El pasado 29 de noviembre, de madrugada y a 50 kilómetros de Estaca de Bares, un terremoto de 4,4 mbLg sacudía a las comarcas del norte de Galicia. El temblor fue tan intenso que se notó desde A Coruña y su comarca (Sada, Culleredo...) hasta puntos como Viveiro, la Terra Chá, Lugo y Santiago. Sobre las 6.30 horas, muchos vecinos se despertaron sobresaltados al percibir la vibración: "Se ha movido todo" o "lo he sentido muchísimo", eran los comentarios más escuchados.

Desde entonces, la actividad telúrica no ha cesado en esa zona y se han producido hasta una decena de nuevos seísmos aunque de menor magnitud y sin consecuencias en tierra. Los últimos, el pasado viernes, de 2 y 2,3 mbLg. Todos han superado la magnitud 2 y, salvo uno, todos se han originado a menos de 10 kilómetros de profundidad.

Los dos terremotos más fuertes alcanzaron los 4,4 y los 3,3 mbLg .

Aunque la actividad sísmica de baja intensidad es habitual en Galicia y no suele entrañar daños materiales, este episodio de una decena de temblores en el Cantábrico llama la atención por el temor a posibles tsunamis. De hecho, el Plan Estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Maremotos aprobado por el Gobierno este año sitúa a nuestra comunidad como el área del norte con mayor riesgo.

Este plan prevé que estas destructivas olas alcanzarían un máximo de 2 metros pero con gran potencial destructivo en las rías gallegas, donde existen muchas edificaciones e infraestructuras cerca del mar. La población contaría con una hora de antelación al impacto en la costa para prepararse y protegerse.

Aún así, desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN) llaman a la calma ya que la actividad sísmica en Galicia se encuadra dentro de lo normal.