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Marcos de Blas, joven gallego que investiga el cáncer: «Mi padre lo tuvo y eso me motiva un montón para ayudar»

Ailenis Rosales y Marcos de Blas, adjudicatarios de sendas Ayudas a la Investigación de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Galicia, comparten sus estímulos, detallan sus proyectos y líneas de trabajo y agradecen el respaldo ciudadano a su labor: «Es un orgullo y una responsabilidad»

Marcos de Blas y Ailenis Rosales.

Marcos de Blas y Ailenis Rosales. / Iago López

María de la Huerta

A Coruña

«Recibir esta ayuda para investigación de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) ha sido maravilloso. El día en que me llamó el presidente de la Junta Provincial, Manuel Aguilar, y me dio la noticia, pensé: ‘¿Realmente, esto está pasando?’», reconoce Ailenis Rosales, investigadora predoctoral en el Grupo de Oncología del Instituto de Investigación Biomédica (Inibic)-Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), adjudicataria de una de las Ayudas a la Investigación AECC 2025 concedidas en la provincia, a las que la organización destina más de 1,3 millones de euros. A Ailenis le ha correspondido, en concreto, una Ayuda Predoctoral, con una cuantía de 110.660 euros, para desarrollar una innovadora terapia celular centrada en la modificación de células del sistema inmunitario, llamadas monocitos, para que reconozcan a las células del cáncer de pulmón, y que podría adaptarse a otros tumores sólidos.

Ailenis Rosales, investigadora predoctoral, en un laboratorio del Inibic. |  Iago López

Ailenis Rosales, investigadora predoctoral, en un laboratorio del Inibic. | Iago López

«Estas ayudas son muy difíciles de conseguir, hay mucha competitividad. Además, en el caso de la que he recibido yo, había una sola para toda Galicia. Estoy muy feliz de que le hayan dado un voto de confianza a mi currículo, al proyecto, y de que creyesen en mí para desarrollarlo, porque es muchísimo dinero que, la mayoría de las veces, viene del euro a euro que consigue la AECC en la calle, a través de las donaciones de la ciudadanía. Para mí esto es un orgullo grandísimo», reitera, antes de pormenorizar el proceso hasta llegar a la consecución de la Ayuda Predoctoral AECC 2025. «Realicé el máster en el Grupo de Oncología del Inibic-Chuac y, cuando acabé el Trabajo de Fin de Máster, mi director de tesis, el doctor Fernando Torres, me insistió en que me veía con actitud de hacer el doctorado, con ganas de investigar. Me animó a escribir un proyecto juntos, y a pedir varias becas, porque siempre pides muchas, y es un poco ‘a ver cuál te toca’. Entonces, cuando llegamos a la fecha de solicitar la Ayuda Predoctoral AECC, me planteó: ‘Esto es complicadísimo. ¿Te quieres tomar el tiempo de pedirla?’. Yo le respondí que ‘por supuesto que sí’, porque las ayudas de la AECC son, sin duda, las que más me identifican. Es una asociación que lucha específicamente contra el cáncer, que es lo que estamos investigando. Además, me gusta mucho cómo trabajan, por eso estoy súper orgullosa de que me hayan concedido esta ayuda porque aprecio mucho la labor que hacen».

Sobre el proyecto merecedor de la Ayuda Predoctoral AECC 2025 en la provincia, Ailenis explica que parte de la base de que «el cáncer de pulmón es la principal causa de muerte por enfermedad oncológica en España». «Lo que queremos es desarrollar y realizar la evaluación preclínica de una nueva terapia celular utilizando monocitos para el tratamiento de tumores sólidos. Los monocitos son células que circulan por la sangre, y que pueden ser reclutadas por los tumores a partir de citoquinas que son secretadas por estos. Presentan una gran capacidad de infiltración en los tejidos, pueden llegar justo hasta donde esté el tumor y, una vez ahí, se pueden diferenciar a macrófagos, que son otras células inmunes que, correctamente estimuladas, son capaces de levantar respuestas inmunes, innatas y adaptativas para poder combatir eficazmente a las células tumorales. Además, para que vayan dirigidos hacia ciertos tipos de tumores, nosotros les añadiremos un CAR, que no es más que una proteína bioespecífica para dos tipos de mutaciones que están presentes en los pacientes que tienen cáncer de pulmón y que no responden a las terapias actuales», indica.

Marcos de Blas, alumno de cuarto de Biología, en el Inibic. |  Iago López

Marcos de Blas, alumno de cuarto de Biología, en el Inibic. | / Iago López

«En caso de éxito, y de que la evaluación preclínica resulte con buena respuesta, podremos rediseñar esta terapia celular (CAR-M) para otros tipos de cáncer de pulmón, con otras mutaciones o, incluso, para otros tumores sólidos, que es nuestro objetivo realmente», continúa Ailenis, sobre un proyecto que tratan de llevar a cabo con la mayor premura posible, dada «la necesidad que hay de desarrollar nuevas terapias» contra el cáncer. «Yo estoy comenzando el primer año. Esta ayuda de la AECC es por cuatro y, aunque en ciencia hace falta tiempo, sabemos también la necesidad que hay de desarrollar nuevas terapias, de ahí que estemos avanzando lo más rápido que podemos», subraya.

Con la misma ilusión que manifiesta Ailenis ha recibido Marcos de Blas la Ayuda Programa Prácticas Laboratorio Curso Académico AECC, con un importe de 3.408 euros. Alumno de 4º de Biología en la Universidade da Coruña, Marcos realizará sus prácticas en el Inibic-Chuac, a lo largo de ocho meses, en el Grupo de Plasticidad Epitelial y Metástasis, que dirige la doctora Angélica Figueroa. «Este pasado verano, estuve de prácticas en el Inibic-Chuac, en otro grupo diferente al actual. A mediados de julio, un día que estaba en el laboratorio chequeando mi correo electrónico, de repente vi que me la habían concedido y me hizo muchísima ilusión. Me he esforzado mucho para tener buenas notas, y me parece una recompensa enorme el poder investigar sobre una enfermedad que afecta a tanta gente. Mi padre, de hecho, tuvo cáncer, y eso me motiva un montón a la hora de poder ayudar», destaca, antes de exponer en qué consistió su experiencia previa en el Inibic-Chuac.

Comunicar la ciencia

«Durante el verano, estuve en el grupo del doctor Juan Fafián, trabajando con la misma terapia que lo hago ahora, la ferroptosis, con líneas de cáncer de ovario y útero. Al principio, iba con bastante miedo, porque fue mi primer contacto laboral con el mundo del laboratorio, sin embargo, todo fue genial. Juan me guió súper bien, al principio sí estuvo un poco más encima, pero luego me dejó trabajar más independiente, de modo que, a las dos semanas o así, ya hacía mis propios experimentos, planificaba y demás. Él siempre estaba ahí para orientarme sobre cómo hacer las presentaciones, algo que antes no veía tan importante, pero ahora soy consciente de que comunicar los resultados del trabajo que se hace en el laboratorio también es fundamental», considera Marcos, «centrado», en la actualidad, en líneas de investigación «con células de cáncer de pulmón y colon».

«Estamos aplicando distintas terapias para ver cómo responden, identificando las líneas resistentes y cuáles son sensibles. La idea es encontrar, en todo ese laberinto molecular, algunas pistas que nos puedan aportar por qué se hacen resistentes las moléculas y por qué no. Al trabajar con un terapia nueva como es la ferroptosis, no tienes tanta información como con otras. Es como tirarse un poco al vacío, pero a mí me ilusiona mucho, porque se le ve bastante potencial y siempre hay que ir evolucionando», resalta Marcos, quien dice haberse sentido «muy impactado» durante el acto de entrega de las ayudas de la AECC, donde compartió tiempo con voluntarios de la asociación y pudo conocer, de primera mano, su labor. «Me encantó ver la cantidad de gente que colabora con la AECC, y cómo se esfuerzan para que los investigadores tengamos esta oportunidad, algo que me llena de motivación y responsabilidad», hace hincapié.

Un acto «estupendo», en palabras del vicepresidente de la Junta Provincial de la AECC, Carlos Lamora, convencido de que «se tenía que producir un diálogo obligado entre quienes investigan y quienes consiguen los fondos para que se investigue». «A los investigadores les pareció muy motivante poder verle las caras a la gente, mientras que a los afectados y, sobre todo a nuestros voluntarios, les gustó mucho también saber quiénes son esas figuras anónimas, muchas veces enigmáticas, de gente que está en un laboratorio metida haciendo cosas extrañísimas para conseguir mejorar sus condiciones de vida», apunta Lamora, quien, además, estima «primordial» que «unos y otros escuchen sus respectivas necesidades».

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