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Jóvenes gallegos en Dinamarca, entre la incredulidad y el silencio

FARO toma el pulso al conflicto de EE. UU. por Groenlandia con mirada gallega: la de jóvenes de Galicia que hoy viven en Dinamarca.

Manuel Paradela y Lucas Lojo Iglesias, jóvenes gallegos que viven en Dinamarca

Manuel Paradela y Lucas Lojo Iglesias, jóvenes gallegos que viven en Dinamarca / Cedidas

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

El nuevo ruido geopolítico sobre Groenlandia se escucha en Dinamarca con una mezcla de desconcierto y cansancio. Bajo el debate asoma una realidad estructural: la isla depende económicamente de Copenhague. Sumando la ayuda anual fija y partidas como sanidad, docencia y otros capítulos, Dinamarca cubre casi la mitad del presupuesto groenlandés, explican. Y esa dependencia, apuntan varios residentes, no está disminuyendo: Groenlandia no genera recursos suficientes para asumir más competencias sin apoyo externo. A ello se suma la demografía: solo unos 57.000 habitantes y proyecciones para 2050 que hablan de una posible pérdida de hasta un tercio de la población, en parte porque muchos jóvenes que se van a estudiar a Dinamarca no regresan y porque parte de los mayores se traslada buscando un sistema sanitario más robusto en el país.

Lucas Lojo Iglesias, santiagués, lleva cuatro años en Dinamarca. «Ahora está mucho en las noticias el tema de Estados Unidos», explica. En su entorno percibe respeto por la autonomía groenlandesa y por que «tomen sus propias decisiones». Pero lo que no encaja es el relato estadounidense. «Si tienen interés en Groenlandia no es por la población, sino por los recursos y el poder geopolítico», resume. Y cuando Washington invoca la «defensa», Lucas detecta incredulidad: «Por ley, pueden tener todas las bases militares que quieran en Groenlandia… antes hubo más y se fueron retirando».

«Muchos daneses no entienden la amenaza un aliado»

Lucas Lojo Iglesias

— Inversiones climáticas

Por eso, dice, muchos daneses no entienden que un aliado ponga sobre la mesa siquiera la amenaza de fuerza: para él suena más a «política expansionista» y a gesto propagandístico que a argumento racional. También cree que pesa el coste real de explotar minerales: «parece» que hay tierras raras y petróleo, pero «el impacto medioambiental» y la logística ártica disparan las dudas.

«Una parte de la sociedad no es muy activa en la política»

Manuel Paradela

— Márketing digital

Por su parte, Manuel Paradela Loureiro, de Ourense, lleva más de tres años entre Copenhague y Aarhus. Su impresión es distinta: «No se está hablando tanto, o al menos no en mi círculo. Se habla más del temporal (activo estos días) que del tema de Venezuela o Groenlandia». Asimismo, describe una sociedad «no muy activa políticamente» y añade un matiz incómodo: percibe que parte de la comunidad groenlandesa en Dinamarca está «denostada», con problemas de integración y casos de alcoholismo que alimentan estigmas.

Dos miradas, un mismo telón de fondo: un territorio pequeño, crucial y frágil, donde la discusión sobre soberanía y alianzas choca con números difíciles —presupuesto, población, servicios— y con una pregunta que en Dinamarca flota en voz baja: qué ocurriá la próxima semana.

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