RAÍCES
Primeros incendios forestales en Galicia: ¿Cómo puede arder el monte en un invierno tan lluvioso?
La combinación de terrenos en pendiente y poca materia orgánica propia de ecosistemas de matorral impide retener humedad
"En esos sistios un par de días de sol son suficientes para secar la parte aérea de la vegetación y hacerla inflamable"

Incendio días atrás en la zona transfronteriza de Xurés-Gerês / Cedida

Esta última semana de febrero comenzó en Galicia con el aviso de un incendio forestal en Navia de Suarna, en la montaña de Lugo, un foco que acabó afectando a una superficie de 15 hectáreas, la mayoría arbolada, antes de su control. De hecho, para su extinción fue necesario movilizar a tres agentes, cinco brigadas, cinco motobombas, una pala, un técnico y un helicóptero. Y aunque no es un fuego que vaya a pasar a la historia por su magnitud, no deja de sorprender a mucha gente que este primer incendio forestal del año en la comunidad se produzca en uno de los inviernos más lluviosos desde que hay datos estadísticos.
Y no es un caso aislado. En la cara portuguesa del parque de O Xurés, en la llamada raia seca ourensana, hubo pequeños focos los mismos días. Por no citar Asturias y Cantabria, que sufren una auténtica (y sorprendente) oleada incendiaria en pleno mes de febrero, con más de 130 frentes declarados en pocos días.
Ante esta realidad, más de uno se pregunta... ¿cómo puede arder el monte en un invierno tan lluvioso? La primera respuesta es sencilla: como la mayoría de las veces, el monte arde porque alguien prende fuego. Pero más allá de la intencionalidad, existe un factor puramente físico o científico que, sobre el papel, impediría generar llamas en una vegetación tan húmeda y verde y en un suelo con tal acumulación de agua. Es casi como intentar encender una trozo de granito con un mechero. Sin embargo, sobre el terreno esto no es así. El poder del sol y el viento sobre la parte alta de la vegetación, la pendiente del suelo o incluso la distribución de la lluvia ayudan a comprender por qué Galicia es inflamable los 365 días del año.
"Generalizar es un error; creemos que la ola de lluvias afectó a todas las zonas por igual, pero no es así"
La vegetación aérea
El catedrático emérito de Producción Vegetal de la Universidad de Santiago (USC) Antonio Rigueiro pone el foco en los días de sol y calor que cerraron un periodo de más de 40 días de lluvia. Ese buen tiempo primaveral, ayudado por el viento, acelera el proceso de secado de las plantas y aumenta el riesgo de incendios forestales
“Estos días de anticiclón, con temperaturas primaverales, se seca la parte aérea de la vegetación. No es una situación novedosa. Casi todos los años por esta época, a finales del invierno o principios de la primavera, hay incendios, también en Galicia, pero sobre todo en Asturias y Cantabria. Es un momento peligroso”, insiste.
Aunque admite que puede "sorprender" esta situación en un 2026 donde "llovió mucho", Rigueiro insiste en que no se trata de un fenómeno anómalo sino habitual.

Pendiente y matorral, ecosistema inflamable un día de sol / Cedida
Pendiente y matorral
El ingeniero de Montes Jesús de la Fuente, buen conocedor del ecosistema incendiario gallego, añade otro factor a tener en cuenta. No conoce la zona concreta de Navia de Suarna donde prendieron las llamas, pero sí lo ve exprapolable a lo que está pasando en Asturias y Cantabria. "Son zonas zona altas y de montaña donde la acumulación de precipitaciones no fue tan grande como pensamos y donde los ecosistemas son además de matorral y con fuertes pendientes, por lo que no están tan húmedos como creemos".
De la Fuente aclara que la pendiente "impide retener el agua", y al tratarse de zonas de matorral, tampoco tienen materia orgánica ni vegetación capaz de conservar la humedad. "Por eso son zonas que secan muy rápido, con dos o tres días de sol es suficiente". Eso explicaría la razón por la que puede arder.
Además, este experto aprovecha para hacer un llamamiento a "no generalizar". "El problema es que lo hacemos, creemos que toda esta ola de lluvias afecta a todos los sitios por igual, pero no es así". "Ni la lluvia ni la retención de agua es igual en toda la Península y, de hecho, habría que ir zona a zona" para explicar cada fuego y cada realidad.
La materia orgánica y la microvida del suelo no se ve tan afectada como en los incendios salvajes del verano
Fuegos menos graves
Los datos estadísticos también avalan la teoría de que los incendios forestales del invierno no son tan extraordinarios. En los informes del Ministerio para la Transición Ecológica marzo figura como el segundo mes con más fuegos y conatos tras agosto desde el año 2000. Y en el caso concreto de Galicia, marzo fue el mes con mayor superficie quemada en 2009, por ejemplo. Eso sí, se trata casi siempre de incendios más leves que los de la época de alto riesgo.
"La materia orgánica y la microvida del suelo no se ve tan afectada como en los incendios salvajes del verano, pero la parte aérea si que arde", apuntan los expertos sobre estos focos incendiarios de febrero y marzo.
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