Un estudio realizado con casi un millar de alumnos (867) de entre 10 y 17 años y encuestados en doce centros gallegos –seis de la provincia de Pontevedra y otros seis en A Coruña– ha probado que la práctica de ejercicio físico mejora el rendimiento académico. Al menos, en las asignaturas examinadas, que fueron Lengua y Matemáticas. La investigación entre los estudiantes gallegos también estableció una relación favorable entre el hecho de que los padres hagan ejercicio y que sus hijos lo practiquen, así como con la importancia que den en casa a la asignatura de educación física, para promover la práctica del deporte. “Medimos también la practica deportiva de los padres, especialmente la adherencia deportiva de las madres: sus hijos son los que más actividad física practican. También, si les dan la misma importancia a la educación física que al resto de las asignaturas, practicarán más deporte federado y sacarán mejores notas”, argumenta el doctor en Psicología y firmante principal del estudio, Manuel Isorna-Folgar.

“Se seleccionaron las asignaturas de Lengua española y Matemáticas por ser materias básicas para el desarrollo cognitivo, que han sido empleadas como medida del rendimiento académico en trabajos anteriores”, indica sobre la metodología Isorna-Folgar, que firma junto con otros investigadores como Mario Albaladejo Saura, Antonio Rial-Boubeta y Raquel Vaquero Cristóbal.

Entre los datos que aporta el estudio, destaca que un 93% de los participantes, que estaban cursando entre 5º de Educación Primaria y 4º de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) eran activos en su tiempo de ocio, mientras que entre los padres y madres la mayoría había abandonado ya la práctica deportiva. Así, el alumnado cuyos progenitores realizaban deporte mostró mayor participación, mientras que aquellos cuyos progenitores no practicaban tuvieron mayor tendencia al sedentarismo.

Respecto al rendimiento académico, no solo se midió entre buenos estudiantes. “El porcentaje del alumnado que había repetido curso y que no había suspendido ninguna asignatura fue significativamente menor entre aquellos que realizaban algún tipo de práctica deportiva”, concluye también la investigación.

Es decir, nueve de cada diez niños y adolescentes encuestados son activos fuera del horario escolar. “Estos datos superan ligeramente a los mostrados por otros autores, lo que podría deberse a las diferencias en el rango de edad entre ambos estudios”, explican.

En este sentido, el porcentaje de activos disminuye a lo largo de la formación obligatoria, especialmente en el paso a la Secundaria. Subrayar que uno de los motivos que produce una mayor tasa de abandono deportivo durante la niñez y la adolescencia se atribuye a la creencia de que el tiempo de dedicación al deporte perjudica el rendimiento en los estudios, algo que ha sido comprobado en la etapa de Educación Primaria, siendo un tema poco estudiado en la Educación Secundaria Obligatoria –hasta ahora–, a pesar de la importancia que tiene este tema en la adolescencia al ser un periodo crítico para que se mantengan unos hábitos de vida saludables. Disponen de datos suficientes para poder establecer que, si bien en la infancia se es normalmente físicamente activo, durante la adolescencia se comienza a abandonar la actividad física por múltiples razones, dando como resultado un aumento del sedentarismo entre los jóvenes y adolescentes, especialmente agravado a nivel mundial por la COVID-19.

Además, los adolescentes sedentarios suelen ser adultos sedentarios, siendo un factor determinante en la aparición de obesidad, diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia, cáncer. Las horas asignadas a la asignatura de educación física son insuficientes para mantener un estilo de vida activo según los criterios de la OMS.