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La posibilidad en Galicia de incendios de 6ª generación obliga a nuevos protocolos

Un bombero lucha contra las llamas en Sierra Bermeja, Málaga, la semana pasada. E. P.

“En un fuego de convección, el rumbo es impredecible”, alertan expertos

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El concepto de incendio de ‘sexta generación’ que se popularizó con el fuego que devastó 10.000 hectáreas en Sierra Bermeja (Málaga) la pasada semana y en el que se murió un bombero durante la extinción ya tuvo precedentes parciales en Galicia en los fuegos que devastaron la comunidad en 2006 y la provincia de Ourense en 2005, en lo que respecta a la “propagación extrema”. Asimismo, en la geografía gallega se podrían desarrollar grandes fuegos convectivos, más peligrosos e impredecibles por estar dominados por el combustible. Así lo explica el experto director de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidade de Vigo, Juan Picos Martín. Asimismo, la mera posibilidad de sufrir este tipo de incendios “obliga a desarrollar nuevos protocolos de actuación en extinción”, añade Picos. Ahí entrarían a trabajar de forma conjunta los expertos y Medio Rural. “Cada vez, la probabilidad de que aparezcan incendios de este tipo será más alta”, indica este experto. Las causas son dobles: coincide la mayor acumulación de biomasa por el abandono rural (combustible para las llamas) con una mayor sequía causa del cambio climático.

El devastador fuego de Sierra Bermeja, en Málaga, sigue sin control Agencia ATLAS | Foto: Álex Zea

El gobierno autonómico ya trabaja en esta línea. Según reconoce el departamento de Medio Rural, “la Xunta contempla diferentes situaciones en relación con la incidencia y virulencia de los incendios forestales; entre ellas, la posibilidad de que los fuegos alcancen la consideración de ‘sexta generación’”. También, conforme a las recomendaciones de los expertos y a partir de las conclusiones de la comisión parlamentaria creada tras los incendios de octubre de 2017. “La ciencia aún debe trabajar en entender el comportamiento de los grandes incendios forestales y los factores que determinan que un incendio normal pueda desarrollar comportamientos extremos”, alerta el experto de la UVigo, Juan Picos.

De hecho y no muy lejos de aquí, el descomunal fuego en Pedrógao Grande, en el centro de Portugal que en 2017 se cobró la vida de 66 personas atrapadas en una carretera fue un ejemplo de ese fuego “de sexta generación”. En octubre de ese mismo año, tres días sumieron Galicia en una tormenta de fuego que acabó con la vida de cuatro personas y carbonizó 50.000 hectáreas. Si algo hay positivo en esa catástrofe es “lo que hemos aprendido”, reconoce Picos. “A lo mejor, algunos protocolos tienen que cambiar si se ve que aumentan los incendios de esta naturaleza. En Sierra Bermeja adoptaron precauciones en la extinción porque tenían en mente el caso de Portugal. La capacidad de crecimiento de la vegetación en el monte gallego es un factor de riesgo para llegar a sufrir estos incendios”, matiza.

Núcleos poblados

Además, la dispersión rural en Galicia aumenta las probabilidades de que núcleos poblados se ubiquen en entornos forestales. “Debemos de estar preparados; saber dónde tenemos que hacer la prevención para que esto no ocurra. No se trata de comprar más helicópteros, si no de entender cómo prevenir los nuevos fuegos”, aclara el experto. Asimismo, asegura: “Normalmente, para que se produzcan este tipo de fuegos se dan varias situaciones en el monte: mucha vegetación en condiciones de baja humedad y circunstancias atmosféricas que propicien la formación de columnas convectivas hasta capas muy altas de la atmósfera. Además, la capacidad de emitir focos secundarios y crear nuevos incendios simultáneos aumenta”, añade.

Todos los expertos coinciden en que los incendios forestales son cada vez más intensos y más rápidos, los medios de extinción se ven incapaces de luchar contra ellos, y en vez de intentar sofocarlos, solo pueden aspirar a que no se descontrolen en exceso. Picos añade que son los incendios más difíciles de predecir, porque la evolución de la columna de humo está integrada de partículas de fuego y puede ‘derrumbarse’ con efectos catastróficos. 

Medio Rural incluye polígonos cortafuegos y más quemas

Multiplicar las quemas selectivas de montes para crear barreras de contención naturales, regenerar la vegetación y frenar los “superincendios –que se propagan hasta doce veces más rápido de lo normal– es una de las medidas que planteó la Xunta este año. FARO avanzó en marzo que el nuevo plan de prevención de la Consellería de Medio Rural “contempla un cambio legal para impulsar esos usos”. Se trata de las agrícolas, las realizadas por particulares en sus fincas; las forestales, también de particulares; y las prescritas, en manos de la administración”.

Pero el departamento dirigido por José González ya contemplaba otras medidas para atajar el nuevo panorama. La propia creación de la Dirección Xeral de Defensa do Monte, separando la gestión de los incendios de la planificación y ordenación forestal responde a esas consideraciones. También el convenio firmado en 2018 entre la Xunta, la empresa pública Seaga y la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) para la defensa de las aldeas.

Entre las medidas adoptadas por el ejecutivo gallego para luchar contra fuegos virulentos se situaría la “Lei de recuperación da terra agraria y, concretamente, los polígonos cortafuegos, que tienen como principal objetivo trazar discontinuidades en el territorio y favorecer esa prevención. Otro de los ejes centrales del Pladiga es la formación y por eso contemplaba para 2021 impartir cerca de 230.000 horas lectivas a los casi 3.000 trabajadores del servicio de extinción, la recién creada Unidade de Investigación de Incendios Forestais y la dotación de 142 cámaras en el monte.

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