La fábrica invisible que sostiene la medicina nuclear gallega
Mientras Galicia duerme, en Ordes, la Unidad Central de Radiofarmacia de Galicia ya está a pleno rendimiento. Desde las cuatro de la mañana, el personal técnico trabaja para que los hospitales gallegos dispongan desde primera hora de radiofármacos que ayudan a diagnosticar y tratar enfermedades como el cáncer.

Visita a la Unidad Central de Radiofarmacia de Galicia: la fábrica invisible que sostiene la medicina nuclear gallega /
Mateo Garrido Triñanes
En una de las naves del Polígono Industrial de Merelle, en el municipio coruñés de Ordes, se esconde un centro encargado de nutrir de radiofármacos a los hospitales de las siete áreas sanitarias de la comunidad: la Unidad Central de Radiofarmacia de Galicia.
Agazapado en un pequeño edificio de una sola planta frente al parque comarcal de bomberos, ningún peatón que pase por delante de su portal lograría discernir la importancia que el trabajo que allí se desarrolla tiene en el diagnóstico de una larga lista de enfermedades, así como en el tratamiento de diferentes dolencias oncológicas, cardíacas o neurodegenerativas.
Nada hace sospecharlo. En su fachada no figura ni un rótulo que anuncie su presencia, apenas una pequeña placa colocada tras su inauguración, que resulta del todo imperceptible desde el exterior. El motivo es claro. «La radiactividad no vende. Al final, puede llegar a infundir algo de miedo», explica el radiofarmacéutico responsable del centro, Ximo Castillo. Sin embargo, lo que uno se encuentra tras cruzar el umbral del edificio es justamente lo contrario de esa apariencia discreta: una maquinaria científica y logística medida al milímetro.

El personal técnico de la Unidad Central de Radiofarmacia de Galicia. / Antonio Hernández
El centro nació en 2001, impulsado por la colaboración público-privada entre la Xunta —primero a través de la fundación Medtec y desde 2008 con la empresa pública Galaria— y la multinacional GE Healthcare. Desde entonces, pese a su sobriedad, la instalación se ha convertido en el corazón de la red gallega de medicina nuclear.
La instalación trabaja hoy con unos 40 radiofármacos distintos, si bien una docena concentran la mayor parte de la actividad, según explica Castillo. El tecnecio 99m sigue siendo el principal caballo de batalla, pero convive con otros isótopos como el indio 111, el talio 201, el galio 67, el radio 223, y recientemente el galio 68 y el lutecio 177 o distintas presentaciones de yodo, como el yodo 123 y yodo 131, que junto con un ligando conforman el radiofármaco o medicamento final.
La variedad responde a un abanico clínico que va desde el diagnóstico cardiológico, renal o pulmonar hasta el seguimiento de enfermedades neurodegenerativas, pasando, sobre todo, por el cáncer. Cada mes salen de Ordes unas 3.000 monodosis, de las cuales cerca de un millar se destinan a gammagrafías óseas, donde con frecuencia se busca detectar metástasis.
La unidad, además, incorpora otro tipo de procedimientos como el marcaje de células sanguíneas. EL CORREO GALLEGO pudo asistir durante su visita al centro de Ordes a uno de hematíes. El proceso se inicia horas antes, cuando el centro hospitalario envía la muestra de sangre del paciente que requiere esta prueba. El personal técnico separa los glóbulos rojos del resto de componentes de la sangre —leucocitos y plasma— gracias a una centrifugadora, para posteriormente marcar los glóbulos rojos con un radiofármaco. El objetivo es que, una vez administrado al paciente, se puedan localizar sangrados internos; en este caso, una hemorragia digestiva.
Según explica Castillo, estos marcajes pueden realizarse también con los glóbulos blancos con la meta de rastrear el radiofármaco en el cuerpo y poder detectar focos de infección o inflamación; también mediante una gammagrafía. E, incluso, de hematíes desnaturalizados donde se marcan glóbulos rojos desnaturalizados, para medir el secuestro esplénico. Sin embargo, se trata de un proceso menos habitual en el centro de Ordes: «Haremos alrededor de cinco cada año».

Dos técnicas trabajan en la preparación de las monodosis de radiofármaco a base de tecnecio. / Antonio Hernández
Logística contrarreloj
Si algo define a los radiofármacos es su carácter perecedero. Su vida media se mide en días, horas o, en algunos casos, minutos. «Cada 68 minutos tenemos la mitad de actividad en el caso del galio 68 y en el caso del tecnecio, cada seis horas», ejemplifica Ximo Castillo. Se trata de una cuenta atrás que no se detiene y que obliga a producir, validar, sellar y enviar las dosis de radiofármacos con una precisión casi quirúrgica.
Es por ello que cada día, de lunes a viernes, mientras Galicia duerme, la maquinaria de la Unidad de Radiofarmacia ya está a pleno rendimiento. «El primer turno empieza a las cuatro de la mañana para que esas primeras dosis lleguen a los hospitales para ser administradas a primera hora», explica su responsable. A mediodía, otra partida de radiofármacos será enviada desde el centro de Ordes a los diferentes servicios de medicina nuclear. A mitad de mañana se están realizando nuevas entregas y a primera hora de la tarde se realiza el último envío del día con radiofármacos de galio 68.
Cuatro vehículos cubren las rutas de Santiago-Ourense, Vigo, Lugo y A Coruña. Sus conductores están especializados en el transporte de material radiactivo. Se mueven con vehículos señalizados según la normativa europea, y muchos trabajan también para los propios proveedores de la unidad, lo que optimiza los tiempos y reduce riesgos de exposición.

Preparación de los bultos que se enviarán a los hospitales gallegos. / Antonio Hernández
El modelo de distribución es también uno de los sellos distintivos del centro y único en España. Mientras otras radiofarmacias centralizadas envían los bultos en blindajes multidosis —es decir, en una caja blindada donde dentro se encuentran las diferentes dosis ya listas para su empleo—, la unidad de Ordes trabaja con monodosis selladas individualmente. Cada una se embala de forma independiente en un recipiente protector blindado con tungsteno o plomo. Una práctica más lenta pero que aumenta la trazabilidad y reduce el riesgo en la manipulación hospitalaria. Este enfoque, sostiene Castillo, es parte de su identidad.
La logística no es únicamente una cuestión de velocidad, si no que la precisión juega también un papel fundamental. Cada bulto se identifica por colores que representan el centro hospitalario al que están destinados. Mientras, las dosis son preparadas para que el radiofármaco cuente con la actividad necesaria en el momento que el hospital prevé administrarlo.
En caso de que exista un retraso, los servicios hospitalarios pueden tener que ajustar la dosis o el tiempo de adquisición de imágenes para compensar la pérdida de actividad. Y es que, pese a que todo esté calculado al milímetro, los imprevistos son inevitables. Así, Castillo recuerda que recientemente un vehículo de la Guardia Civil de Tráfico paró a una de las furgonetas de reparto en el peaje de Sigüeiro (Oroso) cuando se dirigía hacia Vigo con una monodosis de radiofármaco con el isótopo de galio 68. «Le comentó la situación y que llevaba un medicamento al hospital, pero no le dejaron pasar», recuerda el jefe de la Unidad. Este incidente provocó un retraso de entre 20 y 25 minutos en la llegada al hospital y, por ende, que la dosis se administrase 35 minutos más tarde de lo previsto. Afortunadamente, fue igualmente útil para el paciente: «Por lo que me dijeron, no era muy voluminoso y con un modo de adquisición lenta, se pudo compensar ese retraso», sostiene Castillo.
Gestión de residuos
La producción diaria deja tras de sí una cadena de residuos que debe gestionarse con el mismo rigor que la elaboración de las dosis. Las furgonetas que transportan los radiofármacos a los hospitales se encargan también de llevar de vuelta al centro de Ordes todas las jeringas para su debido procesamiento.

El responsable del centro, Ximo Castillo, junto a una técnica en la sala reservada para los residuos desclasificados / Antonio Hernández
Los generadores caducados, aquellos que contienen el material radiactivo con el que trabajan en la Unidad, pese a haber perdido actividad, conservan una estructura interna que exige su devolución al fabricante con el embalaje original. La Unidad envía remesas de quince en quince, acompañadas de documentación. En el caso de los generadores de galio 68, el procedimiento requiere, incluso, el envío de fotografías que certifiquen cada paso.
Mientras, los residuos desclasificados, como las jeringas ya administradas, se almacenan en una sala específica como residuos peligrosos. La Unidad está dada de alta en la plataforma Gaia de la Consellería de Medio Ambiente, que controla la trazabilidad de cada contenedor hasta su retirada por un gestor autorizado.
Centralidad e investigación
La unidad se encuentra en plena fase de consolidación tras cumplir un cuarto de siglo de actividad. Su origen fue modesto: en sus inicios únicamente contaba con una cabina para marcaje celular y dos para tecnecio, sin los sistemas de celdas blindadas que existen hoy. El salto tecnológico fue especialmente notable con la incorporación del galio 68, cuya síntesis semiautomatizada exige mayor protección radiológica como, por ejemplo, un vidrio protector de cinco centímetros y la participación coordinada de dos personas. «Si te equivocas en un paso, te cargas la elución y hay que esperar tres horas para volver a intentarlo», explica Castillo.
Aunque la instalación no dispone de estructura de investigación propia, sí colabora con diferentes laboratorios farmacéuticos y CROs (organizaciones de investigación por contrato) en diferentes estudios clínicos para validar nuevos radiofármacos.
El carácter centralizado del centro otorga importantes ventajas al sistema sanitario gallego, ya que reduce los costes de producción de este tipo de medicamentos —al concentrar los recursos tanto personales como tecnológicos— y garantiza la igualdad de acceso y seguridad de los radiofármacos para toda la red pública de hospitales gallegos. Todo ello, con el enfoque también de reducir al máximo el impacto medioambiental de los residuos generados.
Crecimiento y socialización
En este momento, el centro se encuentra en un proceso de crecimiento. Según explica Castillo, se quiere ampliar las zonas de trabajo administrativo, almacenamiento y archivo.
En los últimos meses, el interés mediático sobre el centro se ha multiplicado debido al inicio de la producción de un innovador radiofármaco que permite un mejor y más preciso diagnóstico del cáncer de próstata. Una socialización del papel de una Unidad que se ha convertido en una pieza clave del sistema sanitario y cuyo trabajo, aunque de modo prácticamente invisible, es indispensable para el trabajo de las áreas de medicina nuclear de los hospitales gallegos.
- Acuerdo histórico en Educación: los interinos no tendrán que presentarse a las oposiciones para seguir en las listas
- Hasta 30.000 euros por vivienda: la Xunta subvenciona obras de rehabilitación en el rural gallego
- Las oposiciones de Educación: obsoletas y con lagunas
- Los ingresos no voluntarios en residencias en Galicia aumentan un 8,5% en un año y alcanzan 6.789
- El accidente de Adamuz recuerda las tragedias ferroviarias de Angrois, Rande y Porriño que dejaron casi 100 muertos en Galicia
- Nicolás Pérez, de director técnico a paciente de covid persistente: «No descanso ni en cama»
- El 30% de las plazas de la OPE de Educación de 2025 quedaron vacantes
- El gran eclipse del 12 de agosto será visible de forma total en 143 concellos