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Faro de Vigo

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La pandemia rompe tres años de caída de la desigualdad en Galicia: mayor brecha social

El 9% de las rentas más elevadas copa casi el 29% de todos los salarios | La mujer sufre mayor desequilibrio

Un hombre solicita ayuda en la calle Susana Vera

Colas del hambre a las puertas de comedores sociales, récord tras récord en la recepción del bono alimentos para costear la cesta de la compra, miles de solicitudes del ingreso mínimo vital, familias pendientes del ERTE o directamente sin trabajo... La pandemia de COVID-19 supuso el año pasado un golpe para la vida de todo el mundo y rompió una tendencia en Galicia. Tras tres años de aumento de la igualdad social y del equilibrio entre ricos y pobres, la desigualdad creció de nuevo en la comunidad.

Uno de los principales indicadores para medir la cohesión social es el conocido como índice Gini, que a partir de la concentración de ingresos y riqueza en un grupo social mide qué igualdad existe en esa sociedad. El coeficiente 0 indica una máxima igualdad, mientras el 1 la mayor de las desigualdades.

Índice Gini

En 2017, ese índice descendió del 0,44 de 2016, al igual que en 2017, 2018 y 2019. Pero la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 que causó estragos a nivel sanitario, social y económico cambió la tendencia. El porcentaje creció por primera vez en tres años hasta casi el 0,43, según el último informe al respecto del Instituto Galego de Estatística (IGE).

“Todos los datos muestran el mismo comportamiento de incremento de la desigualdad, con mayor daño sobre las rentas bajas y quienes están en pobreza relativa o severa”, explica Xosé Cuns, de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Las principales víctimas son mujeres y jóvenes.

“La previsión es que los datos de 2021 reflejen otro avance de la desigualdad, aunque no será tan grande como podría esperarse por las medidas puestas en marcha, como los ERTE, el ingreso mínimo vital, que beneficia a 36.000 gallegos, o la tarjeta básica de la Xunta para alimentos”, añade, si bien aclara que la situación no cambiará si no se facilita el acceso a la vivienda. “Es el principal factor de exclusión. Casi el 15% de familias reduce el consumo de carne o pescado para pagar su casa y apenas hay alquileres sociales”, lamenta.

Uno de los indicadores de esta brecha social es la puesta en marcha del bono alimentos a mediados del año pasado. Se trata de una tarjeta monedero destinada a quienes ingresan entre 423 euros al mes en caso de un hogar unipersonal, y 762 en el de una familia de siete miembros con niños pequeños. Con ella, se logra una tarjeta de crédito que se recarga con 150, 200 o 300 euros al mes si se trata de una, dos o más personas las que componen la familia. Con ese dinero, se pueden adquirir alimentos, productos de higiene y material farmacéutico.

Pese a la mejora económica de este año generada en parte por la vacunación, los beneficiarios aumentaron hasta los 56.000, lo que obligó a la Consellería de Política Social a ampliar su vigencia hasta mediados de 2022. Finalizaba el día 31 de este mes.

Las cifras del IGE ilustran ese crecimiento de la brecha social. Un 39,2% de los asalariados se reparte el 12,8% de sueldos, porcentaje que crece al 42% en España. Si se sube más el escalón, el 76,5% absorbe el 48%. Y en el caso de las rentas más elevadas, el 9,7% obtiene un 28,8%, frente al 11% estatal que copa el 35,5%.

“Las rentas salariales están más concentradas en España que en Galicia, es decir, la distribución del ingreso es menos desigual en nuestra comunidad”, explica el IGE en su informe.

Añade un matiz de género que evidencia la peor situación de la mujer. “La desigualdad en los ingresos por salarios es mayor en las mujeres que en los hombres en las cuatro provincias, siendo Lugo la que registra la diferencia más elevada”, detalla el IGE.

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