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El recelo hacia la tecnología rebaja en 9.000 los niños con móvil en un año

El porcentaje de menores gallegos de 10 a 15 años que disponen de teléfono cayó un 8,5 por ciento

La comunidad está por debajo de la media en el recurso a estos dispositivos

Jóvenes con móviles.

Jóvenes con móviles. / Ferran Nadeu

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Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

María, nombre ficticio, cumplió 12 años sin móvil. Era la única de su clase y sus progenitores se lo pensaron mucho, pero acabaron por regalarle el dispositivo durante las pasadas navidades para evitar que se viese aislada de sus compañeros, porque las relaciones en su entorno, también el ocio, dependían mucho de él. A cambio, la niña firmó un «contrato» en el que se comprometía a obligaciones y responsabilidades, entre ellas, a limitar las horas de uso, las webs visitadas y los lugares desde los que se conectaba. El de María, como en efecto ocurría en su clase, es un caso excepcional. La edad media de acceso al primer móvil en Galicia se sitúa en el entorno de los 11,4 años, según las macroencuestas dirigidas por el profesor de la Universidade de Santiago Antonio Rial Boubeta para Unicef y para la Fundación Barrié. Sin embargo, en un contexto de recelos hacia la tecnología y recomendaciones de expertos, Galicia ha reducido los menores de entre 10 y 15 años que tienen teléfono en más de 9.000 durante el último año.

Los datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación (TIC) en los hogares de 2024 muestran que en 2023, casi un 70 por ciento de los chavales gallegos de 10 a 15 años poseían un móvil, más de 98.000 en números absolutos. En cambio, un año después ese porcentaje ha descendido un 8,5 por ciento, hasta el 63,4 por ciento, que supone 9.100 menos.

En el furgón de cola

Con ese dato, la comunidad se sitúa por debajo de la media estatal, que roza el 70 por ciento tras registrar un mínimo descenso, y en los puestos del furgón de cola autonómico –quinto por el final–. La Rioja y Extremadura encabezan el indicador de menores con móvil y cierra la lista Cantabria, donde no llegan al 61%.

El dato gallego de 2024 es el más bajo de los últimos tres años y se da en un contexto en el que el uso de las TIC en menores se está poniendo en cuestión por progenitores y docentes –provocando peticiones de bajas en el sistema de libro digital– como desde las autoridades sanitarias y educativas –los móviles se han prohibido en los colegios–.

El dictamen de los expertos

Hace unos días, trascendían las principales medidas que el comité de expertos cuya asesoría pidió el Ministerio de Juventud e Infancia para proteger a los menores en los entornos digitales, en el que participan los gallegos Antonio Rial Boubeta y Fernando Suárez. Los especialistas recomiendan pantallas cero hasta los 6 años y móvil con datos a partir de los 16. Porque lo que manejan los adolescentes son teléfonos inteligentes y nueve de cada diez se conectan a diario y más de la mitad duermen con él en su cuarto, según el estudio de Unicef.

La Xunta publicó en fechas recientes un informe sobre TIC en general que revela un retroceso en el uso de 5 a 15 años y aduce el contexto pospandémico y la «reticencia» a usarla en las aulas.

Redes y WhatsApp, focos de conflictos en las aulas, advierte el Defensor do Profesor

Son dos los principales quebraderos de cabeza de los docentes gallegos, lo que les quita el sueño y mina su salud: «presiones realizadas por padres y madres» y «problemas relacionados con las nuevas tecnologías». Así lo recoge el informe del sindicato Anpe Galicia sobre el Defensor do Profesor, un servicio de atención inmediata y gratuita para docentes en situación de conflictividad y violencia en las aulas. Durante el curso pasado, 2023-2024, ese servicio, y solo contando el autonómico, porque el sindicato dispone de otro estatal, atendió a 86 docentes. Desde que fue creado, 18 años atrás, más de 2.500 profesores recurrieron a él.

Anpe advierte que «el mal uso de las nuevas tecnologías» –en alusión a móviles,redes sociales y grupos de WhatsApp–, tanto por el alumnado como por el colectivo de progenitores, se merece una «mención aparte». Al respecto, la organización sindical concede que «la cuestión no pasa tanto por prohibir como por educar». «Somos conscientes de que existe una gran falta de educación digital, quizás fruto de la brecha digital que separa a las nuevas generaciones de las generaciones que tenemos la obligación de formarlas y educarlas», señala en un comunicado. Con todo, advierte que «esa falta de educación digital está provocando» que los adolescentes «hagan un mal uso de las tecnologías y se expongan en muchas ocasiones a peligros de los que ni ellos mismos son conscientes».

Respecto a lo relacionado con las «presiones ejercidas» por padres y madres, Anpe cuestiona el rol de la Administración. «Lejos de poner freno a estas actitudes», censura, se «pone en duda la profesionalidad de un profesorado que debería ser defendido» y además se «alimentan el aumento de ese tipo de problemática». A juicio de Anpe, la situación es «preocupante» ya que los progenitores son los «primeros agentes socializadores y educadores» y esa conducta incide «profundamente en los comportamientos disruptivos» del alumnado.

El sindicato destaca, igualmente, el incremento de casos de ansiedad y problemas de salud mental en todo el profesorado en relación a cursos pasados. En particular, subraya la subida detectada entre maestros. Para Anpe, «el importante aumentado de alumnado clasificado como alumnado con necesidades específicas y diagnosticado con algún tipo de trastorno, así como la insuficiente dotación de profesorado de apoyo y especialistas están produciendo una sobrecarga en el resto del equipo docente» y eso «repercute» en su salud y su bienestar emocional.

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