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Entrevista | Pablo Núñez Delegado en Galicia del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos y tesorero de la Federación Europea de Geológos

"Las inundaciones no se pueden evitar, pero estamos a tiempo de hacer las cosas bien para minimizarlas"

Pablo Núñez, delegado en Galicia del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos, explica qué factores aumentan la vulnerabilidad del suelo ante los fenómenos meteorológicos extremos y por qué ignorar las características del terreno al construir o planificar multiplica los riesgos. Ahora, asegura, es momento de "empezar a escuchar a la Tierra" e integrar la geología en la gestión del territorio.

inundaciones en Xinzo de Limia (Ourense).

inundaciones en Xinzo de Limia (Ourense). / Brais Lorenzo / EFE

Santiago

Desde el punto de vista geológico y climático, ¿qué está pasando en Galicia y en el conjunto de España con las lluvias extremas y las inundaciones?

Desde el punto de vista geológico y climático, estamos presenciando una intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos. En Galicia, el sustrato geológico, predominantemente granítico y metamórfico, tiene una capacidad de drenaje buena pero limitada. Las lluvias intensas y continuadas, como las que hemos vivido este invierno, saturan el suelo por completo (más del 98% de humedad). Esto provoca que el agua no se infiltre y se convierta directamente en escorrentía, aumentando el caudal de los ríos y el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra. En el resto de España, como en el caso de Grazalema (Cádiz), la situación es similar en sistemas kársticos, donde la saturación de los acuíferos por lluvias torrenciales puede provocar fenómenos extremos como los “hidroseísmos”.

¿Estamos ante fenómenos excepcionales o ante una dinámica que se va a repetir con mayor frecuencia en el futuro?

La evidencia apunta a que no estamos ante fenómenos aislados, sino ante una nueva dinámica que se repetirá con mayor frecuencia. El cambio climático parece estar provocando un aumento en la intensidad y frecuencia de los eventos meteorológicos extremos. Lo que antes era excepcional, ahora se está convirtiendo en la nueva normalidad climática. La recurrencia de estos episodios en los últimos años, como las DANAs y las borrascas de gran impacto, sugiere una tendencia que irá en aumento.

Pablo Núñez, delegado en Galicia del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos

Pablo Núñez, delegado en Galicia del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos / Miguel Riopa / Cedida

¿Hasta qué punto influye también la acción humana en la gravedad de estos episodios, como la agroganadería, las infraestructuras o la degradación del suelo tras los incendios?

La agroganadería intensiva puede provocar la compactación del suelo, reduciendo su capacidad de infiltración. Los incendios forestales dejan el suelo desprotegido y vulnerable a la erosión, lo que aumenta la escorrentía y el riesgo de inundaciones. El desarrollo de infraestructuras como carreteras o polígonos industriales, si no se planifica adecuadamente, puede alterar los flujos de agua y crear nuevas zonas inundables. La acción humana influye de manera decisiva en la magnitud de estos episodios. La planificación territorial deficiente, la construcción en zonas inundables, la alteración de los cauces naturales de los ríos, la degradación del suelo por prácticas agrarias insostenibles o incendios, y el sellado del suelo por la urbanización y las infraestructuras, son factores que agravan las consecuencias de las lluvias torrenciales. La geología nos enseña que ignorar las características del terreno al construir o planificar multiplica los riesgos.

¿Qué errores en la planificación del territorio se han cometido en las últimas décadas que nos han llevado a esta situación?

El principal error ha sido planificar el territorio de espaldas a la realidad geológica. Hubo un tiempo en el que en España se construyó mucho en las llanuras de inundaciones de los ríos, se levantaron infraestructuras que actúan como barreras para el agua o al lado de laderas, como ocurrió en Moaña, y no se tuvo en cuenta la capacidad de carga del suelo. La falta de una cultura geológica en la administración y en la sociedad ha llevado a una toma de decisiones cortoplacista, que ha priorizado el desarrollo urbanístico sin considerar los riesgos naturales. La consecuencia es una mayor exposición y vulnerabilidad ante los fenómenos meteorológicos extremos.

La geología nos enseña que ignorar las características del terreno al construir o planificar multiplica los riesgos.

En este contexto, ¿las inundaciones se pueden prevenir o solo es posible minimizar sus efectos?

Las inundaciones no se pueden evitar por completo, ya que son fenómenos naturales. Sin embargo, sí podemos y debemos minimizar sus efectos. No es tarde, pero es urgente actuar. Podemos y debemos recuperar la salud del suelo. La capacidad de infiltración se puede mejorar a través de varias técnicas. En la agroganadería, fomentando la agricultura de conservación que incremente la materia orgánica, evitando la compactación del terreno con maquinaria pesada, promoviendo la rotación de cultivos y utilizando cubiertas vegetales que protejan el suelo de la erosión. En la gestión forestal, hay que reforestar con especies autóctonas, crear discontinuidades en el paisaje para frenar la propagación de incendios y gestionar adecuadamente la biomasa forestal. Y en la planificación territorial, integrar la geología en la ordenación del territorio es fundamental. Esto implica no solo evitar la construcción en zonas inundables, sino también diseñar pueblos y ciudades más permeables. Se deben crear corredores verdes, restaurar las llanuras de inundación naturales de los ríos para que actúen como zonas de expansión controlada durante las crecidas, y utilizar materiales permeables en áreas urbanas para facilitar la infiltración del agua. El objetivo es pasar de un modelo que canaliza y acelera el agua a uno que la retiene y gestiona de forma sostenible. Un suelo sano y bien estructurado es nuestra mejor esponja natural. La prevención, basada en el conocimiento geológico, es la herramienta más eficaz para reducir los riesgos.

Desde su punto de vista, ¿qué medidas serían prioritarias a corto plazo para reducir el impacto de futuras inundaciones?

A corto plazo, las medidas prioritarias deberían centrarse en revisar y actualizar los planes de emergencia y los mapas de riesgo de inundaciones, incorporando los últimos datos y proyecciones climáticas; mejorar los sistemas de alerta temprana para que la población y los servicios de emergencia puedan reaccionar con mayor antelación; realizar actuaciones de limpieza y mantenimiento de los cauces de los ríos para evitar obstrucciones que agraven las crecidas y establecer moratorias a la construcción en zonas de alto riesgo hasta que se realice una evaluación geológica detallada.

Si se aplicaran estas medidas de corrección, ¿en qué plazos podríamos empezar a ver resultados reales: meses, años o décadas?

Algunas medidas pueden tener efectos a corto plazo. Por ejemplo, la limpieza de cauces puede reducir el riesgo de desbordamiento en la siguiente temporada de lluvias. Sin embargo, las medidas más estructurales, como la recuperación de la salud del suelo o la reforestación, requieren plazos más largos, de años o incluso décadas, para mostrar resultados significativos. La clave es la constancia y la visión a largo plazo. Estamos muy a tiempo de que las cosas se hagan bien y de integrar todo este tipo de cuestiones en la planificación.

¿Qué deberían aprender las administraciones y la sociedad lo que está ocurriendo?

La principal lección es que debemos empezar a escuchar a la Tierra. La geología no es una ciencia abstracta, sino una herramienta fundamental para nuestra seguridad y bienestar. Las administraciones deben integrar el conocimiento geológico en todas sus políticas, desde la planificación territorial hasta la gestión de emergencias, pero no hay prácticamente geólogos en la administración. La sociedad, por su parte, debe tomar conciencia de los riesgos y exigir una gestión del territorio más responsable y sostenible.

Para terminar, ¿qué se está haciendo bien en otros países que España podría aplicar o adaptar a su propio territorio?

Países como Holanda, con una larga historia de lucha contra el agua, han desarrollado estrategias innovadoras como el programa “Espacio para el río”, que consiste en devolver a los ríos su espacio natural de inundación en lugar de elevar diques. En otros países europeos, se está apostando por soluciones basadas en la naturaleza, como la creación de humedales artificiales para laminar las avenidas o la restauración de meandros para reducir la velocidad del agua. España podría adaptar estas y otras soluciones, siempre teniendo en cuenta las particularidades de su geografía y su clima.

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