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Faro de Vigo

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Marisol Soengas | Jefa del Grupo de Melanoma del CNIO

“Además de la exposición al sol, se estudia la relación de la dieta y la microbiota con el melanoma”

“Hay muchos aspectos que no soluciona la nueva Ley de Ciencia a nivel de contratos y financiación a largo plazo”

Marisol Soengas, en su despacho en el CNIO. | // CEDIDA

La vicepresidenta de la Asociación española de investigación sobre el cáncer, ASEICA, y jefa del Grupo de melanoma del CNIO, Marisol Soengas (Agolada, Pontevedra, 1968) es una experta internacionalmente reconocida en la investigación básica y aplicada del melanoma. Su laboratorio ha identificado factores que definen las llamadas “señas de identidad del melanoma” y que lo distinguen de más de 25 tipos de cáncer. Ha desarrollado modelos animales que permiten visualizar su desarrollo desde fases muy tempranas, y hallado nuevos mecanismos de inmuno resistencia. Además, resultados generados en su laboratorio han servido de base para la constitución de la compañía Bioncotech Therapeutics. La European Molecular Biology Organization (EMBO) la acaba de elegir como nuevo miembro en esta prestigiosa organización.

–Solo cuatro científicos españoles se incorporan este año a la EMBO, en reconocimiento “de su contribución a la excelencia científica”. ¿Satisfecha con la noticia?

–Fue una sorpresa que recibí con mucho orgullo. Formar parte de EMBO es un honor, porque es proceso muy competitivo. De 67 miembros que este año se han incorporado, solo cuatro son de España. La nominación pasa por un estricto proceso de evaluación. Ha sido una alegría también por las felicitaciones de los compañeros.

–En su ingreso recientemente en la Real Academia Galega de Farmacia, impartió un discurso titulado “Avances en el diagnóstico y tratamiento de los melanomas”. ¿Cuáles son esas principales novedades?

–Sí. Hace unos meses que ingresé también la Real Academia Galega de Ciencias y, la verdad, es un honor que te reconozcan en tu tierra por el impacto científico y farmacológico de tu trabajo. Con respecto a las últimas novedades, estamos en un momento de gran actividad en el laboratorio. Trabajamos en tres frentes. Uno de ellos es entender mejor cómo estos tumores se diseminan por el organismo –porque los melanomas tienen una capacidad de llegar a distintos órganos y hacer metástasis en fases muy tempranas, aún con lesiones de un poco más de 1 mm de grosor–. Y hemos visto que la malignidad de los tumores no viene derivada solo por la alteración de las células cancerosas, sino de cómo se comunican con el entorno y son capaces de alterar la rutas por las que se diseminan y bloquear el sistema inmunitario. Intentamos comprender y visualizar todo ese proceso de metástasis. El melanoma es muy eficiente en esconderse y desactivar los procesos de ataque. Nosotros hemos encontrado proteínas que median en esa resistencia, y estamos desarrollando estrategias para reactivar el sistema inmunitario. Desde el punto de vista más más aplicado, estamos trabajando el desarrollo de nuevos posibles fármacos.

–¿Cuánto tienen que ver los factores ambientales en este tipo de cánceres?

–Los factores ambientales son muy importantes en el desarrollo del melanoma. La exposición solar es uno de los mayores factores de riesgo porque produce alteraciones y mutaciones en el ADN de los melanocitos, células que dan lugar al melanoma. Pero las quemaduras solares no son el único inductor: los melanomas pueden aparecer en la piel, pero también en los ojos, las mucosas y en otras zonas que no están expuestas al sol. Hay factores que dependen del propio tipo de piel: pieles muy claras con lunares, o que no responden al bronceado y no se pigmentan bien, tienen mayor riesgo de desarrollar melanoma. Es decir, hay un factor ambiental y otro genético. Pero ya se estudian otros componentes como la microbiota (la población de bacterias que tenemos en el organismo y la piel) u otros factores relacionados con la dieta, que aún no está muy claro cómo afectan.

–¿Cómo afectarán las novedades a la detección precoz?

–Hay avances en dos grandes frentes: en las bases moleculares que distinguen los melanomas de los lunares y en el ámbito de la inteligencia artificial. Se han desarrollado plataformas informáticas que han aprendido a distinguir lesiones benignas de malignas, a base de analizar miles de muestras y utilizar el aprendizaje profundo (deep learning). Esta tecnología ayudará a especialistas en Dermatología para distinguir el riesgo de desarrollar melanona y definir si es una lesión maligna o un lunar. La posibilidad de enviar datos y usar programas a especialistas clínicos va a permitir democratizar el diagnóstico, en ciudades o pueblos pequeños que no tengan especialistas en Dermatología. También cuando haya dudas en el diagnóstico, les va a facilitar mucho el proceso. Incluso hay aplicaciones móviles para hacer un seguimiento de lunares en el tiempo.

–Desde algunas instituciones, tras la pandemia, han criticado los recortes en todas aquellas investigaciones que no se apelliden “Covid”.

–El llamamiento a la financiación hay que hacerlo siempre, porque España aún destina la mitad del nivel del PIB que se lleva la investigación en Europa. Es cierto que ha habido fondos europeos, sobre todo de resiliciencia, pero son muy finalistas. Nos preocupa la financiación continuada de los grupos. Tenemos investigadores muy potentes en España que no pueden ni iniciar siquiera su trayectoria porque no hay fondos para comenzar. Tampoco podemos atraer a científicos y científicas del extranjero. La financiación sigue siendo un cuello de botella.

–¿Cree que da solución a esta problemática de estabilización la actual Ley de Ciencia?

–Como vicepresidenta de Aseica, hemos sido muy críticos con la nueva Ley de Ciencia, aunque tiene aspectos positivos. Hay dos puntos importantes que no se han solucionado. Muchos de los contratos que ahora serán indefinidos con la actual Ley, lo serán solo mientras haya financiación. Y también nos preocupa que la Agencia Estatal de Investigación, que concede la mayor parte de proyectos científicos, no tenga financiación propia y no sea independiente.

–¿Se podrán un día cronificar las enfermedades que se engloban en el ‘cáncer’, o eliminarlas?

–Eliminar es una palabra rotunda que a los investigadores no nos gusta utilizar. De todos modos, se ha avanzado muchísimo en muchos tipos tumorales. Hace unos diez años en melanoma, por ejemplo, la respuesta a las terapias era de un 15% y hoy están respondiendo entre el 60% y 70%. Lo malo es que las respuestas son incompletas o transitorias. ¿Hacia dónde vamos? Hay que mejorar la prevención, el diagnóstico y los tratamientos hacia una medicina más personalizada. y que el acceso sea equitativo. Es un gran reto a nivel científico y de las administraciones, pero somos optimistas. Al final, se trata de extender la vida de los pacientes.

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