El porcentaje de parejas jóvenes de Galicia que vive con sus padres alcanza el máximo histórico: casi el 10%
El acceso tardío a la emancipación y la dificultad para acceder a una vivienda, además de un cambio de valores, explican que 10.200 de las parejas gallegas de entre 25 y 34 años residan en la casa de sus progenitores

Una pareja joven / E. P.

En Galicia actualmente hay la mitad de jóvenes viviendo en pareja que hace casi dos décadas. Es un dato que no admite discusión. Se ha pasado de 210.566 parejas a 105.942. Lo que sí se pueden someter a debate son algunas de las causas, como si esta evolución responde a un cambio en los valores donde las uniones formales pierden interés, aunque otras son objetivas, como es el declive demográfico y la constricción del número de jóvenes. El acceso tardío a la emancipación, además, puede ser otra de las razones y a día de hoy continúa como uno de los desafíos de la comunidad. Según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), el 9,61% de las parejas gallegas de entre 25 y 34 años reside en el hogar de sus padres, lo que es el porcentaje más elevado desde que existen registros de este tipo, iniciados en 2007. En cifras absolutas, son 10.177 las parejas jóvenes se encuentran en esta situación.
En total, Galicia cuenta con casi 106.000 parejas en ese tramo de edad, de las cuales 95.765 están emancipadas, mientras que las restantes comparten vivienda con sus progenitores. El incremento de este porcentaje se inscribe precisamente en esa tendencia marcada por las dificultades de acceso a la vivienda, la precariedad económica para acometer proyectos vitales y el retraso en la edad de independizarse, factores que afectan de forma más intensa a la población joven.
Los datos del IGE -referidos a 2024- reflejan, además, un descenso sostenido del número total de parejas jóvenes. La cifra actual es la segunda más baja desde 2007, año en el que se contabilizaban 210.566 parejas en Galicia dentro de este grupo de edad. El mínimo histórico se alcanzó en 2022, con 103.919 parejas, en un contexto de acusado envejecimiento poblacional y pérdida de habitantes en edades activas.
“La bajada del número de uniones se debe a diversos factores. Por un lado, hay un tema poblacional. El descenso de la población en esos grupos de edad hace que disminuya el número de uniones. Por otro lado, figura un cambio de valores. La tendencia nos muestra que cada vez hay un menor número de uniones formales. Y por último, el mayor porcentaje de parejas que conviven con sus padres o madres es fruto de cuestiones que nada tienen que ver con la demografía, ya que se debe a dificultades para el acceso a la vivienda, económicas... Incluso si aumentara la población en esos grupos de edad, podría darse el mismo efecto”, sostiene Antía Pérez-Caramés, demógrafa de la Universidade de A Coruña.
Galicia presenta desde hace años un saldo vegetativo negativo, con menos nacimientos que defunciones, y una progresiva reducción de la población joven. La disminución de personas en edad de formar pareja tiene un impacto directo en el número de uniones, tanto matrimoniales como de hecho.
Los datos oficiales, en este sentido, son rotundos. En el año 2007, el Instituto Galego de Estatística contabilizaba 437.000 jóvenes gallegos de entre 25 y 34 años. En 2024 no llegan a los 250.000.
La caída se ha producido muy similar en los dos grupos de edad. En los más jóvenes la merma ha sido de 95.000, mientras que en el otro, supera por poco los 92.000.
A este factor poblacional se suma un cambio en los patrones sociales y de valores. A lo largo de estos años se ha consolidado una modificación de los hábitos culturales y de estilo de vida muy significativos, como, por ejemplo, el hecho de que la maternidad y la paternidad ya no estén entre las prioridades de la juventud. Se da, por ejemplo, prevalencia -por parte de las mujeres- a consolidar y estabilizar la carrera profesional.
Según los datos del IGE, no hay diferencias entre el porcentaje de parejas que vive con sus padres en función del grupo edad. Es el mismo, el 9,61%, en las que tienen entre 25 y 29 años y en las se mueven entre los 30 y los 34. Pero esto en el pasado no era así.
En lo que sí hay diferencia es en los números absolutos. Los más jóvenes que viven con sus progenitores son 3.495, mientras que en la franja de edad de entre 30 y 34 años, la cifra se eleva a 6.682.
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