Más hogares con mascotas que con bebés

Galicia registra casi cinco veces más animales de compañía que nacimientos el último año: 14.556 recién nacidos y 65.186 cachorros

La tendencia, al alza desde 2018

Madres con sus bebés y un perro, en un parque de Vigo. |   // JOSÉ LORES

Madres con sus bebés y un perro, en un parque de Vigo. | // JOSÉ LORES / e.ocampo

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Cachorros y amigos peludos de diversas especies, canes de diferentes tamaños –y con nombres cada vez más curiosos– se integran no solo en los hogares gallegos si no en locales de hostelería, transportes como Renfe, playas y establecimientos que cuelgan el letrero de “pet friendly” y, por tanto, dejan a sus propietarios acceder en compañía de sus perros y gatos domésticos. Y no solo en la calle se percibe esa tendencia, que se extiende desde al menos hace un lustro en Galicia, cuando se hizo obligatorio identificar con chip a las mascotas en el Regiac (Rexistro Galego de Identificación de Animais de Compañía) dependiente de la Xunta. Los perros han conquistado más espacios públicos y también cada vez más hogares gallegos: fueron 65.186 las mascotas identificadas en el Regiac el último año (2022) y otras 66.073 dadas de alta en 2021. Los datos también avalan la tendencia al alza desde 2018 y solo un poco aminorada durante la pandemia.

Mientras, la línea de la natalidad en Galicia sigue su curso descendente. Tanto es así que el número de animales de compañía que entraron a formar parte de hogares gallegos multiplicó casi por cinco a los nacimientos el año pasado: 14.556 recién nacidos en 2022, el mismo año que se registraron 65.186 mascotas. Y en 2021, cuando los nacidos gallegos fueron 14.757, las mascotas dadas de alta sumaron 66.073 en Galicia. O, viéndolo de otro modo, en 2022 había en Galicia solo 82.826 niños de entre 0 y 4 años; una cifra que superan ampliamente las mascotas registradas en solo los dos últimos años.

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mascotas / Hugo Barreiro

Es decir, la misma sociedad que avanza firme en la tendencia de cada vez tener menos hijos, opta por aumentar los integrantes del hogar de cuatro patas. No solo eso. Surgen ofertas que evidencian la filosofía contraria: cruceros, hoteles y locales que cuelgan el cartel de “solo adultos”.

El profesor de Sociología de la Universidad de Vigo (UVigo), José Francisco Durán Vázquez alude a un cambio de percepción de los animales en un mundo global. “En una sociedad donde se busca la autenticidad y las relaciones son mucho más individualizadas, las personas proyectan la idea de humanidad sobre su mascota, sin contradicciones”, resume.

Además, ese vínculo implica menos exigencias que un hijo. “Todo el afecto que deposito sobre la mascota, me revierte porque es ‘alguien’ que no me va a dar problemas”, explica, para luego avanzar hacia “la fusión entre mi mascota y yo”.

“Puedo depositarle toda la confianza y cariño que yo quiero, pero no me genera conflictos ni tampoco problemas que [a diferencia de un hijo], no voy a asumir”, prosigue Durán. También contrapone los pequeños sacrificios diarios a los que obligan los animales de compañía –alimentarlos o sacarlos a pasear, que también aportan contraprestaciones como socializar durante ese rato, o hacer deporte–, con los duros esfuerzos que representa sacar adelante la educación y la inversión económica de traer hijos al mundo. Esa sería la razón fundamental por la que –en ocasiones– los propietarios de animales domésticos llevan mal una crítica o comentario sobre un comportamiento de su mascota. Lo sienten como algo suyo.

El experto de la UVigo comenta, en todo caso, que no se puede identificar el crecimiento del número de animales con la menor natalidad, porque en muchos hogares “la mascota alivia la soledad”. “Personas que viven solas pueden tener compañía a cambio de no demasiado compromiso, que sí exige un hijo”.

Explicación similar es la que comparte el profesor de Sociología en la Universidad de Santiago (USC), Jorge García Marín, integrante del grupo de investigación en estudios de genéro, feminismo y educación: “La tendencia a tener menos hijos e hijas tiene que ver con cómo se entiende hoy la sociedad; es más individualista y dueña del carpe diem”. Una tendencia “global en los países más desarrollados y que será difícil de revertir”, considera el experto. “Las familias han pasado de ser una unidad de producción, (cuantos más miembros, mayor capacidad de trabajar las tierras) a una unidad de consumo. Son conscientes del coste, no solo económico sino de la inversión en tiempo que representan los hijos”, reflexiona en un mundo en el que despunta el empoderamiento femenino, también en el contexto laboral y en el que se retrasa la edad de la maternidad y la paternidad, porque las prioridades pasan por la carrera, la búsqueda de un trabajo mejor y después, viajar. Un tipo de sociedad que se instala también en Galicia, donde tener hijos se va aplazando, asegura García Marín. “Las sociedades más modernas tienen menor natalidad, más esperanza de vida y más mascotas”, ejemplifica.

Las mascotas, al final, se convierten en lo más parecido a un hijo... si recibes afectividad y cariño con su compañía y no hay tanto que negociar, es mucho más compatible con el esquema más individualista de nuestra época”, comenta. O resumido ya en el discurso de Michael Douglas, en su interpretación de Gordon Gekko en la película “Wall Street” –que data de 1987–: “Si quieres un amigo, cómprate un perro”.

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