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La dieta atlántica se abandona: el gasto en comida preparada aumenta un 70%

Una mujer en el apartado de comida precocinada de un supermercado en Santiago. | // XOÁN ÁLVAREZ Xoán Álvarez

Más de un millón de gallegos presenta sobrepeso u obesidad. Gran parte de la culpa radica en el sedentarismo y el abuso de alimentos ultraprocesados, que acaban desplazando a productos naturales más frescos, sanos y nutritivos. De hecho, el recurso a los platos precocinados aumenta en Galicia. En los últimos seis años, el gasto per cápita en congelados, pizzas, pasta o comidas refrigeradas aumentó casi un 70%, pasando de los 31 euros de 2014 a los 49,1 del año pasado.

Los datos de consumo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ofrecen algunos datos que muestran una tendencia creciente en el consumo de productos no demasiado saludables. Por ejemplo, en la ingesta de refrescos azucarados, que pasaron de 37,6 litros per cápita en 2014 a casi 43 el año pasado.

El abuso de comida precocinada y comida basura supone un factor de riesgo tanto para la calidad de vida como para la esperanza de ella. Este tipo de alimentos suelen ser hipercalóricos, contribuyendo en gran medida a favorecer el sobrepeso y la obesidad. Ambas contribuyen a desarrollar problemas de salud como colesterol alto, hígado graso, déficit nutricional de vitamina D, yodo o calcio y riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Los hábitos de vida dificultan la disposición de tiempo para preparar alimentos sanos y resulta más fácil optar por algo precocinado, aunque sus cualidades sean peores. Entre 2010 y 2023, el gasto en este tipo de alimentos descendió ligeramente, pero desde entonces ha habido un progresivo incremento del presupuesto familiar destinado a estos productos, como pizzas o congelados. Fue en 2019, el año previo a la pandemia, cuando el gasto per cápita superó la barrera de los 40 euros, alcanzando los 41,9. El año pasado se disparó un 17,2% hasta los citados 49,1.

En el caso de los refrescos azucarados, el comportamiento es similar, ofreciendo un patrón temporal preocupante para los nutricionistas y las autoridades, como reflejan las numerosas campañas públicas en favor de una alimentación sana. Si en 2013, el gasto por gallego en estos líquidos era de 29,5 euros, el año pasado la cifra se disparó al récord desde que el ministerio dispone de estadísticas: 36,3.

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