundamental aquí es que en Estados Unidos estamos viendo una combinación de todo lo que puede ir mal.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un barco de la viguesa Opnapa recaptura un atún patudo marcado por los científicos hace casi diez años
- Xunta y concellos entrarán ya a limpiar fincas en zonas de riesgo de incendios si el propietario incumple sus deberes
- Expectación en el Chuvi por un plazo para cambiar de hospital que podría agudizar sus demoras
- El ourensano Juan Bouzo, que cumple 104 años, sigue tomando su vaso de vino al día «porque le da fuerza»
- El TSXG otorga 250.000 euros de indemnización a un paciente que sufrió una demora «negligente» en ser intervenido de un ictus por falta de camas en el hospital Álvaro Cunqueiro
- Stellantis Vigo inicia la producción de las primeras furgonetas K9 de tipo 'low cost'
- De récord en récord: los extranjeros copan más del 65% de los nuevos empleos creados en Galicia
- Así son los MG, los coches chinos de la otrora marca británica que SAIC apunta a fabricar en Galicia