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Los hoteles apuestan por las cuatro estrellas frente a los pisos turísticos

El auge de los apartamentos vacacionales vino acompañado de una caída de las pensiones y los establecimientos de una estrella, desplazando las opciones tradicionales más baratas

Clientes en la recepción de un hotel

Clientes en la recepción de un hotel / Marta G. Brea

Santiago

En general, cuando la economía crece y la población envejece, tiende a aumentar la demanda y, consecuentemente, también la oferta de servicios turísticos. La gente tiene más tiempo y más dinero para dedicar a viajar y al ocio, y ambos sectores se refuerzan mutuamente. Pero a lo largo de la última década, en Galicia, en vez de aumentar, la oferta de plazas y establecimientos hoteleros ha disminuido ligeramente, dejando paso al gigante que suponen las viviendas de uso turístico (VUT). La digitalización, explica Rubén Lado Sestayo, profesor de Economía Financiera y Contabilidad en la Universidade de Santiago de Compostela y parte del Centro de Investigaciones Turísticas (CETUR), rompió una barrera invisible, pero que antaño parecía inquebrantable, y que ha obligado al sector a diferenciarse y ofrecer mejores servicios para poder competir.

Según los datos del IGE, la comunidad perdió entre 2014 y 2024 un 3,1% de establecimientos hoteleros y un 1,4% de sus plazas, pero esta variación no ha sido homogénea en todas las categorías. De hecho, las que más han descendido son las más bajas, las pensiones de una estrella de plata, que en esta década registraron un descenso del 35,13% en el número de plazas. Por su parte, las de dos y tres estrellas de plata, apenas aumentaron, en un 0,2%.

Más llamativo es el comportamiento de los hoteles de estrellas de oro. En este caso, las variaciones más pronunciadas se dan en los extremos: por un lado, hay un 17,24% menos de hoteles de una estrella, y un 12,2% menos de plazas. Los de dos y tres estrellas, por su parte, aumentaron, pero de forma poco relevante, con un 4,2% y un 1,01% más de plazas. En cambio, el mayor aumento se dio en los de cuatro, que en este tiempo sumaron casi un 33% más de establecimientos y aumentaron sus plazas en un 24%, hasta las 17.158, albergando la mayor oferta de su categoría. En el caso de los de cinco estrellas, el número de hoteles se mantuvo en 8, mientras que las plazas sí disminuyeron (un 11%), si bien Lado señala que, al ser una categoría con poco peso en la comunidad, no es estadísticamente relevante. En la práctica, este desplazamiento desde las categorías más bajas hacia las más altas implica que una parte de la oferta tradicionalmente más barata desaparece o se transforma.

La que sí ha aumentado es la oferta de viviendas de uso turístico. Según los datos del IGE disponibles, este tipo de establecimientos entre 2018 y 2024 se incrementó en un 373,84%, de 4.630 a 21.939, y el número de plazas, en un 448% (de 21.270 a 116.724). Tanto es así, que según los datos más actualizados de la Xunta, el pasado mes de octubre las VUT ya suponían el 86,6% de los alojamientos y el 49,6% de las plazas, con tarifas fluctuantes que en ciertas zonas pueden llegar a ser restrictivas para el turista de clase media. Y es que, aunque hay precios asequibles, en torno a los 20 euros por noche, en casos extremos pueden alcanzar los 800 para una vivienda de ocho plazas, como ocurrió este verano en O Morrazo e informó este diario.

Precisamente, en este avance de las VUT se puede localizar el motivo del cambio de la oferta turística tradicional. «Si la economía mundial crece un porcentaje cada año, la demanda de servicios turísticos va a seguir aumentando, y hay que dar respuesta a esta necesidad de alojamientos», señala Lado. En este contexto, la digitalización «favoreció que entrasen agentes que antes no podían entrar», eliminando no solo la barrera de la información, sino también de la seguridad, el precio, y la ubicación.

Hace no tantos años, para alojarse en el centro de la ciudad los establecimientos tradicionales eran la única opción, y además ofrecían garantías a precios competitivos, como las pensiones, que daban «más seguridad» en comparación con cualquier habitación que se pudiese encontrar en un tablón de anuncios.

Pero ahora esta barrera no existe, y «se favorecen este tipo de servicios», por lo que el resto de establecimientos han tenido que optar por diferenciarse. «No compiten en el precio, no compiten en la ubicación por estar en el centro de las ciudades, no compiten por dar un servicio más seguro», señala Lado, por lo que la única opción es, o bien tener alguna característica singular, como ser un edificio monumental, estar al lado de la playa o tener balneario, por ejemplo, u ofrecer «algún tipo de servicio adicional». Esta necesidad de ofrecer algo a mayores para hacerse más atractivos ante las VUT es una explicación más que razonable, señala, de por qué el aumento de la oferta hotelera se concentra en las cuatro estrellas. Si la tendencia continuará o no en el futuro, señala, dependerá de múltiples factores, como la economía y, especialmente, la regulación que se haga desde las administraciones sobre las viviendas de uso turístico.

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