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La selectividad del futuro

El examen se parecerá a PISA y apostará por saber aplicar conocimientos | Docentes gallegos aprueban el cambio, pero piden contar con su parecer y no caer en extremos

Un examen de selectividad en pandemia. | // XOÁN ÁLVAREZ

En 2024, la selectividad celebrará sus bodas de oro con la comunidad educativa: cumple 50 años desde que en 1974 una reforma impulsó su nacimiento, aunque el paso de la teoría a la práctica llegaría un curso después. 2024 será un año clave para las pruebas, ya que el Gobierno prevé una transformación de los exámenes más allá de los matices que han experimentando a lo largo de las décadas, a veces limitados a un cambio de denominación. Porque la intención del Ejecutivo central, según revela el diario “El País”, es que la selectividad del futuro sea “parecida a PISA” y se fundamente menos en contenidos y más en saber cómo aplicarlos, en competencias, a juego con el nuevo modelo educativo que entra en vigor con la Lomloe este curso.

Expertos y directivas de instituto de la comunidad creen que es tiempo de hacer cambios en el examen e ir a un aprendizaje “más aplicado y menos memorístico”, como señala la decana de Ciencias de Educación de la Universidade de Santiago y presidenta de la Conferencia de Decanos de la Educación, Carmen Fernández Morante. Es “lógico”, como apunta Isabel Ruso, presidenta de los directores de instituto gallegos, que la selectividad tenga que “acomodarse” a los nuevos currículos de la Lomloe. De hecho, añade, los centros están “expectantes” ante los cambios en la normativa y además “todo aquello que iguale el acceso del alumnado a la universidad será bienvenido”.

Son muchas las voces que valoran que esa reformulación, según informa “El País”, facilite el lograr “cierta homogeneización” de las pruebas en las comunidades, pero todos los consultados advierten de ir demasiado lejos con las competencias, de que los exámenes sean coherentes con la manera de enseñar o de que la opinión del docente se tenga en cuenta.

Inspiración en países vecinos

De entrada, el departamento dirigido por Pilar Alegría busca inspiración en los países del entorno europeo para analizar “alternativas” al examen. Según trasladaron a Efe fuentes del Ministerio de Educación, se ha creado un grupo de trabajo técnico para analizar toda la información y preparar un primer borrador que estaría listo este verano y que se debatirá con las comunidades, el Ministerio de Universidades y la CRUE. Dichas fuentes advierten, no obstante, que como parte del currículo lo fijan las comunidades, no sería viable un examen único.

En 2024 una promoción de adolescentes habrán cursado ya 1º y 2º de Bachillerato con arreglo a la Lomloe, que apuesta por un enfoque competencial de la educación. A ello se remite Carmen Fernández Morante al defender que “todo lo que sea mejorar el sistema de selectividad” y “alinearlo con un aprendizaje mucho más aplicado y menos memorístico es fundamental y positivo”. “Los sistemas europeos están yendo en esa dirección”, aduce, “y las propias necesidades” que se plantean hoy en día “van a una educación más para preparar para resolver problemas y aplicar los contenidos de las disciplinas a la resolución de problemas concretos”, de modo que, desde la “cautela”, dado lo precoz del escenario, ve “lógico pensar en hacer una adecuación de cómo valorar el rendimiento académico en función de un nuevo modelo educativo”.

No obstante, advierte que no se puede aplicar un modelo de competencias de evaluación “cuando en el sistema educativo el modelo de enseñanza es más enciclopédico” o se generaría una “distorsión”. “No podemos hacer un cambio de golpe y variar el criterio y el formato cuando en el sistema educativo todavía no han cambiado”, incide. Por ello, anima a diseñar la ABAU con el profesorado” para que sea “coherente” con el modelo de enseñanza.

Un cambio desde el "consenso"

También María Sío, del IES San Tomé, de Vigo, defiende “un consenso, discusión y reflexión” con los implicados, sobre todo el profesorado. “Tengo muy claro que hay que buscar contenidos mínimos comunes a todos y que los criterios de calificación sean también comunes y se evalúen estándares básicos”, apunta, aunque admite que no tiene igual de claro cómo se concretaría la prueba. “Es una cuestión compleja que requiere diálogo y no puede ser impuesta desde arriba”, opina.

Respecto a un mayor énfasis en un modelo competencial, espera a ver cómo se plantea. “Porque si redunda en una reducción drástica de las exigencias y acaba siendo una prueba testimonial, me preocupa”, alega, al considerar que los alumnos tendrán que apañárselas en una sociedad “competitiva” y “sin memoria y esfuerzo malamente van a sobrevivir”.

Un examen precursor, Lingua e Literatura Galega

Para Rosa Fernández, directora del IES Pino Manso, de O Porriño, el modelo competencial puede ser “más complicado” que una prueba memorística, también para la labor docente, de ahí que inste a las autoridades educativas a abrirse a sugerencias del profesorado. De hecho, explica que en su materia, Lingua e Literatura Galega, se plantean exámenes “más competenciales” para la ABAU de este año. En una circular en la CiUG se habla de “otorgarle al examen un enfoque más práctico y menos memorístico”.

“Lo que no podemos es ir al otro extremo: que todo sea competencia”, añade Fernández, al tiempo que aboga por combinar competencias con “menos contenidos” u organizados de otra forma. Sobre mirar a PISA de modelo, defiende que son pruebas “muy testadas” y además comparte con otros docentes la necesidad de fijar “unos mínimos” en los que haya que demostrar competencias en pro de la igualdad de condiciones.

La Xunta carga contra un sistema “injusto”


Uno de los frentes de la Consellería de Educación durante las últimas legislaturas es la selectividad. Desde hace años, el Ejecutivo gallego insiste en defender “la necesidad de “arbitrar medidas que conduzcan a un modelo que garantice la igualdad de oportunidades en todo el Estado”. “No parece lógico”, aducen desde la Administración gallega, “que las comunidades que tienen un mejor resultado académico según PISA, como es el caso de Galicia y de Castilla y León, estén por debajo de la media en los resultados de la ABAU”.

Dado que el sistema universitario español funciona como un distrito único para el alumnado, la Xunta considera que “el sistema actual impulsado por el Gobierno central es profundamente injusto para los estudiantes y crea desigualdades injustificables”. En estos momentos, enfatizan desde Educación, el Gobierno estatal “hace una doble discriminación” con el alumnado que se presenta a las pruebas. Por una parte, alega, “al amparo de la Lomloe, permitiendo que en algunas comunidades los alumnos puedan acceder a la ABAU sin tener todo aprobado, en un claro ataque a la cultura del esfuerzo”. Por otro, añaden, “permitiendo que existan 17 pruebas de ABAU, una por cada comunidad, con niveles de exigencia completamente diferentes”. De ahí que consideren prioritario” avanzar hacia un sistema “justo, que prime el esfuerzo y la calidad y que dé igualdad de oportunidades”.

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