Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Una «caza» sin armas: la trampa medieval frente al lobo

Dos muros en V, un pozo oculto y una batida vecinal: así se «cazaba» al lobo sin pólvora en Galicia desde la Edad Media. Alguno de aquellos «foxos do lobo», trampas comunales numerosas en Pontevedra y Ourense, acaba de restaurarse como yacimiento, en plena polémica sobre levantar (o no) el veto a la caza de este cánido

Foxo do Lobo de Portela de As Travesas, en la Serra do Suído, en Covelo

Foxo do Lobo de Portela de As Travesas, en la Serra do Suído, en Covelo / GABINO PORTO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Elena Ocampo

Elena Ocampo

Una desbrozadora abrió hace unos años un claro inesperado en el monte comunal de Ribadetea, en Ponteareas. Bajo la maleza apareció un círculo de piedra, con un pozo de unos cinco metros de diámetro. La comunidad de montes detuvo los trabajos, avisó a Patrimonio y un arqueólogo confirmó la sospecha vecinal: era un foxo do lobo de origen medieval, una trampa colectiva para atrapar al depredador sin disparar un tiro.

No es un caso aislado. En Viascón, en Cotobade, otro desbroce dejó a la vista muros que desembocan en un foso circular: una «máquina» vecinal pensada para que el lobo corriera cuesta abajo, creyera ver una salida y cayera. Este mismo sistema aparece también referenciado por el escritor Pedro Feijóo en su última novela, «Onde nacen as bestas», que conecta el «Sacaúntos» gallego del siglo XIX con la leyenda del lobishome.

El antiguo foxo de Viascón, en Cotobade, que salió a la luz tras una limpieza en el monte.

El antiguo foxo de Viascón, en Cotobade, que salió a la luz tras una limpieza en el monte. / Noe Parga

Estos legados de piedra explican una convivencia tensa entre el rural gallego y el Canis lupus signatus. El lobo ibérico. Ya en el siglo XII, ordenanzas del arzobispado compostelano obligaban a presbíteros, caballeros y campesinos a reunirse los sábados para perseguirlos, con multas para quien faltase. En 1326, otro mandato eclesiástico volvió a imponer salidas semanales por parroquia, con sanciones (de hasta 5 sueldos si el ausente era caballero, y si era campesino, «una oveja o un sueldo») para quienes no acudieran.

Con señuelos, como el «foxo da cabrita»

El mecanismo era tan sencillo como implacable: dos paredes largas de piedra dibujaban un embudo —una V— que estrechaba la huida del animal hasta un vértice. Allí lo esperaba el foso, oculto bajo vegetación y lo bastante hondo para impedir el regreso.

Hubo variantes: el «foxo da cabrita», un recinto cerrado con un cabrito vivo como señuelo; fosos simples camuflados con ramas; o diseños dobles, en W. Y hay singularidades. En la localidad ourensana de Bande se recuperó una construcción en forma de cruz que, entre los siglos XV y XIX, que sirvió para batidas coordinadas por vecinos de Bande, Verea y A Limia y se considera un diseño casi único en la península, junto a otro en Vilariño de Conso. Además esa rareza del cierre en forma de cruz enlaza también con las historias de licántropos asentadas en la tradición oral.

Durante siglos, el acoso al lobo combinó monterías, lazos y venenos, hasta que la escopeta fue desplazando estas trampas. Los foxos entraron en declive entre finales del XIX y comienzos del XX y dejaron de usarse a mediados del XX. Sin inventario completo y expuestos a pistas forestales, canteras, expolio de piedra o vandalismo, muchos se deshicieron muro a muro. Aun así, se habla de más de 200 foxos conocidos en el noroeste peninsular.

El TSXG vetó la polémica caza esta temporada

La paradoja es que, cuando ya no sirven para cazar, vuelven a cobrar sentido. En Pontevedra, varios concellos han restaurado y señalizado estas «loberas» (en Covelo, Oia o Ponte Caldelas). En Laxoso los muros suman unos 448 metros y un panel explica las batidas y la figura del «montero mayor» que convocaba a los vecinos. En la Baixa Limia, el foxo do Salas, en Muíños acaba de ser consolidado con muros de 2,30 metros y restauraron tramos del perímetro el mes pasado.

Todo esto ocurre mientras el lobo vuelve al debate. Tras el cambio legal de 2025 que retiró esta especie del Lespre al norte del Duero, varias autonomías reabrieron la puerta al control letal; en Galicia, la autorización autonómica quedó frenada cautelarmente por el TSXG para esta temporada. Ahora, la Xunta solicita al Tribunal el levantamiento de la medida, que justifica en el aumento de ataques. Entre la urgencia ganadera y la cautela ambiental, estos foxos recuerdan que la gestión del lobo nunca fue solo zoología: también es cultura, economía y territorio.

En esos muros, Galicia lee hoy la misma pregunta: cómo convivir con el lobo sin reabrir la vieja guerra del monte.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents