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Montes que nunca (o casi nunca) arden

Cuatro ejemplos de gestión forestal en los que se combate activamente el fuego antes de que llegue

Ganado vacuno pastando en la Serra da Groba

Ganado vacuno pastando en la Serra da Groba / Ricardo Grobas

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Manolo Rodríguez

La falta de medidas de prevención, el abandono rural, el cambio climático... Son múltiples los factores que explican la virulencia, cada día mayor, de los incendios forestales que estos días asolan Galicia, principalmente en la provincia de Ourense. Sin embargo, a lo largo de la comunidad hay ejemplos de gestión de las masas forestales llevadas a cabo por propietarios de fincas y comunidades de montes vecinales que, aunque no los eximen de una posible activación de un fuego, minimizan los riesgos y la voracidad de las llamas. Una ganadería regenerativa que es parte activa en la limpieza de la biomasa, la eliminación de especies pirófitas en favor de frondosas autóctonas y un aprovechamiento económico de los recursos forestales que agudiza la vigilancia en los montes;son algunas de las acciones que desde la Mariña lucense hasta el Val Miñor, pasando por los montes del Barbanza o de Betanzos, se están llevando a cabo de modo preventivo para combatir el fuego antes de que se produzca.

Unión comunera, una enseñanza del fuego — Rianxo (A Coruña)

Un grupo de cabras en el cierre del que disponen en Leiro

Un grupo de cabras en el cierre del que disponen en Leiro / Cedida

«No hay mal que por bien no venga». Así resume Ánxela Miguéns, presidenta de la Comunidad de Montes de Leiro (Rianxo), el cambio de enfoque que supuso para los comuneros de esta zona del Barbanza el incendio que en 2019 calcinó casi 1.200 hectáreas entre los concellos de Dodro y Rianxo. «Nos dimos cuenta de que no vale de nada ordenar aquí mi monte sin tener en cuenta las características del resto del territorio. Aquel incendio nos enseñó que debíamos unirnos, que teníamos que trabajar conjuntamente», explica.

Una unión que dio lugar al nacimiento, tan solo un mes después de la extinción de las llamas —en abril de 2019—, de la Plataforma pola Defensa do Monte donde se integran seis comunidades con una planificación conjunta del territorio que ha establecido medidas preventivas contra el fuego como la ganadería regenerativa, la reducción de especies invasoras y pirófitas —como la acacia y el eucalipto— y ha buscado consolidar masas de frondosas en los montes.

Tras el nacimiento, se estudiaron se estudiaron las zonas y vectores de dirección del fuego en la zona con el objetivo dar prioridad a estos espacios en los diferentes trabajos, y manos a la obra. «La idea es intervenir en el territorio como una totalidad, más allá de los lindes de cada comunidad. Se entendió que este era un problema colectivo y se elaboraron unas directrices de ordenación conjunta que firmaron todas las comunidades», explica Rafael Saco, presidente de la Plataforma.

La unión provocó el interés de la Fundación RIA, la Fundación Biodiversidad y del Laboratorio Ecosocial do Barbanza que han colaborado con las comunidades preparando sus candidaturas a fondos europeos. «Gracias a esto, pudimos contratar un ganadero», explica Miguéns. Así las cosas, en los montes rianxeiros hasta 136 cabras trabajan a diario consumiendo la biomasa,que en caso de activarse un incendio actuaría como combustible. Cuentan con un cierre en los montes de Leiro para ellas, financiado por Medio Rural, y la previsión es ampliar la cabaña ya que en proceso está otro cierre en Paradela.

«Ahora nos encontramos en un proceso de búsqueda de formas de bioeconomía: fomentando la apicultura o la recolección de castañas y setas. El objetivo es sustituir la idea del abandono del monte por una ordenación que pueda sostenerse en el tiempo», apunta Saco.

La presidenta de la Comunidad de Montes de Leiro sabe que todo este trabajo no exime a los montes de Rianxo de volver a ser pasto de las llamas como lo fueron en 2019, pero a día de hoy, «están mucho más preparados para que las consecuencias sean menores».

La ganadería, el cortafuegos contra los incendios — Aranga (A Coruña)

Aranza González

Aranza González / Carlos Pardellas

En medio de la ola de incendios que asola Galicia este verano, hay puntos en el mapa que parecen resistir mejor al avance de las llamas. En la parroquia de Fervenzas, en Aranga (A Coruña), la clave está en una gestión del monte que combina prevención, tradición y una propuesta que, para algunos, puede sonar a pasado: la ganadería como aliada contra el fuego.

«Para mí la solución es pensar en una gestión ganadera de los montes. Esos montes forestales deberían estar pastados. Es fundamental», afirma Aranza González, secretaria del monte comunal de Fervenzas. Su convicción se apoya en lo que ha visto en su tierra natal, A Mezquita (Ourense), donde la desaparición de los rebaños coincidió con incendios más destructivos. «Estamos metiendo el monte en zonas que antes eran prados, y eso hace que los incendios sean imparables», advierte.

El monte comunal del que es secretaria es forestal, y cuenta con puntos de agua y cortafuegos. Sin embargo, González reconoce que aún falta trabajo: «No podemos presumir de un monte bien gestionado. Faltan pastizales. La gran solución es la ganadería».

Su propuesta es clara: recuperar el uso tradicional de los montes comunales como apoyo para pequeños ganaderos, integrando pastos arbustivos en zonas aptas. Recuerda que, décadas atrás, las mancomunidades permitían que vecinos con pocas tierras llevaran su ganado a pastar. «Así se limpiaban los montes y se cortaba toxo para la cama de los animales. Ahora lo hemos convertido todo en eucaliptales», lamenta.

Cita el ejemplo del también coruñés Monte do Gato, donde hace veinte años había manadas de caballos que mantenían el monte controlado. «El problema fue que provocaban accidentes en las carreteras y desaparecieron. Pero esa es la solución: tiene que haber animales en los montes». Para González, la discusión pública se centra en medios de extinción —helicópteros, avionetas, patrullas— cuando el verdadero foco debería estar en la prevención: «No hay otra forma que el ganado para evitar macroincendios. El monte tiene que estar limpio».

Más allá del valor ambiental, defiende un valor vital y económico. Las brañas, esos pastizales húmedos que refrescan incluso en olas de calor, son zonas de vida y actividad rural. «Quitar brañas para plantar eucaliptos no es la solución. Antes eran el único sitio verde en verano, donde las vacas podían comer y limpiaban el terreno. Incluso se hacían fuegos controlados que paraban solos», explica.

Según Aranza González se trata de abrir paisajes para que sean «vivibles». «O hay rumiantes o hay fuego, no hay otra opción. Los incendios están vaciando el rural. Mantener el monte con ganado es invertir en vida», resume.

«El monte que da dinero arde menos» — A Mariña (Lugo)

Eucaliptos hasta donde alcanza la vista en A Mariña

Eucaliptos hasta donde alcanza la vista en A Mariña / Cedida

Las empresas realizan periódicamente mediciones de ruido de los eólicos instalados cerca de viviendas, un trabajo que realizan técnicos bien avanzada la madrugada, mientras Galicia duerme. Uno de ellos, Manuel [nombre ficticio], relata como recorre montes en absoluta soledad en O Deza, O Barbanza, O Suído, Faro... Pero no en A Mariña. «Allí, al poco tiempo de llegar, se ven unas luces y suele aparecer algún vecino en el coche a ver quién soy y qué estoy haciendo. Es algo que solo me ocurre allí».

Esta experiencia que puede parecer anecdótica esconde una realidad relevante al analizar la política forestal gallega: el monte que da dinero no arde o, para ser más correcto, arde menos, porque lo vigilan más al haber riqueza en juego. Y en A Mariña de Lugo el eucalipto sigue siendo algo así como un plan de pensiones o un fondo de reserva de las economías familiares. En 2023, los propietarios de parcelas en esta comarca ingresaron 30.832.946 euros, según datos de la Asociación Forestal Gallega.

«Como vemos ahora en Ourense, suele arder con más intensidad en las zonas donde el aprovechamiento forestal es nulo o casi nulo, como áreas de pasto o montes altos», explica Manuel Galdo, presidente de la Asociación de Productores de Madera de Viveiro (Promavi), que gestiona unas 4.000 hectáreas de terreno de 240 socios en A Mariña Occidental.

Sus asociados no organizan una vigilancia especial en época de alto riesgo ni contratan agentes, sino que cada propietario a título individual se encarga de su parcela. «La mayoría mantienen el monte limpio, sobre todo en los primeros años», apunta Galdo. «Una vez que la planta tiene 10 o 12 años, ya genera mucha menos maleza». Pero si por la contra hay desaprovechamiento, «crecen los tojos y ahí es donde el fuego hace daño».

El monte productivo es una garantía. En Promavi sufrieron un incendio de unas 80 hectáreas en 2022 «en un día de mucho calor», pero salvo esa excepción, ya ni recuerdan el último fuego relevante. «En Viveiro llevamos muchos años con tres o cuatro conatos al año. Nada más».

Tampoco hay que ocultar que en el norte de Lugo ayuda el clima. El viento de nordés, letal para el fuego en otros puntos, aporta aquí aire húmedo, niebla y llovizna muchos días al año. Esta misma semana, mientras Galicia y España se asaban, Meteogalicia registraba acumulaciones de lluvia en Viveiro de más varios litros.

Sin embargo, el cambio climático también afecta a A Mariña, como se demostró en Trabada y Ribadeo en 2023, con un incendio de 2.300 hectáreas que arrasó incluso parcelas de eucalipto que eran modelo de gestión forestal. Fue el mayor de la historia de la comarca y un aviso de la nueva realidad.

Frondosas frente a las llamas — Saiáns y Coruxo (Pontevedra)

Comuneros vigilan los montes

Comuneros vigilan los montes / J. Lores

Eliminación de acacias y eucaliptos —especies pirófitas: tienen alta inflamabilidad y gran capacidad de rebrote— y plantación de frondosas autóctonas. Es la receta que ha seguido Saiáns, cuyos montes presumen de estar mejor preparados para hacer frente a los incendios. Lo explica el presidente de la Mancomunidade de Montes de Vigo, Uxío González. «Hai carballeiras consolidadas, con 35 anos xa», explica antes de poner en valor la necesidad de preparar los pulmones verdes para evitar o minimizar las consecuencias del fuego.

«Saiáns xa ten frondosas autóctonas no 70% do seu monte. As súas fragas son espectaculares: ademais de servir de prevención contra os incendios, van ser auténticos refuxios climáticos nuns anos», precisa González. Añade que Coruxo sirve igualmente de ejemplo: «A comunidade de montes leva moitos anos facendo ben as cousas, traballando en pistas e regueiras con frondosas».

El presidente de la Mancomunidade indica que, para no revivir el episodio aciago de 2017, protagonizado por incendios devastadores que dejaron unas 1.600 hectáreas calcinadas y provocaron la muerte de dos mujeres en Nigrán en el interior de una furgoneta y de un hombre en la urbe olívica, deben ejecutarse cuanto antes el anillo verde y la zona de defensa estratégica —denominada también franja de defensa pasiva—. Son competencia del Concello de Vigo y la Xunta, respectivamente. González destaca que la segunda está más avanzada en cuanto a tramitación que la primera. Ambos proyectos son peticiones que vienen de antiguo, al igual que la franja de biomasa. El objetivo es el mismo: minimizar las consecuencias de las llamas. «Hai xente que, vendo o que está pasando en Ourense, todavía non é consciente do que pode chegar a facer o lume. Trátase dun tema moi serio», lamenta.

Comunidades de montes y vecinos de Vigo, el Baixo Miño y el Val Miñor se han coordinado para patrullar los montes del área con el objetivo de reforzar la vigilancia ante el elevado riesgo de incendio debido a las condiciones meteorológicas. Estas patrullas no solo detectan posibles focos de fuego, sino que actúan como elemento disuasorio frente a conductas negligentes o intencionadas.

Este trabajo también incluye el control de accesos. Cualquier vehículo que circule por pistas forestales en días de alto riesgo es registrado: se anota su matrícula y, en algunos casos, se fotografía. Esta supervisión se extiende a las personas que transitan por zonas especialmente vulnerables.

Fuente: El Correo Gallego

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