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¿Cómo queda la atención de los pacientes de covid persistente en Galicia?: esto opinan los expertos

La gallega Pilar Rodríguez Ledo alerta sobre el desconcierto generado tras la clausura de dispositivos específicos, que afecta a un número incierto de personas: hasta 115.000 en Galicia

Pilar Rodríguez, presidenta de la SEMG.

Pilar Rodríguez, presidenta de la SEMG. / Efe

Elena Ocampo

Elena Ocampo

La clausura de dispositivos específicos para covid persistente ha reabierto un debate que —según Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)— «genera mucho desconcierto». Su punto de partida es una doble realidad: «no sabemos el número exacto de personas afectadas», solo estimaciones, y, a la vez, cada vez es menor el porcentaje de personas que lo desarrolla tras un contagio, con síntomas «de menor intensidad». Eso no significa que deje de ser incapacitante: «Es como la gota malaya… de tanta insistencia al final te trastorna la vida».

Otro problema es la identificación. En una intervención de mayo de 2025, la profesional citó estimaciones de entre 76.000 y 115.000 posibles casos en Galicia frente a una codificación muy baja (385): «Codificar quiere decir que tenemos al paciente identificado», diagnosticado y visible para cualquier profesional. Atribuye el infrarregistro a que es una enfermedad nueva y a la falta de conocimiento del código, un proceso que necesita impulso institucional.

Para Rodríguez Ledo, el debate no debería reducirse a «unidad sí o no» o «que lo lleve Primaria o no». Reclama «una llamada al orden y a la reflexión constructiva» y, sobre todo, «un plan, una estrategia global» para «ponerle cabeza» a una enfermedad nueva. Sin ese marco, advierte, los pacientes «pululan por el sistema buscando soluciones aquí y allá», con incertidumbre y miedo, y el seguimiento se vuelve desigual.

Defiende que la «parte central» de la atención debe estar en Atención Primaria, pero con condiciones: formación, protocolos claros, infraestructura y una organización que lo haga posible. Y exige definir el recorrido de los casos complejos: pacientes que por síntomas, complicaciones o necesidad de pruebas específicas requieren una «visión hospitalaria». De ahí su insistencia en un «procedimiento claro» y un «flujo asistencial razonable pactado entre todas las partes».Su mensaje final es de responsabilidades compartidas: «No cabe echarse las culpas; todos tenemos responsabilidad». Aunque no exista un tratamiento curativo con evidencias, recuerda que «la atención y el cuidado sí» lo son.

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