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En busca de alternativa para 113.000 alumnos que no estudian Religión

La Lomloe renuncia a la asignatura “espejo” y los centros barajan trabajar por proyectos o estudio

Fondo: alumnos del colegio de educación concertada San José de Cluny

La nueva ley educativa ha puesto del revés los currículos que en los últimos años rigieron los destinos académicos de los alumnos desde que acceden por primera vez a la enseñanza hasta que salen de Bachillerato listos para acudir a la universidad. De ese repaso a las materias a partir de un enfoque basado en competencias al que ha obligado la ley Celaá, no se ha escapado la asignatura de Religión católica: la Conferencia Episcopal Española emprendió un proceso de participación que culminó con unas propuestas que incluyen el invitar a los alumnos a implicarse con los objetivos de Desarrollo Sostenible y los Derechos Humanos o que defienden la igualdad entre sexos además del medio ambiente.

No obstante, esta remodelación de los contenidos de Religión llega en un contexto en que la asignatura va perdiendo adeptos año tras año. En el caso de Galicia, el último curso del que ofrece la Consellería de Educación datos detallados (2019/2020, el de la pandemia) permite constatar cómo eligen la asignatura confesional un total de 185.259 escolares –1.530 más si se suman quienes optan por la variante Evangélica–, un 14% menos que una década atrás. Aunque la Religión sigue mandando en número, quienes prefieren prescindir de esa formación van a más y crecen a un ritmo mayor del que decrece Religión. En 2020, ese era el caso de 113.776 niños y adolescentes gallegos, de Primaria a Bachillerato, casi una cuarta parte más que diez años antes.

En 10 años los estudiantes que no eligen clases confesionales suben un 24

La aplicación de la Lomloe trae dos cambios importantes que afectan a unos y a otros: la Religión será evaluable, pero no servirá para medias de acceso a la universidad o becas, y no se ha programado una materia “espejo” como sí existía en la Lomce, la anterior legislación. Se habla de que los alumnos que no elijan Religión recibirán “la debida atención educativa”, como consta, por ejemplo, en el currículo de Primaria. En esos documentos, aún en borrador, se establece que dicha atención “se planificará y programará” por los centros para dirigirla al desarrollo de las competencias transversales a través de proyectos significativos para el alumnado y de la resolución colaborativa de problemas, “reforzando la autoestima, la autonomía, la reflexión y la responsabilidad”. No obstante, el currículo advierte que las actividades no pueden comportar el aprendizaje de contenidos curriculares asociados al conocimiento del hecho religioso ni a cualquier área de la etapa.

No es la primera vez, ya ocurría con la legislación educativa anterior a la Lomce, que los centros tendrán que vérselas con esta situación, pero ahora son muchos más los alumnos afectados: en el caso de Galicia rondarían esos 113.000 que hace un par de años habían decidido no matricularse en Religión. ¿Qué hacer con ellos?

Directores de centros creen que supondrá una “fuente de problemas” a no ser que lleve aparejadas unas instrucciones “claras” por parte de la Consellería de Educación. Lo señala así María Sío, directora del IES San Tomé, de Vigo, quien cuenta que, como se baraja una hora, se especuló con la posibilidad de colocar la clase al principio o al final de una jornada. El problema surge con los centros que tienen alumnos que usan transporte. La alternativa es habilitar a un profesor de guardia para realizar actividades de estudio, señala. Eso ya se planteó antes de la Lomce, cuando no existía asignatura espejo. La cuestión es que, al no ser evaluable, será difícil controlar al alumnado que no asista o que decida portarse mal. Advierte que, como hora de estudio, a no ser entre alumnos mayores, no se “aprovecha”.

Rosa Fernández, del IES O Pino Manso, de O Porriño, indica que por ahora no se ha debatido qué se hará en su centro. Es una decisión pedagógica que le tocaría al claustro, señala. Apunta que una opción sería recurrir a lo que se hacía antes de la Lomloe, que era utilizar ese tiempo para proyectos de centro, lo que suscribe Eva González, del IES Valadares, quien señala como otros ejemplos actividades para celebraciones anuales.

Sindicatos como Anpe defienden que “todas las asignaturas deben ser evaluables y computables” y para los que no eligen la opción de Religión “debe haber asignatura espejo o materia alternativa que no tenga inactivos al resto de alumnos mientras algunos la cursan”.

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Fernández recuerda que la situación puede no ser la misma en Bachillerato que en el resto de niveles. Está por ver todavía cómo quedarán diseñados los itinerarios. En años anteriores los alumnos debían sumar cierto número de horas de materias “específicas” y a veces solo lograban cuadrar la cifra escogiendo Religión, lo que provocó críticas de sindicatos como la CIG y llegó incluso a los tribunales.

Sío cree que es “previsible” que si la Religión no computa para becas ni para la ABAU, decaiga el interés que suscita entre el alumnado. Fernández no osa ser tan tajante, considerando ese factor que mencionaba en el caso de Bachillerato. Sociólogos explicaban a este diario que la reducción de alumnos en Religión va ligada a la “secularización” de la sociedad, que se acentúa entre los más jóvenes.

Los obispos: “Un error que no se haya ofrecido una materia equiparable” 

Aunque la Conferencia Episcopal Española reconoció que el Gobierno mantuvo la oferta “obligatoria” de la Religión católica en todas las etapas y que reguló su evaluación “en los mismos términos y con los mismos efectos que las otras áreas/materias”, reprocharon que la asignatura no se tenga en cuenta a la hora de hacer medias “en las etapas superiores”, de modo que no influye a la hora de acceder a una plaza universitaria. La CEE consideró además “un error” que la legislación educativa no recoja una materia “en condiciones equiparables”. Cree que así “se evitaría todo riesgo de discriminación y habría sido una mejor respuesta a las exigencias derivadas de las competencias clave. Los obispos defienden la relevancia de una materia que elige en todo el Estado más del 60% de los alumnos (similar en Galicia), un dato que propone “valorar”, “un dato muy elevado que hay que apreciar en el marco de una sociedad plural de creciente diversidad cultural y religiosa”.

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