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Cuando la experiencia es más que un grado

Estefanía Cabarcos Blanco, de Inglés, logra la mejor puntuación de los aspirantes a maestro

Estefanía Cabarcos Blanco. E.C.

Con tres años, la pontesa Estefanía Cabarcos Blanco ya tenía claro que quería ser profesora: Llegaba de la guardería y ponía a sus muñecos en fila para darles clases de Inglés. Con ese idioma, que siempre le gustó, se quedó. Cursó Filología Inglesa e hizo el CAP y, aunque durante las prácticas averiguó que la adolescencia no era el rango de edad en el que se sentía “cómoda”, pudo confirmar su vocación de enseñar, así que se embarcó, embarazada de su hijo mayor y vía telemática, en Magisterio. En la especialidad de Inglés logró en la OPE de este año la mejor puntuación del cuerpo de maestros: un 9,0800.

Experiencia no le faltará cuando se incorpore al Colegio Rosalía de Castro, en A Coruña. Llega con 14 años de docencia en la concertada, en el Liceo La Paz, en la misma ciudad. “Ahí me formé como persona, profesional, mamá y como todo”, reconoce esta maestra quien, además de ser docente y tutora en Primaria, compaginó esas tareas con la dirección de la escuela de idiomas del colegio, una faceta que le sirve en su propia academia de inglés, que acaba de abrir. Y eso mientras opositaba, cuidaba a dos niños y ejercía como examinadora de Cambridge. “Aburrirme no me aburro”, bromea.

A la segunda va la vencida

Para Cabarcos, que quería conciliar y tras convencerse de que necesitaba “un cambio de ciclo”, a la segunda fue la vencida. Ya había opositado en 2009 y, aunque casi había sacado la misma nota, había menos puestos y se quedó sin plaza. Era muy joven entonces (ahora tiene 38 años), alega, y tal vez no tenía el apoyo familiar que dice tener ahora. Tanto su marido como sus padres estuvieron “ahí” para que dedicase horas al estudio. A eso añade que la experiencia de interina fue “determinante” y aplaude que se valorase igual a los profesionales de privada y concertada, donde se trabaja “muy bien”. “Ahí es dónde aprendí a ser maestra, no en la facultad”, proclama.

Pero no fue lo único que influyó. “Estudié muchísimo e intenté ser creativa, original. Elaboré todos los materiales que aporté el día de la defensa de la unidad e introduje las nuevas tecnologías en casi todo. Eso creo que marcó la diferencia”, explica. A prepararse le dedicó un año y la suerte le sonrió: tocó su tema favorito. “En cuanto salió el 5, supe que la plaza era mía”, dice.

En la pública, se estrena ley y Cabarcos defiende “darle una vuelta al sistema”: “El aprendizaje memorístico aún ocupa demasiado porcentaje de las horas. Los niños deben ser capaces de hacer cosas y, cuando tengan un puesto, de resolver problemas, trabajar en equipo y ser creativos”. Aparte, con el inglés, considera que hay una “cuenta pendiente”, ya que se le da “mucha importancia a la gramática” cuando la competencia comunicativa es “fundamental”.

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