El monte gallego ya no «bebe» más: el suelo forestal está a rebosar de agua
Los bosques de Pontevedra «rezuman» una media de 23 litros por metro de lluvia sobrante hacia ríos o acuíferos
Beariz y A Lama, entre los máximos

Imagen de un campo anegado en Friol, Lugo, tras el paso de las últimas borrascas. / Eliseo trigo (EFE)
El monte gallego ya no «bebe» más. A 1 de febrero, los 313 concellos de Galicia aparecen con la «esponja» del suelo forestal a rebosar. Así lo indica el modelo «ForestDrought» que realiza análisis del balance hídrico de los bosques e indicadores meteorológicos y que acaba de extenderse a escala estatal. El agua disponible para los árboles está prácticamente al máximo en toda la comunidad, al igual que en resto de España.
Tras el tren de borrascas y con veinte ríos en Galicia a vigilancia por riesgo de desbordar, cuando llega otro frente el excedente de agua ya no se queda en el suelo, se convierte en lo que se denomina «agua azul» –el modelo lo contabiliza como «Agua Líquida Exportada (ELW)»— que se va hacia ríos y acuíferos subterráneos. En febrero, Pontevedra lidera la exportación media de la comunidad –23,6 litros por m² de agua–, por delante de A Coruña (14 litros), Ourense (13 litros y Lugo (7).
Y en la parte alta del «desagüe» destacaban por municipios Beariz (41,50 litros por m²), A Lama (37,85) y el eje del interior pontevedrés y las Rías Baixas con Cerdedo-Cotobade y Forcarei, Valga, Padrón, Fornelos de Montes, Cuntis y Pontecesures: municipios donde el suelo ya no absorbía más y la lluvia de ese episodio salía con fuerza hacia las cuencas. Son picos coherentes con un invierno de temporales: con el suelo saturado, cada nuevo frente se nota más en los cauces.
Dicho de otra forma: las lluvias intensas de las últimas semanas han recargado de forma notable el suelo de los bosques. Es un agua invisible a simple vista, pero decisiva para la salud del ecosistema y para entender qué ocurrirá cuando deje de llover. Esa «caja negra» puede consultarse ahora en la citada plataforma que ha desarrollado el Laboratori Forestal Català (CREAF): permite acceder también a indicadores de riesgo de incendio en toda la península durante los últimos 365 días.
«No puede absorber más»
En Galicia, el mensaje principal es contundente y lo firma el propio desarrollador al mirar la variable de «Agua Extraíble Relativa». El científico Víctor Granda explica que este indicador (AER) estima el porcentaje de agua del suelo al que pueden acceder los árboles. En la tabla por concellos del 1 de febrero, toda Galicia –300 de los 313 municipios rebasan el 99,9% y el resto rozan 97%–. «La capa de suelo de bosque ya no puede absorber más agua, está al 100%», abunda. «Se observan picos de agua azul tras cada precipitación», añade. Los mismos datos se repiten por ahora en toda la península.
Esta herramienta plantea un modelo donde la meteorología interactúa con el suelo
El trasfondo es la relación bosque-agua. Los bosques regulan el ciclo hidrológico: si llueve con poca intensidad, el suelo forestal puede absorber una parte muy elevada del agua —más que matorrales o suelos agrícolas— y así amortiguar avenidas río abajo. Y cuando no llueve, esa reserva ayuda a sostener caudales y recargar acuíferos durante más tiempo. «Estas aplicaciones nos permiten hacer un seguimiento exhaustivo de esta relación bosque-agua tan importante», señala Granda, que ve utilidad directa para administraciones, bomberos y sectores como el forestal o el agrario.
Datos de MeteoGalicia
La herramienta estima cada día el agua del suelo y el estrés hídrico de la vegetación a partir de datos de diferentes servicios meteorológicos –en Galicia, MeteoGalicia– combinados con información de suelo, relieve y estructura del bosque (Inventario Forestal Nacional y Mapa Forestal de España) y datos LiDAR. Con ello deriva, entre otras, dos variables clave para incendios: el estrés por sequía de la vegetación y la humedad del combustible vivo (vegetación).
El segundo mapa más consultado, el Contenido de Humedad en el Suelo (Theta) mide el agua almacenada en términos absolutos, y por eso aparecen zonas con valores más altos y más bajos: cada territorio tiene su propia «capacidad de almacenaje».
«Cada zona tiene diferente estructura de suelo y por tanto su capacidad de almacenaje de agua es diferente», insiste Granda. En Galicia, Theta marca valores dispares entre, por ejemplo, Moraña y Castrelo de Miño. Entre los valores altos aparecen Folgoso do Courel, Rubiá o Pedrafita do Cebreiro; entre los bajos, Cuntis o Caldas de Reis. Pero las otras variables aclaran la foto: todos esos suelos, aunque «guarden» más o menos en bruto, están llenos en términos de agua accesible.
La investigadora gallega Cristina Fernández Filgueira, experta en ecología del fuego, valora este «trabajo de modelización muy potente» que aconseja revisar en primavera. También, advierte que la tipología del suelo gallego y sus sustratos son distintos al de otras latitudes españolas. Tal y como se ve estos días en Andalucía –terrenos más arcillosos– y la capacidad de absorción y de infiltrar agua es distinta.
¿Es esto una «vacuna» contra las sequías y los incendios del verano? Granda pide cautela. «Es una situación puntual: si viene una primavera seca, volvemos al mismo estado de antes», advierte. El agua almacenada se evapora, la vegetación la consume y, además, un invierno húmedo puede disparar el crecimiento de matorral y herbáceas en primavera, añadiendo combustible si la temporada se tuerce.
No obstante, esta recarga de agua será clave para la resiliencia de los bosques, ya que puede amortiguar el impacto de futuras sequías y reducir el riesgo de incendio a corto y medio plazo, siempre que las condiciones meteorológicas futuras no reviertan esta situación.
También es clave para la resiliencia humana, ya que se rellenan embalses y acuíferos fundamentales para abastecer al sector agrícola e industrial en futuras sequías. No obstante, un suelo muy cargado de agua también puede desestabilizar terrenos y provocar desprendimientos en zonas de fuerte pendiente, como taludes.
Concellos con más «agua azul»
- Beariz (OU): 41,50
- A Lama (PO): 37,85
- Cerdedo-Cotobade (PO): 33,31
- Forcarei (PO): 33,31
- Valga (PO): 33,28
- Padrón (AC): 33,05
- Fornelos de M. (PO): 32,79
- Cuntis (PO): 32,66
- Pontecesures (PO): 32,41
- Catoira (PO): 31,80
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