Expertos en turismo urgen regularizar las visitas a Galicia para evitar las protestas
La falta de planificación en las zonas turísticas, uno de los motivos por los que surgen enfrentamientos entre foráneos y locales
“Esta actividad es una fuente de riqueza económica y cultural muy beneficiosa”, señala el sociólogo Benxamín Porto

Los vecinos de O Hío reunidos.
“Fodechincho es aquel al que le dices que no se puede subir a las dunas, que están protegidas y son patrimonio natural, y lo hace igual porque solo son unos hierbajos”, explica el periodista Antón Losada en un vídeo, tratando de definir la palabra de moda. Pero, ¿quiénes son realmente estas personas? ¿Hay turistas buenos y malos?
El término, tan manido este verano, se popularizó en los años 70, década en que los viajeros nacionales se multiplicaron y se fijaron en la comunidad como destino vacacional. Al parecer, la palabra comenzó a usarse porque ciertos visitantes se acercaban a las lonjas a última hora a ver las descargas de pescado. Aunque en un principio los propios trabajadores les ofrecerían algunos ejemplares de chincho (xurel pequeño), rápidamente estos turistas se acostumbraron a acudir, bolsa en mano, a ver que más se podían llevar. Este verano resucitó una polémica que nunca había sido tal. Por un lado, salió a la palestra el malestar manifiesto ante determinados comportamientos incívicos, e incluso se produjo una pequeña manifestación en O Hío por el colapso que provocaron los turistas –por tierra y mar– en la vida normal de la aldea de Pinténs. Por otro, hay quien defiende el potencial de la comunidad como destino veraniego y considera desmesuradas las críticas, sobre todo, a los madrileños.
Aunque el conflicto parece lejano a las manifestaciones de Barcelona, Málaga o Canarias, a las que acuden miles de personas por la sobrecarga en sus ciudades, algunos expertos hablan del peligro de no intervenir y afirman que regularizar el turismo gallego es una urgencia.
Rubén Lois, catedrático de Geografía en la USC, reconoce que es una actividad económica muy beneficiosa para Galicia y que, además, desarrollamos todos en nuestra vida. Sin embargo, apunta que “lo promocionamos mucho durante años y ahora hay lugares con exceso de visitantes”. Este fenómeno se pudo ver en ciudades como Oporto, Lisboa, Barcelona y, ahora, Santiago de Compostela.
“A los movimientos que protestaron por el turismo se les llamó turismofobia, pero nosotros ahora preferimos llamarle urbanofilia, un intento de los propios residentes para evitar que se degrade el lugar en el que ellos habitan”, señala Lois. El profesor afirma que el modo de vida del local no puede verse alterado por el visitante, algo que puede pasar si no hay una normativa establecida. “Frenar el turismo sería un error, pero no lo sería ordenarlo y gestionarlo para que no moleste demasiado”, dice. También apunta que otra razón por la que establecer normas es un asunto prioritario es preservar el patrimonio natural de la comunidad. Frenar ahora para no lamentar después.
Galicia se encuentra frente a una nueva etapa, con un panorama turístico como nunca antes.
El demógrafo César Ferrás se mueve en la misma línea: planificar y organizar. “Hay que gestionar a medio y a corto plazo. Se deben establecer los umbrales de carga turística en determinados espacios para evitar que se deteriore el patrimonio y la calidad de vida de la sociedad receptora”, señala. La cultura y el bienestar tienen que ir por delante, sin olvidar que todos somos turistas en algún momento de nuestra vida.
Para ello, el demógrafo explica que es necesaria la intervención de las autoridades locales y los ayuntamientos para que marquen los umbrales donde el turismo se está sobrepasando y deteriorando la calidad de vida y medioambiental. “De esta forma se podrá ordenar mejor el tráfico, la accesibilidad, los periodos en los que se puede visitar o no, ente otros”, añade. Por ejemplo, cree que sería beneficioso mantener cierto control sobre calles históricas de Santiago, muy estrechas y que no están capacitadas para soportar el paso de cientos de personas al unísono. “Ya se hizo en los lagos de Covadonga. El acceso se puede controlar con transporte público (lanzaderas)”, dice.
En Galicia ya hay ciertas restricciones para acceder a las Illas Cíes y a la playa de As Catedrais, las cuales, según Ferrás, habría que intensificar.
Con todo, insta a “tener una visión inteligente” y a “combatir la turismofobia” porque las visitas son un una parte importante del PIB gallego.
¿Son los madrileños?
El origen del visitante no es generalizable para los expertos. Los de la Meseta se llevaron la mala fama, pero Ferrás cree que los comportamientos erróneos pueden proceder de personas de cualquier región. “La mayor capacidad adquisitiva y de movilidad de las clases trabajadoras fue positivo pero debió ir unido a la educación social. Además, debería haber planes específicos de sostenibilidad ambiental”, recoge.
“Manifestaciones de minorías”
El sociólogo Benxamín Porto cree que el conflicto de los fodechinchos no es más que “una serpiente de verano” , es decir, un culebrón irrelevante. “El turismo es una fuente de riqueza económica y cultural que beneficia a muchas más personas que las manifestaciones de minorías que encuentran eco en las redes. Es innegable que el turismo, como cualquier otra actividad humana, tiene un impacto sobre la naturaleza y sobre el “Edén” y la identidad construida por cada comunidad particular”, opina el experto.
En cuanto a localidades más vulnerables al paso de los turistas, como pueden ser los pueblos que rodean el Camino de Santiago, Porto apunta que son privilegiadas: “El turismo generado por esta ruta se puede decir que constituye actualmente el petróleo de Galicia. Por lo tanto, si cuestionamos nuevas implantaciones industriales y también el turismo como sectores generadores de riqueza, solo nos queda la melancolía”, indica.
Añade también que las pequeñas localidades del Camino de Santiago vieron una transformación histórica de su hábitat, como nunca antes había ocurrido: “La oportunidad de obtener nuevos recursos y tener contactos con otras culturas supone un enriquecimiento no desdeñable para nuestra comunidad”, concluye.
Los que se comportan mal son indudablemente una minoría
El turismo es fundamental para la economía gallega, supone más del 10% del PIB. Para Cesáreo Pardal, presidente del Clúster de Turismo, salvaguardar el conflicto es una cuestión de mantener la educación. “Se le ha dado demasiada voz a la situación y puede crear tensión entre el sector y la población”, advierte. “Indudablemente los que se comportan mal son una minoría, pero provocan que haya más ruido”, explica. Cesáreo Pardal asegura que la turismofobia no es más que un fenómeno viral, “una circunstancia a la que se le ha dado eco, pero no todos los turistas son maleducados”. Dice que hay que valorar los datos de ocupación, en un verano que está siendo “muy positivo”. Desde julio la ocupación ronda el 70% y en lo que va de agosto está en un 85%. Pardal espera que septiembre también sea buen mes, si la meteorología acompaña. “En julio el tiempo mermó un poco las expectativas del sector”, lamenta. ¿Y la vivienda turística? Pardal apunta que la situación de la vivienda cambia radicalmente según la localidad en la que nos encontremos; “nada tienen que ver las 3.500 viviendas de uso turístico de Sanxenxo con las 54 que hay en Sober”. En ciudades como Vigo hay cuatro veces más alojamientos turísticos que alquileres convencionales y la mitad de estos cuestan más de 900 euros. “Las viviendas de uso turístico están reguladas por la Xunta de Galicia, por un decreto del 2017, hecho para una situación que nada tiene que ver con la actual. Ahora quien debe tomar la iniciativa son los concellos”, explica. Además, también tendrá que haber adaptaciones de la administración gallega. “En Oleiros no hay ninguna vivienda de uso turístico”, menciona como ejemplo.
“No se deben dar más licencias, pero sobre todo hay que perseguir los pisos ilegales
Desde el Sindicato de Inquilinos de Vigo alertan del riesgo que suponen los pisos turísticos al mercado de la vivienda. “Ya no solo debería estar regulado, sino prohibido”, indica. “No se deben dar más licencias pero, sobre todo, hay que perseguir aquellos que sean ilegales”, añade. La carencia de vivienda en las ciudades es, según Telmo, un “gravísimo problema”. Para su sindicato la solución pasa necesariamente por dejar de emitir licencias y revisar el precio del alquiler, para que no suba en exceso por la competencia. “Las cláusulas abusivas que se piden no son derivadas del turismo, pero en conjunto hacen que sea imposible vivir en una ciudad”, indica. “Aquella persona que tiene un piso y lo pone como turístico para ganar 3.000 euros en vez de 600, no se le puede llamar casero, sino especulador”, afirma. “La vivienda es un bien de primera necesidad, ya estamos viendo como en varios países de Europa está prohibida la venta de pisos para especular”, explica. Telmo cree que en el futuro veremos como algo “espantoso” el mercado actual, en el que es cada vez más difícil encontrar donde residir. Esta crisis vivienda-pisos turísticos estalló, a ojos del Sindicato de Inquilinos, hace aproximadamente cuatro años. Es un fenómeno nuevo: “Comenzó con el auge de Airbnb y se convirtió en un fenómeno especulativo. Hasta el punto de que ya no se puede vivir en muchos barrios”.
Protestar
Para Telmo es fundamental que vecinos como los de O Hío, afectados por la llegada masiva de visitantes a sus playas y carreteras, se organicen y protesten: “Hay que actuar, nuestro patrimonio natural y cultural está en riesgo porque no se respetan los espacios que se pisan”.
Los vecinos de O Hío, unidos ante la “invasión” de sus calles
Vecinos de varias aldeas de O Hío se reunieron para decir “basta” a la afluencia de vehículos foráneos que saturan la vida normal y que, en ocasiones, hasta les impide acceder a sus propias casas.
El pasado domingo, salieron a la calle para protestar: cortaron el tráfico en dos pasos de peatones para exigir al Concello de Cangas una solución que, a estas alturas, solo podría darles de cara al próximo verano. Precisamente, una de las claves que da el demógrafo César Ferrás es adelantarse durante el invierno y planificar el tráfico en las aldeas de O Morrazo. “En el Mediterráneo hay policía municipal y voluntarios organizados para medir el paso de los visitantes”, señala.
Los vecinos de O Hío seguirán la línea de protestas que celebran cada sábado para pedir la reapertura del consultorio médico. Por ahora, las líneas amarillas no sirven de nada, los visitantes aparcan igual.
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