Las lluvias devuelven a la Lagoa de Antela a su sitio natural y los productores dan por perdida la cosecha del cereal
La zona fue desecada a mediados del siglo pasado
Los agricultores reclaman un mejor mantenimiento de los canales y prevén perdidas millonarias

La zona de la antigua laguna la semana pasada. / Brais Lorenzo
En los años 50, en el régimen de Franco, se desecó uno de los mayores humedales de la península, la Lagoa de Antela, en la comarca de A Limia (Ourense), que en su apogeo llegó a cubrir hasta 3.600 hectáreas de agua. Se construyeron canales de drenaje, y debido a la fertilidad de la zona, el área se convirtió en una llanura agrícola conocida, principalmente, por la producción de cereal y patata. Pero si algo está quedando claro con el cambio climático es que es muy difícil poner coto a la naturaleza, sobre todo con trenes de borrascas como el que afecta a la comunidad desde principios de año, que han vuelto a anegar la zona original de la laguna. Como consecuencia, los agricultores de la zona temen perder toda la producción de cereal del año y enfrentan pérdidas que serán, en base a cálculos conservadores, millonarias.
No se trata de un episodio nuevo ni único, puesto que la zona se inunda con recurrencia cuando hay lluvias abundantes, pero en esta ocasión las precipitaciones duplicaron los niveles normales para esta época del año y la laguna prácticamente ha recuperado su forma original. La causa, tal y como explica Juan Picos, experto en gestión forestal, es puramente física: se desbordan los canales que en su momento desecaron la zona, e inevitablemente la laguna «vuelve a ocupar su sitio natural». Se volverá a secar, explica, una vez deje de llover con tanta intensidad de forma recurrente y los canales vuelvan a cumplir su función, pero en el fondo «la laguna sigue estando allí», por lo que, cuando puede, «tiende a recuperar su sitio» que, precisamente, es la zona central del valle de A Limia, donde tiene menos cota.

Vista aérea de la laguna en 2023 (arriba) e imagen del radar Sentinel de febrero de este año (abajo), donde se aprecian láminas de agua / FdV
Esto, señala, es algo habitual en zonas inundables. «Ocupamos los espacios en condiciones normales», cuando «somos capaces de sacar el agua», pero cuando se salen de la norma, las cosas «vuelven a su cauce». La laguna se convierte así en una muestra clara de un problema que, en todo caso, es coyuntural a todo el país. Un «clásico» es el campo de fútbol de hierba artificial de Ponte Caldelas, que precisamente se llama Chan da Barcia, siendo este un término que hace referencia a un suelo llano, fértil y cultivable a la orilla de un río y propenso a inundarse durante las crecidas. «El nombre es descriptivo de lo que tiene que pasar» y efectivamente pasa con las crecidas del río Verdugo, señala Picos.
En todo caso, unos de los grandes afectados por este evento en A Limia son los agricultores. En la comarca, explica a este diario María Teresa Joga, presidenta de la Asociación de Empresarios, Gandeiros e Agricultores da Limia, habitualmente se cultivan sobre 15.000 hectáreas de cereal. Las condiciones meteorológicas obligaron a, en los últimos años, reducir esta cantidad a 8.000, y en esta temporada de invierno, tan solo se pudieron sembrar 2.000. De estas 2.000 hectáreas, lamenta, se ha perdido aproximadamente el 90%, que en términos económicos asciende a más de 3 millones de euros.
Ahora comienza la temporada del cereal de verano, que se siembra en primavera. Para ello, «ya deberíamos tener la tierra preparada», pero «todavía estamos con el agua por el cuello», asegura. Siendo optimistas, incluso si lo plantasen en cuanto remitiese el agua, tendría ya tanto retraso que al llegar el verano se secaría por el calor. «Con estas circunstancias, todo apunta a que se perderá la totalidad de la cosecha del cereal, tanto de verano como de invierno», sentencia.
En este contexto, la asociación insiste en que, más allá de las ayudas puntuales que se puedan habilitar —y que son imprescindibles para asegurar la viabilidad de la producción— hay un problema de base: desde que se hizo la infraestructura que desecó la laguna «no se hicieron labores de mantenimiento». Señala así a la necesidad de limpiar los canales «en profundidad» y no solo de forma superficial, porque la materia orgánica y las especies arbóreas que se encuentran en ellos impiden el paso del agua cuando hay lluvias tan abundantes como las de este año. «Si no, año tras año seguiremos siendo noticia por las inundaciones y las pérdidas de las cosechas», asevera.
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