María Mittelbrunn | Investigadora del CSIC en el Centro de Biología Molecular

“Nos ilusiona aplicar inmunoterapia al alzhéimer, aunque aún es una hipótesis”

“Galicia es longeva porque se come bien, se socializa... En EE UU baja la esperanza de vida”

María Mittelbrunn 
Herrero (Madrid, 1977).

María Mittelbrunn Herrero (Madrid, 1977).

Martín G. Piñeiro

La doctora en Medicina, Bioquímica y Biología Molecular con raíces en Luarca, María Mittelbrunn, dirige desde 2017 el Laboratorio de Inmunometabolismo e Inflamación del Centro de Biología Molecular de Madrid. Busca las claves para fortalecer e incluso rejuvenecer el sistema inmunitario, consciente del papel que juega en el envejecimiento. “Nunca llegaremos a ser inmortales, lo que buscamos es la mayor calidad los años que vivamos”.

–¿Qué asuntos abordará en el diálogo de hoy en Santiago?

–Intentaré poner el foco en un cambio que emergió en 2020 y revolucionó la investigación sobre el envejecimiento y las enfermedades asociadas a la edad: la evidencia de que el sistema inmunitario tiene un papel fundamental a la hora de envejecer sanos. De ahí surgió la revolución de la inmunoterapia. Con esa misma idea, vemos como ese sistema también es capaz de regular cómo envejecemos: es capaz de identificar y eliminar las células dañadas, las llamadas senescentes, lo que nos beneficia. Por otra parte, el sistema inmunitario de los humanos tiene memoria y, de hecho, en base a ella funcionan las vacunas. Pues con la edad se pierde esa memoria inmunológica.

–Es una línea de investigación relativamente nueva. ¿Surgió a raíz de la pandemia?

–La línea de investigación venía de atrás. Quedó en evidencia que cuando envejecemos, ese sistema se deteriora, así que nos volvemos más vulnerables a infecciones, entre ellas la del SARS-CoV-2 que causa COVID. Incluso las vacunas funcionan peor en la gente mayor. Lo novedoso de la investigación fue descubrir que el sistema inmunitario también controla lo rápido y lo sanos que envejecemos, así que es un arma muy poderosa y muy prometedora. Podemos hacer ingeniería con las células inmunes y manipularlas para que, por ejemplo, reconozcan una célula tumoral y la maten.

–¿Y qué descubrieron?

–Que un ratón joven, pero con un sistema inmune envejecido, tenía fallos en el corazón, enfermedades cardiovasculares, fallos metabólicos, deterioro cognitivo... Solo por acelerar el envejecimiento de su sistema inmunitario se precipitaban muchas enfermedades asociadas. Esas evidencias son un punto de partida sobre lo prometedor que es el sistema inmunitario; es una herramienta muy compleja que podemos tratar de rejuvenecer para lograr un envejecimiento sano.

–¿Cómo podemos proteger el sistema inmune?

–Con hábitos saludables, como siempre, ya que ayudan a disminuir la inflamación crónica. Comer sano, no comer productos muy procesados, evitar la exposición a tóxicos, al tabaco... Y el ejercicio físico también es un gran antiinflamatorio.

–¿Es la alimentación el factor más determinante para nuestra inmunidad?

–Tenemos más células bacterianas que propias y una alimentación rica en fibra favorecerá el equilibro entre ambas. Nosotros las necesitamos a ellas y ellas nos necesitan a nosotros, pero siempre con una relación de cooperación. Pero si no les das fibra suficiente, esa relación puede deteriorarse.

–Habla mucho del concepto de la inflamación crónica como clave en el desarrollo de enfermedades. ¿En qué consiste?

–La respuesta inflamatoria es algo que nos protege. Pero si el umbral inflamatorio ya está alto, si la inflamación es sostenida, crónica, las células inmunes no responden de forma tan eficiente porque ya están recibiendo continuamente esa llamada a actuar. Es lo que pasa con el envejecimiento: estas células senescentes acumulan daño y empiezan a producir moléculas inflamatorias, las citoquinas. Si medimos las citoquinas en un niño y en una persona mayor, vemos que son más altas en la persona mayor porque la inflamación crónica va asociada a la edad. Es el concepto del “inflammaging”, acumular células senescentes con la edad.

–¿Influye la genética en que seamos más o menos longevos?

–Sí. Hay estudios que establecen algún tipo de asociación entre algunos genes que pueden contribuir a ese envejecimiento más o menos saludable, y hay familias con historial de longevidad.

–¿Dónde se centran los esfuerzos de la investigación de su departamento en este momento?

–Si hasta ahora se analizaban las consecuencias de un sistema inmune deteriorado en la aparición de enfermedades, ahora la estrategia se centra en buscar alternativas. ¿Podemos rejuvenecer el sistema inmunitario? Estamos siguiendo distintas vías para lograrlo. Trabajamos con animales de experimentación con intervenciones nutricionales, ya que las células inmunes se pueden volver más o menos inflamatorias según la alimentación. También hacemos terapia celular e intentamos rejuvenecer células in vitro.

–La inmunoterapia supuso una revolución en la lucha contra el cáncer. ¿Será aplicable también a otras enfermedades como el alzhéimer?

–Esa es una línea de investigación muy activa en muchos laboratorios del mundo y tenemos mucha ilusión con esa idea, pero todavía es una hipótesis. Con las enfermedades neurodegenerativas se creía que el cerebro era un lugar de llamado “privilegio inmune”, donde el sistema inmunitario no llegaba a participar. Pero comprobamos que los linfocitos T con los que trabajamos sí se infiltran en el cerebro. Falta por ver si en el cerebro eso es manipulable como lo podemos manipular en otros tejidos.

–Llega a Galicia, territorio envejecido pero además muy longevo. ¿Qué explica esta longevidad que se sitúa entre las más altas del mundo?

–¡La buena vida! [ríe] Se come bien, se vive más relajado que en otras partes del mundo, se socializa, porque las relaciones son buenas para mantener un envejecimiento saludable, puede haber alguna variante genética en un lugar concreto... Todas esas cosas hacen de Galicia y Asturias un paraíso y que la población sea más longeva. En Estados Unidos estamos viendo que se reduce la esperanza de vida, mientras la medicina avanza. Pero es una sociedad donde se impone la comida procesada y la comida basura.

–¿Y está lejos la inmortalidad?

–Yo creo que nunca llegaremos a ser inmortales. Y tampoco nos interesa... Lo que buscamos es más calidad durante los años de vida que vivamos, pero nada más.