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Educación

La Lomloe y la reducción horaria, junto a la pérdida de alumnado, impactan en el profesorado de Religión en Galicia

Cerca de 700 docentes completan su horario con guardias y dividiéndose entre centros, ya que en algunos casos no imparten todas las horas lectivas asignadas

El aula de un colegio durante el estado de alarma.

El aula de un colegio durante el estado de alarma. / Xoán Álvarez / Paco Santamaria

Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

Ya antes de la pandemia y de la actual ley educativa, la Religión fue perdiendo adeptos entre el alumnado gallego, pero la Lomloe no lo palió al rebajar su horario, suprimir su influencia a la hora de acceder a becas o en la selectividad y diluir su tradicional asignatura «espejo» en las etapas obligatorias en Galicia en la materia de Proyecto competencial. Todos ellos fueron aspectos cuestionados desde la Conferencia Episcopal Española porque la católica es la religión elegida por el 99% de los escolares que estudian esa disciplina.

No obstante, la relación de puestos de trabajo (RPT) del profesorado de Religión vigente en Galicia es, por ahora —está en proceso una nueva que se pretende esté lista para el próximo curso—, la aprobada en 2020, con cerca de 700 docentes entre Primaria y Secundaria e incluyendo las distintas confesiones, explican fuentes sindicales. Y «hay casos», señalan, en los que el profesorado no completa las horas lectivas que le tocan y debe asumir «otro tipo de tareas» en los centros, como guardias, «igual que cualquier otro profesor». «Pasa con profesorado de Religión y con otro», como en Latín, Griego o Francés. Suele darse en optativas debido a la matrícula o a las sesiones semanales.

Cuestión de matrícula y de sesiones

Mientras en comunidades como Navarra están cuestionándose tener que abonar horas de clase que este profesorado no imparte, la legislación gallega contempla desde 2007 que, «cuando proceda», estos docentes, que, a diferencia de otros, no pueden impartir materias distintas a la propia, deberán «completar horario en otros centros educativos». Una docente de la asignatura en Secundaria explica que esa solución se produce «no porque no haya matrícula», aunque a veces admite, ese sea el caso, sino «porque el horario se redujo a una clase por semana cuando antes eran dos».

La misma profesora advierte que, si bien lo «ideal» sería impartir clase a una quincena de alumnos, les ponen «30» en la ESO, y les juntan grupos de distintas clases del mismo curso, 3º A y 3º B, por ejemplo, en una única aula, lo que provoca además que pierdan al inicio un tiempo intentando poner orden en la clase. «Si tuviéramos las aulas más repartidas, a lo mejor sí que tendríamos el horario completo en nuestro centro base», cuestiona. No obstante, la realidad en el centro en el que imparte clase y en el que comparte es que le «junten grupos» y así «se ahorran» un profesor y puntualiza que no es la única en esta situación.

En todo caso, además de la labor docente, el horario de este profesorado incluye guardias y participación en tutorías con la familia, entre otros cometidos. De hecho, la misma legislación autonómica mencionada establece que «la diferencia entre el horario fijo de permanencia semanal y las horas o sesiones» que tengan como lectivas «se dedicarán, preferentemente, de acuerdo con la autonomía y organización del propio centro», a guardias, las tutorías con familias y otras actividades, desde dinamización de las TIC a la dinamización de las bibliotecas, pasando por apoyar en la convivencia escolar, en la mejora de la calidad educativa o en programas internacionales.

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