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Los gallegos son minoría en Odontología, donde hay 12 alumnos iraníes: «La gente quiere marcharse y estudiar es la forma más fácil de hacerlo»

La situación política del país, la falta de oportunidades y la corrupción del sistema universitario son algunas de las causas por las que los jóvenes iraníes optan por formarse en el extranjero

Seyedsina Hashemi frente a la facultad de Odontología, en Santiago.

Seyedsina Hashemi frente a la facultad de Odontología, en Santiago. / Xoán Álvarez

Santiago

«La gente está harta de la situación, quiere marcharse, y estudiar es la forma más fácil de hacerlo». Con estas palabras explica Seyedsina Hashemi por qué, con 21 años, decidió cruzar medio mundo para estudiar Odontología en la Universidade de Santiago de Compostela (USC) desde su Irán natal. No es el único: comparte clase con otros once compatriotas, todos ellos iraníes que llegaron a la capital gallega por cuenta propia.

La situación en Irán, señala, es «complicada»: «No tenemos libertad; por ejemplo todas las aplicaciones de internet están bloqueadas». A esto se suma que «en Asia en general, a las familias les gusta que sus hijos sean doctores o ingenieros», y en Irán concretamente, «su quieres poder ganar dinero» hay que ser abogado, odontólogo o médico, explica. El problema es el acceso: el examen de acceso a la universidad es muy difícil, y no por falta de esfuerzo. «Estudiaba entre 8 y 10 horas al día y no pude entrar». En el proceso, lamenta, hay mucha «corrupción», y no todo el mundo compite en igualdad de condiciones. «Hay unas 600.000 personas que hacen el examen y para odontología solo hay 2.000 plazas», indica.

En este contexto, la decisión fue «rápida», aunque el proceso para llegar hasta aquí resultó largo y «difícil». Como ocurre con muchos estudiantes que deciden formarse en el extranjero, Seyedsina recurrió a una agencia de inmigración especializada para gestionar los trámites, con un coste de 2.000 euros. Aun así, tardó un año en solicitar y obtener el visado.

La propia agencia gestiona la inscripción en escuelas de idiomas en el país de destino, bien sea de la Unión Europea, Asia o América. En su caso, se trasladó primero a Madrid para estudiar en el Instituto Cervantes, donde pasó otro año aprendiendo español para aprobar el examen de idiomas. Para ello tuvo que abonar otros 8.000 euros.

¿Por qué Santiago?

El motivo para elegir Santiago frente a otras universidades, explica, fue tanto económico como académico. Por un lado, la matrícula es más barata, porque dependiendo de la comunidad se pueden aplicar tasas distintas (y más elevadas, hasta el 100% del coste real de los estudios) a los alumnos de fuera de la UE. Es el caso de Madrid o Barcelona, donde tendría que pagar 8.000 euros. En Galicia, en cambio, la legislación lo deja al criterio de cada universidad, lo que en el caso de la USC, reduce el pago hasta los 1.000 euros. «Es mucho más barato», reconoce.

Además, para estudiantes de fuera de la UE, el acceso a las universidades públicas se hace a través de UNEDassis, que certifica la validez y equivalencia de los estudios de bachiller y permite realizar las Pruebas de Competencia Específica necesarias. La cantidad de exámenes, explica Seyedsina, varia según la universidad: mientras que en Barcelona o Andalucía le pedían examinarse de 6 asignaturas, en Galicia, Valencia, Madrid o País Vasco solo le pedían 4. «No tenemos que hacer ni literatura ni historia de España, y para un extranjero es mucho más fácil», asegura.

Ahora, en Santiago, celebra Seyedsina, está muy contento con la gente, los compañeros, los profesores y la ciudad. Eso sí, si tuviese que poner una pega, sería el «clima», bromea. Al fin y al cabo, en su Shiraz natal, una ciudad ubicada al sur de Irán, llueve entre 6 y 7 veces menos que en la capital gallega. Una vez termine los estudios, su primera opción, si la situación lo permite, es volver a su hogar y ejercer allí. Si no, asegura, se quedará en España.

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