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Casado reivindica el legado de Rajoy, que le encomienda la superación de la crisis

Feijóo, Casado y Rajoy, ayer en Santiago Xoán Álvarez

“Gobernamos dos períodos en democracia y nos encontramos lo que nos encontramos. Y me temo que no hay dos sin tres”. El expresidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, señaló al líder de su partido, Pablo Casado, el deber a asumir: combatir la crisis económica causada por el COVID-19 y agravada, en su opinión, por la gestión del Gobierno de PSOE y Unidas Podemos. “La gestión de Rajoy es algo que tenemos muy presente”, alabó Casado al responsable de lo que llamó “segundo milagro español”. No se olvidó de barrer para casa y reivindicó también la trayectoria de Alberto Núñez Feijóo como presidente de la Xunta. “Es una referencia”, añadió.

La plana mayor del PP se reunió ayer en Santiago, la primera cita previa a la convención nacional que celebra el fin de semana en la Comunidad Valenciana un contexto de optimismo interno.

Casado se encuentra en su mejor momento, según las encuestas, gracias al desgaste del Gobierno, que ha tenido que lidiar con la pandemia, la crisis económica causada por el COVID, la erupción del Cumbre Vieja en La Palma y las dificultades políticas para mantener sus alianzas y lograr la aprobación de los presupuestos generales de 2022 en las próximas semanas.

En un encuentro con Rajoy para abrir un proceso de debate interno del PP para rearmarse ideológicamente de cara a las elecciones municipales de 2023 y con el deseo de que se anticipen las generales, Casado trazó un paralelismo entre el período de Rajoy en Moncloa y el momento actual. Su argumento fue el siguiente: el socialismo de Zapatero agravó la crisis de 2008 y el PP tuvo que salvar la economía, como hizo Aznar tras los años de Felipe González. Ahora le toca a él, prosiguió su argumento. “Eso parece un déjà vu”, definió Casado el momento actual, acusando a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, de mentir sobre las previsiones de crecimiento económico de España.

“Rajoy recibió el país con un 9% de déficit, una tasa del 24% de paro, millones de personas en la calle por las malas políticas socialistas, 27.000 millones de déficit tarifario...”, relató Casado antes de ensalzar que “en tiempo récord” logró encauzar la economía, evitando el rescate total (aunque tuvo que nacionalizar el sistema financiero con recursos que la banca no ha devuelto) y generando más de dos millones de empleos. Por el medio, los recortes obligados por la UE para embridar la deuda.

Rajoy reapareció tres años después de la moción de censura que lo apartó de Moncloa y abrió la puerta a su salida de la política. Paradójicamente, Casado reivindica ahora el legado del expresidente del Gobierno tras renegar de él cada vez que se le afeaba algún escándalo vinculado a la corrupción, como la Gürtel. Es un PP nuevo, solía responder.

Rajoy aseguró que la crisis actual es menos grave que la generada en 2008 por la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, que derribó el orden financiero mundial como un castillo de naipes. En primer lugar, por la actitud de la UE, comprando deuda de los países y sirviendo de escudo ante la prima de riesgo y el peligro de bancarrota pública. En segundo, por las reformas aplicadas por su administración, como la nueva legislación laboral. “Funcionó y lo que funciona no se toca”, espetó sobre el deseo nunca concretado del Gobierno actual de derogar esa modificación legislativa.

El expresidente del Ejecutivo arremetió, en un acto celebrado en un hotel situado a unos metros de la Catedral de Santiago, contra las recetas del Gobierno central para combatir la crisis. “Más gasto estructural, más regulaciones y más impuestos son letales para la recuperación y es lo que se está haciendo”, alertó tras apoyar las políticas de cubrir ERE’s para evitar miles de despidos y reivindicar que esa opción se debe a sus políticas.

Rajoy también criticó la “contrarreforma” del sistema de pensiones aplicada por el Gobierno central, recuperando la revalorización en función del IPC y eliminando el factor de sostenibilidad aprobado por el Ejecutivo que presidía. En su opinión, es insostenible. “Vas a tener que cambiarlo tú, aunque te hagan una huelga general”, le dijo a Casado. “Toca otra vez arreglar lo que otros han desarreglado”, resumió tras ponerle deberes a su sucesor: priorizar la “gestión” y la economía, especialmente la creación de puestos de trabajo.

Ambos coincidieron en trazar paralelismos con la época de Zapatero, vapuleado por la crisis económica mundial de 2008, pero también de forma implícita con Aznar tras el felipismo. “No hay dos sin tres”, deslizó Rajoy sobre el mantra político de su partido: arreglan la economía que zarandea el socialismo, pese a los datos que reflejan que el periplo de Aznar infló la burbuja inmobiliaria que estalló más tarde.

En su ración de palos al Gobierno, Casado también hizo mención especial a Galicia. “Sufre en especial el encarecimiento del precio de la energía, que se está llevando por delante a la industria electrointensiva”, lamentó en alusión a Alcoa. “El dogmatismo de la izquierda no permite que industrias como la maderera o el naval tengan un futuro”, añadió.

Feijóo advierte a su jefe de filas del peligro de pactar con Vox y critica el populismo “reaccionario” de derechas e izquierdas


El PP de Casado aborda su rearme ideológico con la relación con Vox como una de sus claves de bóveda para crecer electoralmente. Paradójicamente, el auge de los de Abascal le come terreno al PP, pero son necesarios para un acuerdo con el que llegar a La Moncloa. Del “hasta aquí hemos llegado” que planteó Casado para soltar amarras al entendimiento en Madrid, donde Vox permitió la investidura de Isabel Díaz Ayuso este mismo año.

Feijóo pulió ayer su traje de gestor moderado y reformista y aprovechó la nula presencia de Vox en Galicia para marcarle a Casado una tarea: huir de un populismo que identificó con Podemos y Vox de manera implícita. “Hay un frente populista y reaccionario a derecha e izquierda”, indicó en un coloquio con el vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, sobre reformismo y solidaridad. “El populismo supone la regresión infantil de la política”, resumió tras censurar la “impugnación de todo el sistema” que aplican esas ideologías.

Ahí afiló el verbo y tiró de retranca para denunciar que “la única vez que reivindica la libertad un populista es para insultar” y ensalzar las diferencias del PP con el PSOE en un claro mensaje a Casado. “Nunca hemos gobernado con cualquiera ni aceptado gobernar diciendo cosas diferentes en cada ministerio”, destacó, si bien el popular Aznar se tragó sus críticas al catalán Pujol en su primera legislatura y pactó con nacionalistas vascos y catalanes. “El PSOE cayó en la trampa del populismo”, espetó Feijóo en un recordatorio del camino a evitar por parte de los suyos si tienen opciones de llegar a La Moncloa.

El líder gallego retomó de nuevo un argumento recurrente en sus mensajes sobre la estrategia que debe seguir el PP, que pasa por “centrarse” y combatir a la extrema derecha. En su analogía de que Vox y Podemos son lo mismo, sacó a relucir su balance. “Aquí las mareas de Podemos eran el segundo partido en representación en 2016. Fíjate si somos inteligentes que pasó a tener cero”, comenzó antes de vaticinar que las tendencias políticas que se generan en Galicia “luego producen el cambio político en España”. Así sucedió con la victoria del PP en las autonómicas de 2009 que tumbó al bipartito y que avanzó la victoria de Rajoy en 2011, pero también la irrupción de la nueva izquierda con AGE y las mareas locales previas a Podemos, sepultada en las autonómicas del año pasado.

También esgrimió como recetas la “estabilidad y la gestión”, señalando el control financiero de las cuentas gallegas, y retomando la necesidad de aprobar un cambio legislativo para que gobierne la lista más votada al menos a nivel municipal. Tras las elecciones de 2019, los pactos permitieron al PP gobernar Madrid o Andalucía sin ser los más votados, así como ceder Ourense a Democracia Ourensana. Entonces, Feijóo aseguró que los resultados en Andalucía reflejaban la voluntad de cambio, pese a que el PSOE había recibido más apoyos que el PP.

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