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Matemáticas se dispara: la nota de corte ya es el doble de alta que en 2015

Las ciencias básicas generan más interés por su versatilidad a las crisis

Educación Primaria y Pedagogía también repuntan

Baja Traducción en la Universidade de Vigo

Facultad de Matemáticas de la USC.

Facultad de Matemáticas de la USC. / Antonio Hernández Ríos

Patricia Casteleiro

Patricia Casteleiro

Vigo

Los alumnos de Bachillerato podrían padecer cierto vértigo al mirar las calificaciones que deben alcanzar para poder cursar un grado. Medicina, la más solicitada, se sitúa en un 12,69 y Matemáticas ya alcanza el 12,26, el doble que hace ocho años. Otras titulaciones novedosas como Inteligencia Artificial se cerró en un 11,19 o Biotecnología, cuyo último alumno en entrar el año pasado tenía un 12,39.

Pero, si bien es cierto que las notas de corte son cada vez más altas, no por ello es más complejo entrar en el sistema. Tras la pandemia aumentaron en la mayoría de las titulaciones y, en proporción, disminuyó la dificultad de las pruebas de acceso. Además, como señala la experta Maite Flores, del programa Ponte de la USC entre Ensino Medio e Universidade, “el Bachillerato ahora está dedicado a pasar la selectividad”.

Algunas titulaciones “se dispararon” en relación a ocho años atrás, justo después de la derogación de la Ley Orgánica 8/2013 del 9 diciembre, la LOMCE (también conocida como Ley Wert), y no sólo por la pandemia. El interés del estudiantado cambió.

Todas las ciencias básicas –Matemáticas, Física, Química o Biología– experimentaron una subida. En el caso de la primera, su puntuación es ahora el doble de alta. Pasó de tener un corte de 6,58 en 2015 a un 12,26. Solo uno de cada seis alumnos logran entrar: en 2023 solicitaron cursar el grado 665 personas para 110 plazas.

En el caso de Química, la última nota del 2023 es un 66% más alta que hace ocho años. Es el tercer grado que más subió su puntuación en la última década. Por delante, Matemáticas (que aumentó un 86,32%) e Ingeniería Mecánica en la UVigo que subió un 73,93%.

Flores explica que durante la crisis del 2008 las ciencias básicas experimentaron un bajón: “Ocurrió lo mismo con las ingenierías y no es más que una respuesta al mercado”. La profesora de física indica que los profesionales especializados en materias concretas no se iban a poder adaptar o reutilizar sus conocimientos en caso de crisis. “La contratación de las empresas empezó a aumentar muchísimo de cara a profesionales de esas ciencias básicas en las que se adquieren más capacidades para enfrentarse a un problema”, añade.

Esta teoría puede ser aplicable a las ingenierías que más se adaptaron como fue el caso de la Mecánica. Mientras, otras como la química quedaron desplazadas.

Por otra parte, también se observa una escalada en Educación Primaria, Educación Infantil y Pedagogía. Tomando como ejemplo los grados de Santiago, las carreras de magisterio rondaban el 7 en 2015; mientras que en Pedagogía se podía acceder con un 6,6. En 2023 fue necesario superar el 10 para entrar en Primaria e Infantil y la nota de corte de Pedagogía cerró en un 9,42.

“Este repunte ocurrió en toda España. Puede responder a las convocatorias de plazas por parte de la Administración Pública”, reflexiona Flores.

Por otra parte, Pedagogía -igual que ocurre con Psicología- es un grado transversal que, según esta docente, adquirió un papel de mayor relevancia por el aumento de la visibilidad de las necesidades de salud mental de la sociedad.

Otra de las que se cuelan entre las que más aumentaron su calificación de acceso fue Historia. En 2015 se pudo acceder con 6,4; en 2018 con un 7,67 y en 2023 ya alcanzó el 8,98. “Hay mucho interés en este grado. La imagen antigua del historiador ya no se corresponde con la actual. Ahora este profesional se necesita en muchos campos”, asegura Flores. Además, indica que hoy en día los estudiantes se interesan más en averiguar las salidas laborales que pueden presentar los grados.

En el otro lado de la balanza está Traducción e Interpretación de Español-Inglés en la Uvigo e Ingeniería Química en la USC. En la primera, la nota de corte bajó un 20% y en la segunda lo hizo un 13%.

Estas variaciones, que no son homogéneas porque la pandemia disparó las calificaciones, también se vieron influidas por el nivel de preparación actual de las pruebas. El bachillerato funciona como una herramienta para acceder a la universidad. “Antes se daban los contenidos que correspondían y después era optativo acudir a las pruebas de acceso. Desde la Universidad nos cansamos de decir que nuestro examen de ABAU es para ordenar a los alumnos. Ya tienen que venir aprobados de allí”, dice Maite Flores.

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