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Entrevista | Francisco Díaz-Fierros Viqueira Catedrático de Edafología y Química Agrícola

«El marisqueo es el sector más afectado por las lluvias: la bajada de la salinidad es tremenda y no veo forma de evitarla»

El científico Francisco Díaz-Fierros (1941) recibe la Medalla de Honor del Consello da Cultura Galega como reconocimiento a toda una trayectoria dedicada a estudiar el suelo y el agua de Galicia, pero también a defender una idea esencial: la ciencia no es neutra ni ajena a la sociedad. Investigador pionero en el análisis de la erosión, el cambio climático y sus efectos sobre el territorio gallego, Díaz-Fierros reflexiona en esta entrevista sobre las recientes inundaciones, el impacto en las rías y el futuro climático de Galicia, con una advertencia clara: perder suelo es perder riqueza y futuro.

Fransico Diaz-Fierros en el Consello da Cultura Galega, en Santiago.

Fransico Diaz-Fierros en el Consello da Cultura Galega, en Santiago. / Xoan Álvarez / FDV

Santiago

¿Qué significa para usted recibir este galardón del CCG? 

Lo que se me reconoce es la interpretación de la ciencia desde el punto de vista humano. Ya no solo desde el punto de vista aplicado, sino de la ciencia como algo que está penetrado por una serie de valores humanos. Había una visión un poco romántica de la ciencia, que era neutral, pero hoy todos aceptamos —y dentro del Consello trabajamos mucho en este aspecto— que la ciencia está muy condicionada por la historia, la sociedad, y dentro de la sociedad por la economía, e incluso por visiones políticas o religiosas.  La ciencia es un producto claramente humano, y tenía que revertir en la sociedad, por lo que había que potenciar también los aspectos aplicados de la ciencia. Procurando que las cuestiones que pudiesen tener incidencia grave sobre el país tuviesen una respuesta o por lo menos una clarificación científica. Hicimos estudios sobre las vacas locas, sobre los incendios… La ciencia en sí es un proceso bastante hermético, difícil de transmitir, entonces también buscábamos que la divulgación o la popularización de la ciencia de alguna manera, funcionase, porque es otra manera de devolverle la ciencia a la sociedad. Este premio, lo que de algún modo reconoce, es la importancia que tiene esta manera de entender la cultura, que no es solamente arte y letras: la cultura también puede ser científica. 

A usted, que lleva tantos años investigando sobre el suelo gallego, ¿le cogen por sorpresa estas inundaciones o era algo que ya esperaba la comunidad científica? 

Aquí en Galicia, no todos los años pero sí con una cierta recurrencia, puede llegar el momento de que se sature completamente el suelo. Este es el momento en el que se genera la erosión, que arrastra el material y el suelo se pierde, de forma irreversible, porque no se puede volver a recuperar o tarda cientos o miles de años. Se está incrementando, por un lado, la superficie de roca, que es la superficie desértica porque en la roca no nace nada. Este suelo tiene un valor estratégico, porque no es lo mismo que se pierdan dos centímetros en una zona en la que el suelo tiene dos metros que en una con cinco o diez centímetros.

¿Pero son comparables estos episodios de inundaciones con los del pasado? 

Desde el punto de vista del cambio climático, lo que es más claro es el incremento de la temperatura. En mi tesis de 1967 ya demostraba que la temperatura del Observatorio da Coruña en los últimos 30 años estaba creciendo, aunque de aquellas no hablábamos de cambio climático, porque no existía el término como tal. Está clarísimo que la temperatura influye directamente sobre los cultivos, las vides, y la fenología en general. Y en Galicia evidentemente hay un cambio. Después están los fenómenos extremos, de frío, claro, de sequía o de periodos de lluvias muy importantes. Aquí ya hay un poco más de duda, aunque parece que sí, que están relacionados con el cambio climático y las diferencias de temperatura entre el ártico y las corrientes de circulación del oeste. Ahora habrá que analizar en detalle los datos de este año. Evidentemente no es un año único, pero sí es excepcional, porque está por encima de los valores medios, pero entraría dentro de las posibilidades que todavía están contempladas, no se sale de los márgenes. 

¿Y qué consecuencias tiene?

Todo esto tiene repercusiones importantes. Las lluvias de este año fueron muy importantes en cantidad pero no llegaron a picos muy importantes en intensidad, y en la erosión a veces importan más la intensidad que la cantidad. La erosión del suelo podría haber sido más grave, aunque tampoco se puede minimizar.  Pero también hay problemas mucho más graves, desde el punto de vista económico, en las rías. La bajada de la salinidad es tremenda. La salinidad depende de los ríos, y la mortalidad en las rías está claramente relacionada, y esto está constatado desde hace muchos años. Hay zonas muy sensibles como eran los Lombos do Ulla donde estaba la almeja babosa que ya prácticamente desapareció. Puede que haya otros efectos coadyuvantes, de sensibilidad, debilidad o algo de contaminación en algún caso, pero la causa desencadenante de la mortalidad estos días o hace tres años es la cantidad de agua dulce que echan los ríos. Y no sobreviven en una salinidad casi de cero. 

¿No hay forma de evitarlo? 

No, no la hay. Ahí sí que no veo manera. Los embalses si no llueve demasiado pueden regularlo, pero cuando están al máximo ya no, les pasa como el suelo, cuando alcanzan su máximo tienen que echar el agua para afuera. Episodios como estos ya han ocurrido, igual no con tanta gravedad. Es algo que hay que tener previsto y que incluso se podría estudiar de cara a los seguros, para tener previstas compensaciones para el sector, que está desarmado. 

¿Y cómo han influido los incendios de este verano en la gravedad de estos episodios? 

En Galicia y España, fuimos los primeros que empezamos a hablar de esto, y la Xunta también respondió bastante bien y empezó a aplicar una serie de prácticas. Pero lo que se hace de alguna manera es paliar (las consecuencias), nunca soluciona, sobre todo, lo que es arrastre. No evita la pérdida de suelo porque se pierde en las zonas altas y se acumula en las barreras más abajo. Se impide que llegue a los ríos y al mar y contamine, pero perder suelo es perder una riqueza que es la base de la economía agraria y forestal de Galicia. Entonces habría que actuar en las zonas más sensibles, porque económicamente son procesos muy caros y no se puede actuar en todo. Después de los incendios siempre rezamos para que no venga un otoño con mucha agua.

¿Habría sido menos grave sin los incendios del verano? 

Exactamente. También depende del incendio, si vienen a principio de verano no es tan grave, porque tiene un poco de margen de recuperación y deja tiempo para que germinen hierbas y naturaleza que protegen al suelo. En otoño, en cambio, no da tiempo a nada. 

Ahora, que empieza a dejar de llover, ¿qué va a pasar con el suelo? 

El suelo en Galicia es bastante permeable, no como en Castilla, donde tiene mucha arcilla y hace que le cueste más liberar el agua. Pero aquí, prácticamente una vez deje de llover, en dos semanas puede quedar perfectamente disponible para que, por ejemplo, se pueda echar el purín, y el suelo recuperesu humedad ideal. Donde tenga una zona de aireación y una zona de almacenamiento de agua, que son las condiciones óptimas para la vida. 

¿Y qué escenarios se manejan para las próximas décadas en Galicia? 

Están claramente relacionados con la temperatura, y la primera repercusión que tendrá será en los cultivos. Como el Albariño, que tiene un óptimo climático que podría superarse, empezando a disminuir el rendimiento y la calidad, e igual habría que buscar otras zonas alternativas. El suelo, en principio, no tendría que sufrir. En Europa, los estudios dicen que en esta zona puede haber una tendencia que se incrementen las sequías entre un 5 y un 10%, que tampoco es demasiado, pero yo no me atrevería a hablar de una tendencia clara. Porque aquí las estadísticas son problemáticas, Galicia está en una encrucijada climática, entre el clima oceánico y el mediterráneo. Si domina el mediterráneo, habrá más tendencia a sequías, y si domina el oceánico, no será tan serio. Esto es lo que más preocupa, la temperatura y la posibilidad de que haya un incremento de sequía.

Entonces, ¿nuestro suelo está sano?

Sí, en general, sí. El problema que tiene el suelo en Galicia es cuando pierde materia orgánica, que es una de sus grandes defensas. Se puede perder por un labrado excesivo, por los incendios…. Pero mientras consigamos mantener la capa de materia orgánica que tenemos, que es nuestra riqueza, los suelos estarán [en una condición] moderadamente aceptable. 

Y para terminar, ¿hay algún mensaje que le gustaría trasladar a la sociedad, sobre precisamente esta importancia de hacerle llegar el conocimiento científico?

En los últimos años vemos que la gente improvisa demasiado, y el mensaje que se percibe en la sociedad es sensacionalista en algunos aspectos. Habría que conseguir que la gente tuviera una cultura científica que le permita ser crítica ante estos mensajes, no tanto para tener su propia opinión, sino para demandar que gente autorizada y con un lenguaje asequible informe de estas cuestiones. Los incendios, los problemas con el suelo o la cuestión climática… La sociedad tiene que entender que estos fenómenos existen y que hay que abordarlos con una estrategia de supervivencia, y que lo más importante es doblegar la curva del incremento de temperatura del cambio climático. De esto va a depender la calidad de vida de nuestros hijos y nuestros nietos. Hay que preocuparse evidentemente de los sectores afectados, sobre todo del marisqueo que para mí es el más afectado, pero tampoco hay que olvidarse nunca del largo plazo. La política es necesaria, absolutamente, pero no se pueden politizar estos aspectos. Hay realidades incómodas, sobre todo estas, que hay que asumir con cierta resignación y honradez. 

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