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La 'fuga' de mujeres deja "masculinizados" un tercio de los concellos del rural

Un total de 113 de los municipios gallegos presentan un fuerte desequilibrio de género, con Ourense y Lugo con la mayoría de los ayuntamientos con mayor índice de masculinidad

Aldea abandonada en Rodeiro. |  Bernabé/Javier Lalín

Aldea abandonada en Rodeiro. | Bernabé/Javier Lalín

X. A. Taboada

X. A. Taboada

Santiago

A los muchos desafíos demográficos que afectan a Galicia, cuya única forma de aumentar la población es mediante la llegada de inmigrantes o que sufre un envejecimiento al que no se es capaz de poner freno, se suma otro al que acaba de poner números el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Es el llamado fenómeno de los concellos «masculinizados», en los que se produce un claro desequilibrio entre la cifra de hombres y de mujeres y que se da sobre todo en municipios de corte rural. Pues en esta situación se encuentra el 36% de los ayuntamientos: 113 de los 313, concentrados especialmente en las dos provincias orientales, coincidiendo con las zonas más envejecidas y con mayor pérdida de población de la comunidad.

La «masculinización demográfica» se produce cuando el número de hombres supera de forma significativa al de mujeres en un municipio, especialmente en las edades jóvenes y adultas, las más vinculadas al mercado laboral, a la formación de nuevos hogares y, obviamente, a la natalidad. En términos técnicos, se considera que un territorio está «masculinizado» cuando el índice de hombres por cada 100 mujeres se sitúa claramente por encima de los valores de equilibrio, como un 10% o un 20%.

En todo caso, en Galicia se produce una paradoja. En números absolutos puede ser que el dato total de varones y de mujeres sea parejo en los concellos, pero lo que importa es sobre todo el desequilibrio en las franjas de edad que corresponden a las etapas de disponibilidad laboral y de capacidad para tener hijos. Lo que pasa en Galicia es que al final las cifras tienden a igualarse porque hay muchas más mujeres de edades avanzadas que hombres.

«Esta fuerte masculinización de los grupos de adultos en los espacios rurales se compensa con la feminización de los grupos de personas sobreenvejecidas, de 85 años y más, donde la ratio por sexo es de casi el doble de mujeres que de hombres», se recoge en un informe estatal sobre la proyección de la población en el rural.

Con estos parámetros, el Gobierno central ha calculado la relación de concellos «masculinizados» en Galicia: 49 se localizan en Ourense, 36 en Lugo, 17 en A Coruña (Fisterra, Corcubión, Laxe, Ponteceso, O Pino, Santiso, Boimorto, Sobrado, Toques, Vilasantar, Mesía, Oza-Cesuras, Aranga, Curtis, Monfero, Vilarmaior y As Somozas) y 11 en Pontevedra (Tomiño, Salvaterra, Arbo, Covelo, A Lama, Mondariz-Balneario, Dozón, Rodeiro, Agolada, Vila de Cruces y Soutomaior).

Las causas de la masculinización son múltiples, pero tienen un patrón común. Las mujeres jóvenes abandonan el rural en mayor proporción que los hombres, atraídas por oportunidades educativas y laborales en las ciudades que el campo no es capaz de ofrecer en igualdad de condiciones. A ello se suma una estructura económica muy masculinizada, ligada a la agricultura, la ganadería, la silvicultura o la construcción, sectores donde la presencia femenina sigue siendo menor.

También influyen factores sociales y culturales como dificultades de conciliación, escasez de servicios públicos, redes sociales más limitadas y una titularidad de explotaciones agrarias tradicionalmente masculina. El resultado es un territorio donde permanecen hombres jóvenes y adultos, pero faltan mujeres en edades clave para el relevo generacional.

Consecuencias

Las consecuencias de este desequilibrio van más allá de una simple estadística. La masculinización acelera el envejecimiento de la población, reduce la natalidad y compromete la continuidad de los municipios a medio plazo. Sin mujeres jóvenes, se dificulta la formación de familias, se vacían las escuelas y se debilita el tejido social y comunitario. En muchos casos, la masculinización actúa como antesala de la despoblación.

«Afrontar el reto demográfico exige aprovechar el mayor valor con el que cuentan los territorios, como jóvenes y mujeres», advierte el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Además, este fenómeno acarrea otros efectos económicos, ya que los municipios con fuerte desequilibrio de género resultan menos atractivos para las inversiones, para la llegada de población retornada o para iniciativas emprendedoras que necesitan de un público que consuma su producción.

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