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Educación

Las reglas de la repetición, una medida excepcional en la legislación educativa

Los más afectados por la no promoción son chicos y estudiantes de la pública

Un aula de un colegio gallego con las mochilas de los escolares.

Un aula de un colegio gallego con las mochilas de los escolares. / Xoán Álvarez / XOAN ALVAREZ

Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

La pandemia trastocó los esquemas educativos. El curso 2019-2020 se cerró con aulas no presenciales y, al año siguiente, mascarillas y distancia de seguridad hormaron al alumnado e incidieron sobre su bienestar emocional. Para asegurarse que ningún estudiante resultase perjudicado, Gobierno y comunidades decidieron abrir la mano y flexibilizar los criterios de evaluación y promoción.

Pero esa filosofía llegó para quedarse porque, como defendió la exministra Isabel Celaá, promotora de la legislación educativa en vigor, España tenía que disminuir el índice de repetición. “Como nos recuerdan continuamente los organismos internacionales, en el modelo español se abusa mucho de la repetición como fórmula de solución del bajo rendimiento”, alegó en su momento, cuando debería "ser la última de las opciones”. "Si el estudiante debe repetir, esta decisión tiene que adoptarse de manera colegiada por todo el equipo docente, previa constatación de que se han adoptado medidas previas y se han evaluado sus resultados", explicó.

Dos repeticiones como máximo en la enseñanza obligatoria

La ley aprobada, la Lomloe, establece que "la permanencia en el mismo curso se considerará una medida de carácter excepcional y se tomará tras haber agotado las medidas ordinarias de refuerzo y apoyo para solventar las dificultades de aprendizaje del alumno o alumna". Con todo, de recurrir a ella, se limita a una repetición por curso y dos de tope en la etapa obligatoria, si bien, de "forma excepcional" se podrá repetir 4º de la ESO si el equipo docente lo estima oportuno.

Valorar en qué medida el alumnado ha adquirido esos conocimientos es tarea de los profesores, sobre los que recae la responsabilidad de la decisión, aunque hay reglas objetivas. En Primaria, la Xunta fija que decidirán de forma colegiada, pero teniendo en cuenta en especial lo que opine el tutor, sobre promoción tras acabar 2º, 4º y 6º. En el resto de cursos, la promoción será "automática". Además, la decisión de permanencia en el mismo curso "solo podrá adoptarse una vez durante la etapa, tras oír a las madres, los padres o las personas tutoras legales, y tendrá, en todo caso, carácter excepcional".

Para promocionar en las aulas de secundaria de Galicia, donde los repetidores se han reducido a la mitad en los últimos quince años, la Xunta también hace recaer la decisión última sobre el equipo docente, que debe juzgar si el o la adolescente ha conseguido los objetivos y las competencias clave fijadas para la etapa y valorar la medida que "favorezca el progreso" del estudiante. En todo caso, podrá promocionar alguien que tenga hasta dos materias suspensas. Pueden ser más, pero en ese caso hay más requisitos y deben cumplirse todos, incluido el tener un 5 de media entre todas las materias del expediente o que las que no superó no sumen más de diez horas lectivas a la semana. Pese a todo eso, Galicia es de las comnidades que más abre la mano a la hora de titular en ESO: uno de cada cuatro alumnos lo consigue con suspensos, aunque en ese caso no se tiene en cuenta el criterio de las diez sesiones semanales.

Perfil: chico y de la pública

En la ESO menudea más el fenómeno, especialmente en primer y tercer curso, debido, según señala el profesorado, a la falta de orden y a la madurez, en particular entre los chicos, que son los más afectados por el fenómeno. En concreto, en el curso 2022-23 el peso del alumnado reincidente en las aulas gallegas de 1º de ESO es del 7,1% y de una décima más en 3º. Asimismo, se repite más en la pública que en la privada.

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