Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Profesores extranjeros en las aulas gallegas: «La gente siempre me pregunta: '¿Cómo terminaste aquí?'»

Son pocos, pero decisivos. De un catedrático italiano que conoció a su futura mujer, de Vigo, en Tokyo estudiando japonés (y hoy está integrado en la USC), al profesor alemán que impulsó la Aeronáutica en Ourense. Los docentes extranjeros siguen siendo rara avis en las universidades de Galicia: hay 13 en la UDC, 34 en la USC y 23 en la UVigo, pese a los planes de internacionalización.

Docentes extranjeros presentes en la educación universitaria de Galicia.

Docentes extranjeros presentes en la educación universitaria de Galicia. / I. Osorio | X. Álvarez | Cedidas

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

El Plan Galego de Financiamento Universitario 2022-2026 señala la internacionalización como una asignatura pendiente: no solo atraer alumnado, sino también talento que enseñe. En los campus gallegos ya laten trayectorias que nacieron en Saarlouis, Turín, Bogotá, Inglaterra o Beirut y que, por azares o elección académica, oportunidades inesperadas o búsquedas de refugio vital, acabaron arraigándose en Galicia. Historias que revelan cómo los campus crecen, aunque lentamente, como un lugar de llegada para profesorado extranjero: fueron diez más en el último año. Aquí, algunas de sus historias.

El viaje académico y vital de Arno Formella, actual director de la Escuela Superior de Ingeniería Informática del campus de Ourense (UVigo) arranca hace varias décadas. Cuando le preguntan cómo llegó a Galicia, suele responder con una sonrisa: «La gente siempre me pregunta eso: ¿cómo terminaste aquí?». La respuesta, sin embargo, poco tiene que ver con el azar. Su carrera —trazada entre Alemania, Estados Unidos y finalmente Vigo— es un ejemplo claro de cómo la internacionalización no siempre empieza con un plan, sino con una cadena de encuentros, vínculos académicos y decisiones vitales que se alinean en un momento concreto.

La docente de origen 
colombiano, 
Mónica Alzate,
en la USC.   
|   Xoán Álvarez

El profesor de origen alemán Arno Formella, en el campus de Ourense de la UVigo. / I. Osorio

Nacido en 1963 en Saarlouis, en la frontera franco-alemana —a solo 10 o 20 kilómetros de Francia—, su generación académica se formó en un sistema muy distinto al español. En Alemania, el camino hacia la docencia universitaria es largo: tras el doctorado, llega la habilitación, un proceso exigente que lo acredita como Privatdozent, explica. Durante su posdoctorado en Estados Unidos conoció a varios investigadores españoles, entre ellos docentes de la UVigo. «Nos entendimos muy bien desde el principio. Éramos jóvenes, teníamos afinidades científicas y también personales», recuerda. Años después, un programa de la Xunta para atraer profesorado visitante lo trajo por primera vez a Galicia. «Vine unos meses y ese contacto abrió la puerta a dirigir aquí una tesis doctoral». Esos vínculos se consolidaron con proyectos de investigación conjuntos, entre ellos un proyecto europeo con el área de Telecomunicaciones de la UVigo. Para entonces, Formella ya había obtenido su habilitación en Alemania. Le tocaba, como exige el sistema alemán, «moverse»: solicitar plaza en otra universidad o cambiar de institución. Y fue entonces cuando apareció la oportunidad definitiva: la creación del segundo ciclo de Ingeniería Informática en Vigo.

«Necesitaban profesorado inmediatamente, y yo ya conocía a la gente, al grupo, la dinámica», explica. Ya tenía aquí proyectos, amigos, conexiones. La decisión tenía sentido.» Así llegó en 1998, un año clave que marcó el inicio de su carrera estable en Galicia. Ahí comenzaría la trayectoria del que fue el primer director de la Escuela de Ingeniería Aeronáutica y participa en proyectos como el satélite XaTcobeo.

Cátedras y no departamentos

Comparar Alemania, Estados Unidos y España no es sencillo. Formella lo advierte con cautela: «Las estructuras son distintas. En Alemania no existen los departamentos tal como se entienden en España; allí hay facultades organizadas en Lehrstühle, cátedras unipersonales donde cada catedrático dirige su propio equipo». En España, en cambio, el modelo se articula por áreas, departamentos y centros, con una distribución de responsabilidades más compartida.

«La renovación genera más mezcla y más movilidad. Es una evolución natural»

Arno Formella

— Profesor alemán

La movilidad académica, explica, era mínima hace 25 años: muchos hacían el doctorado y toda su carrera en la misma universidad. Hoy el panorama es distinto, especialmente en escuelas jóvenes con trayectorias diversas. «La renovación genera más mezcla y más movilidad. Es una evolución natural». Hoy, organiza titulaciones y profesorado y continúa investigando y publicando con colegas alemanes.

Cuando Massimo Lazzari aterrizó por primera vez en Santiago de Compostela a finales de 2001, lo recibió un invierno interminable. «Llovía sin pausa. Una pesadilla», recuerda entre risas. Pero aquel clima áspero no fue suficiente para frenarlo. Dos décadas después, este investigador formado en Turín es catedrático de Química Física de la USC y una de las voces más reconocidas en el estudio de polímeros aplicados a nanotecnología, degradación de materiales y conservación del patrimonio cultural. Su recorrido, sin embargo, no siguió una línea recta. Una historia que empezó lejos de Galicia —y lejos de Italia—. Antes de que Galicia se cruzara en su vida, lo hizo Japón. Allí conoció a quien hoy es su mujer, una bióloga viguesa.

Claustros gallegos con acento internacional

El docente de origen italiano Massimo Lazzari -nacido en Turín-, que trabaja en la USC. / Cedida

«Nos encontramos en Tokyo a finales de los 90, estudiando japonés. Luego empezamos a pensar cómo encajar nuestro futuro profesional. Queríamos seguir en la universidad, y no es fácil cambiar de carrera una vez que entras en investigación», relata. La opción de continuar en Italia no era sencilla para ella. Y esa comparación entre sistemas pesó.

«En España, sobre todo en la ciencia, hay vías para entrar en la universidad desde fuera, como las plazas Ramón y Cajal. Es una selección más meritocrática, abierta a extranjeros. No ocurre igual en muchos países europeos». Decidieron entonces apostar por Galicia. Y él, aun siendo ya profesor ayudante en Turín, empezó a buscar la manera de encajar en la estructura universitaria española. Los primeros pasos: una puerta que se abre, otra que se cierra. Antes de convertirse en catedrático, Lazzari llegó a Santiago por etapas. En 2001 realizó una estancia corta. Después regresó en 2003 y 2004 con una beca Marie Curie, una prestigiosa financiación europea.

«En España, sobre todo en la ciencia, hay vías para entrar en la universidad desde fuera, como las plazas Ramón y Cajal. Es una selección más meritocrática, abierta a extranjeros. No ocurre igual en muchos países europeos»

Massimo Lazzari

— Docente italiano

Cuando intentó inscribirse en Química Física, le rechazaron; un bloqueo total para avanzar en la carrera universitaria. Una coincidencia —otra solicitud con buenas perspectivas— cambió el contexto y permitió su entrada. En 2005 obtuvo una Ramón y Cajal; cinco años después fue titular. La acreditación a catedrático llegó pronto, pero la plaza se estancó en la USC hasta 2022. Mientras, su trayectoria científica creció con colaboraciones internacionales.

Comparando España e Italia, destaca la apuesta española por los jóvenes —«las Ramón y Cajal son extraordinarias»—, pero lamenta la ausencia de exámenes orales: una desventaja en comunicación científica. También observa menor vocación real entre parte del alumnado. Su integración, afirma, no vino de normas, sino de personas que valoraron su trabajo sin mirar su origen.

Reconciliación social

Por su parte, Mónica Alzate, profesora titular y directora del Departamento de Psicología Social, Básica y Metodología de la USC, dejó Colombia hace 25 años en busca de seguridad y formación académica, ya que su país no ofrecía doctorados en Psicología social ni estudios sobre conflicto y reconciliación. «Vine buscando esa formación de doctorado que no podía proporcionarme mi país de origen y mucho menos para estudiar el conflicto socio-político violento y las estrategias para la reconciliación social». Su llegada a la USC fue posible gracias a una suma de voluntades: «Parte de las razones por las que estoy aquí es porque alguien me abrió la puerta… mi director de tesis, el catedrático José Manuel Sabucedo, se convirtió en un referente académico y personal dentro de Galicia». También, la USC.

El profesor de origen alemán,
 Arno Formella, en el campus 
de Ourense de la UVigo. 
 |   I. Osorio

La docente de origen colombiano Mónica Alzate, en la USC. / Xoán Álvarez

El camino hacia la estabilidad profesional estuvo lleno de desafíos: becas, interinidades y trabajos improvisados mientras se adaptaba a un entorno desconocido. Encontró apoyo emocional en la comunidad latinoamericana y vínculos profundos con personas de Galicia y España. Observó diferencias con América Latina, como la ausencia inicial de programas de evaluación y acreditación de profesorado, y valoró cómo España adaptó sus posgrados a quienes ya tenían experiencia.

Mónica subraya que la apertura institucional, las becas y los programas adaptados fueron esenciales para consolidar su carrera. Desde interinidades hasta la obtención de una plaza estable y su labor como investigadora, su trayectoria demuestra cómo la universidad puede abrir puertas a talentos migrantes.

Tras más de dos décadas viajando con frecuencia a Galicia, el historiador de origen inglés Simon Doubleday, profesor distinguido «Beatriz Galindo» de la USC, ha decidido convertir esa relación de largo recorrido en un compromiso permanente. Procedente de una universidad neoyorquina en la que se encontraba profesionalmente realizado, sentía, sin embargo, la necesidad de un cambio profundo: un desafío intelectual y vital que lo alejase del clima de crisis que atraviesa la educación superior en Estados Unidos y lo acercase a un entorno cultural en el que siempre se ha sentido en casa.

Claustros gallegos con acento internacional

El profesor de origen inglés Simon Doubleday, especializado en historia medieval. / Cedida

Ese «campo gravitatorio» gallego —hecho de amistades, vínculos profesionales y una vida académica vibrante en su área de especialización, la historia medieval— actuó como un factor decisivo. La llegada a España no estuvo exenta de obstáculos: la burocracia, primero estadounidense y luego española, convirtió los trámites en un laberinto que incluyó un surrealista incidente de suplantación de identidad en Cataluña. «Nada agradable», reconoce, aunque destaca la eficacia del personal de movilidad internacional de la USC. Su próxima meta será comenzar la docencia en castellano: en el segundo cuatrimestre.

El «lastre político» de EE UU

Su paso por instituciones de distintos países le permite trazar comparaciones. En Santiago le sorprende —positivamente— la envergadura del Departamento de Historia, muy superior a la de su origen, y la vitalidad de la disciplina, que en Estados Unidos se ve lastrada por presiones políticas y una creciente deslegitimación de las humanidades. También ha escuchado advertencias sobre la aparente timidez del alumnado a la hora de intervenir en clase, algo que descubrirá a partir de febrero, cuando comience su docencia.

El profesor 
de origen inglés 
especializado 
en historia
 medieval.  
| Fdv

La investigadora nacida en Líbano Narmeen Mallah, en la facultad de Farmacia. / Xoán Álvarez

En la trayectoria de Narmeen Mallah, profesora ayudante doctora en Medicina Preventiva e Saúde Pública, hay una palabra que se repite: rigor. Esta libanesa, que vivía en Beirut pero es originaria del sur del país, buscaba un lugar donde formarse en epidemiología con garantías científicas sólidas. Lo encontró en la USC a sus 35 años. «Quería un entorno exigente, que me permitiera progresar», explica. Su tesis —dirigida por dos de los científicos más citados del mundo— obtuvo mención internacional y premio extraordinario. A partir de ahí, su carrera avanzó entre proyectos europeos, docencia en una facultad situada entre las mejores del mundo (según la tabla Shanghái) y estancias en instituciones como el Karolinska Institutet. Pero llegar no fue fácil. «Conseguir una posición estable fue un proceso duro y competitivo», recuerda. El sistema de acreditaciones también supuso un desafío. Aun así, logró la habilitación para titular en un tiempo excepcional. Lo atribuye al trabajo constante y a la mentoría recibida: «Tuve muy buenos guías».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents