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Galicia

La Xunta usará la inteligencia artificial para ofertar atención a la carta en la enseñanza

Un profesor ayuda a un alumno usuario del libro digital. | // IÑAKI OSORIO

Si la medicina a la carta, con tratamientos adaptados a cada paciente, empieza a ser una realidad, las autoridades educativas aspiran a aplicar ese mismo principio a la enseñanza en Galicia. Avanzar en una educación personalizada, hasta el punto de que un aula virtual inteligente pueda recomendar tareas para cada alumno según su rendimiento, gracias a la inteligencia artificial, es una de las líneas de trabajo de la Estratexia Educación Dixital 2030 aprobada por el Consello de la Xunta esta semana.

Aunque el docente mantendrá el rol “fundamental” en el proceso de enseñanza, uno de los objetivos de la Administración autonómica en la perspectiva de una década es disponer de un “aula virtual inteligente” que, a partir de datos de calidad, sirva para apoyar al profesor y al alumno el proceso de aprendizaje, ayude a la evaluación e incluso a orientar al estudiante acerca de su vocación. “La idea es avanzar tanto como sea posible en esa individualización de la enseñanza”, afirman desde Educación.

La Estratexia establece que la integración de los sistemas de inteligencia artificial y de los procesos de aprendizaje de máquinas en los entornos de aprendizaje corporativos “permitirá contar con un gran sistema de procesado de datos capaz de generar tareas para cada estudiante en las diferentes áreas o materias de entre la base de recursos disponibles o mediante generación aleatoria basándose en su desempeño en tareas previas” o “en comparación con el resto del alumnado”.

El objetivo es que a través de la recomendación de actividades, tareas e itinerarios personalizados se facilite el “máximo progreso” de cada alumno. ¿Pero cómo sabrá el sistema cuando sugerirle a un escolar concreto una tarea y no otra? Lo hará gracias a la inteligencia artificial y a que va a aprender de las interacciones de los alumnos y de otros datos de calidad que aporten familias, docentes, orientadores o especialistas, entre otros.

Como explican fuentes de la Consellería de Educación, el proyecto trata de seguir lo que hace en el aula día a día cada alumno. Como los escolares trabajan en ejercicios digitales, el sistema sabe cuándo empiezan y acaban, cuántas veces han fallado, si les resultó más fácil o más difícil. En función de ello, si descubre, por poner por caso, si bien es una simplificación, que un alumno tarda mucho en hacer una suma de dos cifras, el sistema puede ofrecerle más de ese tipo hasta tener soltura suficiente para pasar a las de tres o asignarle números más bajos antes de pasar a más altos.

Eso valdría para todas las materias. Si en un idioma extranjero, un alumno es muy rápido al leerse un texto y responder a las preguntas de comprensión, la siguiente propuesta tendría una dificultad un poco mayor. “Debe tener algo de reto”, aclaran los mismos expertos, “pero sin que sea inabordable”. “Ese ajuste fino que no siempre es fácil de hacer y a veces se hace por ensayo y error, si va apoyado por recursos de inteligencia artificial es mucho más fácil y fluido en todos los niveles”, defienden.

En ese aspecto, añaden, se busca “retirar” del profesor trabajos más repetitivos. Porque al final, alegan, “inventarse una suma no es lo importante, sino saber qué problemas tiene el alumno, qué le cuesta más, qué menos, y eso es lo que va a hacer el aula virtual inteligente, será un apoyo en inteligencia virtual al docente”. La información aportada por este entorno, subrayan, supone un “plus” para conocer cómo avanza cada alumno o en qué se atasca, y de forma precoz, de modo “que no se quede nadie atrás”.

Pero el papel del profesor seguirá siendo “central” porque son los profesionales “capaces de darle el verdadero sentido” a toda la información que ofrece el sistema, que “facilitaría” la tarea. “Quien va a decidir por dónde hay que ir o cómo atajar algo, es el profesional de la educación”, inciden, y el sistema estará “a lo que el profesor le diga”. “Nunca va a ser una decisión automatizada”, enfatizan.

Entre las virtudes de esa aula virtual inteligente que se integraría en las aulas virtuales de los centros se incluiría información sobre el desempeño del estudiante que serviría para evaluarlo u ofrecerle orientación vocacional. En la evaluación, los mismos expertos aclaran que “no quiere decir que el aparato vaya a poner 3 de los 10 puntos de la nota, sino que el aula virtual va a aportar información que permita al profesor tomar decisiones sobre las notas que va a poner”. En cuanto a la orientación, tampoco quiere decir que el sistema va a orientar a las personas. “Siguen siendo los orientadores quienes toman las decisiones finales”, indican, “pero van a tener datos vocacionales más amplios que las notas, los reportes de profesores o algún test que puedan pasar, que es lo que tienen ahora”. El sistema sabría además, apuntan para aclararlo, si ante la posibilidad de elegir cinco tipos de actividad, el alumno siempre elige la misma, lo que da “pistas sobre lo que le gusta”.

Pero no se trata de que una inteligencia artificial decida qué estudia su hijo o qué calificación se merece o “si va a ser abogado”, advierten las mismas fuentes, sino de utilizar datos de calidad para apoyar en la toma de decisiones al docente y al orientador. “El camino por el que vamos está en todo momento en manos de los docentes”, recalcan desde la Consellería.

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