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Los trucos digitales de tus hijos para no atender en clase

Los docentes admiten que saltarse los controles en el colegio y en casa es un juego para los niños | Chatean, ven Instagram y series en el aula, si se aburren o para impresionar a sus compañeros

Adolescentes durante una de sus clases. FDV

Hace 30 años, cuando los padres de hoy eran los niños de ayer, también se buscaban distracciones de todo tipo para evadirse del tedio que algunas asignaturas causan a determinadas edades. La era analógica reducía las opciones a: dibujar, mandar ‘notitas’ o mirar por la ventana.

Los niños de hoy cuentan con una herramienta poderosa que, mal utilizada, genera más de un quebradero de cabeza en el colegio (y también en casa). Es el ordenador. Un aparato integrado en las aulas con la idea de que los niños aprendan las habilidades digitales que tan útiles les van a ser en el futuro, pero que conlleva ciertos riesgos para los niños.

Muchos profesores apuntan a la necesidad de trabajar junto a los padres en la educación de los alumnos, para enseñarles un uso responsable y positivo. Algo que se complica, a veces, por la falta de tiempo y en otras ocasiones, por el desconocimiento. Y que permite el desarrollo de una picaresca asombrosa entre los chavales para usar el ordenador del cole como el baúl de los juguetes, para distraerse o envalentonarse frente los demás. FARO ha hablado con padres y profesores de niños de Primaria y adolescentes de ESO y Bachillerato. Estos son algunos de los trucos digitales que usan los estudiantes para no atender en clase (y no dormir en casa).

Control digital

El control digital de los colegios es muy variado y depende del modelo de bloqueo que elige el centro. En Galicia los centros públicos pueden adherirse al programa de la Xunta E-Dixgal, basado en un modelo educativo digital por el que se facilita a los centros equipos informáticos, se ofrecen contenidos y se habilita una especie de intranet restringida y controlada (24 horas) desde la que se opera en el día a día. Pero los colegios concertados y privados eligen la suya con el nivel de seguridad que consideran oportuno.

Así, los alumnos de ESO de un colegio concertado de Vigo, donde el control cubre solo el horario de clase (08.00-15.00 horas) cambian el huso horario en la configuración de sus portátiles para tener acceso ilimitado a internet durante las clases.

BitBrowser

Un buscador que permite tener “más ventanas del navegador, más cuentas de inicio de sesión, evita la asociación entre ventanas y bloqueo de cuentas”, como reza su web. “Así el profesor no puede controlar lo que vemos, ni se queda registrado en el historial de búsqueda.

Primero hay que cerrar todas las pestañas eso sí, y abrir internet desde cero”, confiesa una alumna de 14 años. Desde ahí también es posible acceder a Instagram o abrir Netflix para ver una serie. Además hablan entre ellos durante la clase. Lo hacen creando una presentación de un trabajo compartido. “No sospechan porque lo llamamos ‘trabajo de francés’ y como se puede editar, hablamos entre nosotros sin que lo vea el profesor”, cuenta otra alumna de ESO.

En otro idioma o con signos

Las restricciones que imponen los centros educativos a determinadas páginas o contenidos en internet responde, muchas veces, a lo que los educadores conocen. “Capan lo que ellos quieren, no todo está cerrado”, cuenta otro alumno de ESO. “En clase de música, que es un rollo, jugábamos al ‘juego de la serpiente’ pero lo bloquearon. Así que, para saltarnos la barrera, lo buscamos en inglés, y seguimos jugando”, explica el adolescente.

Contenidos especialmente sensibles tienen un nivel de control mayor, como los relacionados con el suicidio, por ejemplo. Pero es fácil acceder a ellos si se intercambian algunas letras por números o signos de exclamación. También se da el caso de profesores que los buscan para hacer dinámicas en clase y no pueden. “A veces la Xunta nos avisa de que se ha hecho un uso indebido de un portátil (identificado por usuario e IP), que puede ser de un alumno o de un profesor que intenta educarles en algunos temas sensibles. En este último caso tenemos que pedir expresamente que nos habiliten el acceso”, dice la responsable TIC de un instituto.

Videollamadas en clase

Se llama Omegle, se accede a través de BitBrowser y algunas redes sociales, “es un sitio web gratuito de chat y vídeo en línea que permite a los usuarios socializar con otras personas sin necesidad de registrarse”, dice su página. Su lema en español: ¡Habla con desconocidos! “Estábamos en clase y Luis hizo una videollamada con una chica de otro país, cuando descolgó la vimos y nos reímos antes de colgar”, cuentan unas estudiantes de Secundaria.

Hacer los deberes entre todos

“Los más pequeños tienen picardías muy variadas. Tenemos alumnos que con 11 años en una clase crearon un chat (aparte del abierto por el profesor) para hacer los deberes entre todos”, cuenta el director de un colegio de Ourense que recalca que se trata de cosas normales a su edad y al acceso tecnológico que tienen. “Con los pequeños todo es más fácil porque cuando alguno hace algo fuera de lo normal, te das cuenta enseguida, todos se ríen, no lo pueden evitar”, concluye. “En Primaria son realmente hábiles. Los niños tienen facilidad para manejar este tipo de tecnología porque están inmersos en ella. Intentamos enseñarles los riesgos para que convivan con la realidad”, dice la directora de un colegio público del centro de Pontevedra.

En casa o el coche, cuando se les da el ‘móvil de papá’ para que estén callados los pequeños, entran en YouTube y juegan más tiempo del que creen los padres. Por ejemplo, desde iMessage (en el iPad) previsualizan vídeos de YouTube sin restricciones. O desde Juegos infantiles como ‘Tom’.

“Prohibimos el ordenador en el recreo, para que los alumnos socialicen”

“Se nota cuando un alumno es adicto (a los dispositivos electrónicos), se ve el primer día en los primeros minutos de clase. Tiene una actitud diferente a la del resto de sus compañeros, suele tener el ordenador ya abierto cuando entro. Y en los ojos tiene una expresión muy particular. Cuando le pido al alumno que baje la pantalla se pone muy nervioso”, explican dos profesoras de un instituto vigués (Bachillerato y primero de la ESO). Afirman que “los niños traen esta adicción de casa” y que se detecta principalmente entre los más pequeños del centro (14-15 años).

“Trabajamos en desintoxicarles, un proceso complicado si no se cuenta con el apoyo de los padres, que también deben implicarse”, recalcan las docentes. “Son pocos, pero todos los cursos hay alumnos con una clara adicción al ordenador”, dicen explicando que en los primeros cursos de la ESO no se les permite llevar el teléfono y que tuvieron que prohibir el uso del ordenador en el recreo (el centro está dentro del programa E-Dixgal, les cede los ordenadores para uso personal durante el curso).

“Tuvimos que vetarlo porque algunos alumnos seguían jugando con él, en lugar de hablar con sus compañeros” y eso genera problemas de socialización, subrayan las profesoras. “Muchos padres no son conscientes de las horas que pasan sus hijos conectados, también de noche. Ni a qué contenidos acceden. Suelen decir que no lo hacen. O que tienen capado internet, pero los chavales saben saltarse el control parental. Hay que controlar en casa y ayudarnos a enseñarles un uso correcto, porque su vida va ir vinculada a la tecnología y tienen que aprender a sacar lo bueno y conocer los peligros”, afirman las profesoras.

“Nos falta autoridad porque los padres nos anulan delante del alumno”

Nadie está exento de un mal uso de las tecnologías, tampoco los padres. Los últimos años han demostrado el cambio de modelo comunicativo también entre ellos, que crean distintos grupos de WhatsApp con los papás de la clase de cada uno de sus hijos. Varios profesores explican que es normal que surja el “típico grupo con padres tóxicos”. Son aquellos que cuestionan cada decisión tomada por el profesor, instigando al resto de padres a participar en un ‘aquelarre’ donde nadie sale beneficiado. Alterando a todo el mundo y generando polémicas (normalmente sin fundamentos objetivos sobre una supuesta mala praxis docente), que en ocasiones acaban en el ‘linchamiento’ digital del profesor de turno, y que son tan difíciles de esquivar en el entorno familiar. Porque, más allá de si existe alineamiento o no con las opiniones vertidas en el chat, es inevitable comentar en casa lo que se dice en él. Cuando además se comparte o se es parte del comité instigador, los padres se convierten (a veces sin querer y otras queriendo) en el acicate perfecto para que los hijos, que también son alumnos, mantengan actitudes desafiantes o pasotas con sus profesores, lamentan los docentes. Es una actitud natural en los adolescentes, pero, en algunos casos, es acentuada y mal entendida por el impulso y la sensación de respaldo que generan en ellos muchos padres. “Es difícil gestionar un problema, hay chavales a los que no puedes ayudar porque cuando se lo dices a sus padres, estos les protegen y te desacreditan como tutor. El alumno lo ve, lo sabe, y así no se le puede educar. Los padres nos anulan”, lamenta la profesora de Secundaria de un centro Pontevedrés, Begoña Fernández.

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