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La incesante lluvia «ahoga» la campaña agrícola con 2.000 hectáreas afectadas

Productores: «La situación es crítica, no podemos acceder a las fincas, ni a pie ni con maquinaria»

Viñedos bajo vigilancia: se libran por el reposo vegetativo

Elena Ocampo

Elena Ocampo

El temporal de lluvia continuada empieza a dejar una factura visible en el campo gallego. Entre 1.500 y 2.000 hectáreas de terrenos agrícolas estarían ya afectadas por inundaciones, según las primeras estimaciones de Unións Agrarias, a falta de datos contrastados por la Consellería de Medio Rural. El golpe se concentra en la zona de A Limia en Ourense, con fincas anegadas de cereal y, sobre todo, patata, que serán inservibles, y en O Salnés, en el corazón de las Rías Baixas, donde el desbordamiento del río Umia ha entrado en invernaderos y, sobre todo, parcelas de huerta. En esta comarca, las primeras revisiones apuntan también a viñedos en zonas bajas, aunque el sector vitícola cree que, por ahora, el riesgo está contenido.

Las organizaciones agrarias ponen el foco en el reloj del mercado, no solo en la pérdida inmediata. «Retrasa la entrada en los mercados de las producciones tempranas, que son las que tienen más valor añadido», advierten. Con el suelo saturado y los accesos impracticables, se complica plantar, tratar o cosechar en un momento clave para las producciones de mayor precio.

Invernaderos y huerta

En el entorno del Umia, la incidencia se multiplica en los cultivos bajo plástico. La productora de «Hortosol», Mónica Domínguez Troncoso, con algún invernadero anegado y fincas de pequeños productores convertidas en balsas, describe un escenario de bloqueo: «La situación es crítica, no podemos acceder a las fincas, ni a pie ni con maquinaria, ni tractor». Y detalla el alcance del problema: «Las fincas, están encharcadas y seguirán así si no da tregua la lluvia».

El agua, además, tapa literalmente la cosecha. Hay berzas a las que «solo se les ve la última hoja», relatan en la zona. La verdura de campo, como el repollo corazón, acusa el exceso de agua y, en los invernaderos, la humedad se convierte en un enemigo silencioso: las lechugas se pudren desde la base por el exceso de humedad en la tierra y por la falta de drenaje.

Reposo vegetativo

Mejor suerte, por ahora, corren los viñedos. Aunque hay parcelas anegadas en Ribadumia y otros puntos de O Salnés, el director técnico de la D.O. Rías Baixas, Agustín Lago, recuerda que «los temporales cogen los viñedos en reposo vegetativo». El impacto inmediato, señala, puede limitarse a demorar algunas labores: «Podría haber retrasos en la poda». Aun así, llama a la prudencia si el episodio se prolonga: «El nivel freático está muy elevado, pero de momento no estamos afectados. Sin embargo, si la situación se mantiene en el tiempo, el embalsamiento es un potencial problema para la raíz de las cepas». Y mantiene una nota de confianza en la naturaleza del terreno: «Nuestros suelos son muy drenantes», reflexiona.

También conocido como reposo invernal, o cero vegetativo, es un momento clave: ante el descenso de las temperaturas, la savia deja de circular a través de la vid, ralentiza la absorción de nutrientes desde las raíces y cesa su actividad. La planta se limita a descansar y a prepararse para el nuevo ciclo.

En esta época, el viticultor realiza la poda de invierno, que supone la eliminación de los sarmientos no deseados para formar una producción limitada y de calidad de cara a la nueva cosecha

Mientras Galicia encadena borrascas, el campo resume su urgencia en una palabra, mirando al cielo: tregua. Cada jornada sin acceso a la finca no solo suma daños; también resta valor a la producción que, si llega tarde, se venderá peor.

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