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Galicia

Vuelco histórico en la educación: más licenciados que graduados en ESO

Alumnos de la Universidad de Vigo R. Grobas

El 40% de la población entre 25 y 64 años cuenta con alguna titulación de rango superior frente a un 37,% con ESO o inferior

La generación nacida en la postguerra y durante las primeras décadas de la dictadura coincidía en un anhelo para sus hijos: estudiar. La meta de los baby boomers pasaba por cumplir la aspiración de sus padres y alcanzar la universidad, aunque ahora los estudios superiores incluyen la Formación Profesional, en los años pasados todavía mirada por encima del hombro por la anterior. Pues por primera vez en la historia, Galicia registra ya más ciudadanos con formación superior que con estudios básicos, entendiendo por estos el techo de la actual Educación Secundaria Obligatoria (ESO) hasta los 16 años: 40,3% frente a 37,5%. Otro 22,2% cuenta con el título de Bachillerato. Aquella meta aspiracional se ha cumplido.

Los datos del último balance del Sistema estatal de indicadores de la educación refleja el cambio al que ha contribuido el desarrollo económico y social en España de las últimas décadas con unos porcentajes del 37,1% de población con estudios inferiores a la segunda etapa de la ESO, es decir, al Bachillerato que se cursa entre los 16 y los 18 años, un 23,2% con este último título y un 39,7% con estudios superiores, bien de FP, bien universitarios.

Galicia se encuentra en la lista de comunidades que logran ese sorpasso en la población de 25 a 64 años, aunque no sucede así en Baleares, Canarias, Murcia, Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Ceuta y Melilla. Si la franja de edad se sitúa entre los 25 y los 34 años, solo Extremadura, Ceuta y Melilla mantienen esa situación. En Galicia, en ese caso, los ciudadanos con títulos superiores alcanzan el 49,4%, frente al 25,9% de Bachillerato y el 24,7% de ESO o menos.

El estudio del Gobierno central destaca los beneficios asociados al nivel formativo. “El análisis de esta variable educativa ha permitido constatar que las personas con niveles educativos más altos suelen tener mejor salud, mayor participación social y unas tasas de empleo e ingresos relativos más elevados”, sostiene el documento elaborado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Además, las necesidades del mercado laboral obligan a reforzar la educación como trampolín para conseguir un puesto de trabajo, tarea en la que la FP superior aparece marcada en rojo como prioridad. Según el plan “España 2050”, es necesario que el porcentaje de titulados en esta modalidad crezca en tres décadas del 11% actual al 17%, lo que supondría otros 30.000 titulados. “No será necesario aumentar la oferta disponible en términos de plazas, pero sí diversificarla y mejorarla”, apuntaba el Ejecutivo en esa estrategia para poner los cimientos de la sociedad del futuro.

Otro 22% de los ciudadanos cuenta con el título de Bachillerato

De hecho, las predicciones a corto plazo ya apuntan a una mayor necesidad formativa. “Las previsiones para España en 2025 identifican que el 49% de los puestos de trabajo requerirán una cualificación intermedia (técnico y técnico superior) y solo un 14% requerirá baja cualificación”, advertía hace unos meses en FARO Patricia García, presidenta institucional de Grupo Femxa y presidenta del Círculo de Empresarios de Galicia.

La evolución es positiva, pues Galicia pasó de un 29,4% de población con titulación superior en 2010 a un 40,3% en 2020, aunque se encuentra lejos de la media europea de personas con al menos Bachillerato: 62,5% frente a 79%.

“Llevamos años y años invirtiendo en formación y capacitación, y también muchos años insistiendo en la necesidad de elevar el nivel general de formación. También debemos tener en cuenta el relevo generacional, no olvidemos que quienes están ahora en esas aulas son hijos de quienes ya pasamos por ella, y eso es una cultura que también se traslada a los domicilios. Las facilidades para un mejor acceso a la educación también influyen, y en este sentido también hemos ido asentando una cultura de refuerzo que tenemos asentada. En conjunto, estas y otras cuestiones van, efectivamente, elevando el nivel general de capacitación de la población”, resume María Bastida, profesora del departamento de Organización de Empresas y Comercialiación de la Universidade de Santiago.

“La formación debe ser flexible para dar respuesta a los cambios en el mercado”

María Bastida - Profesora en el Dpto. Organización de Empresas y Comercialización en la USC

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–En Galicia los titulados superiores superan a los que cuentan con ESO o menos. ¿Cuál es el siguiente paso necesario en Galicia y España para adaptar su formación al mercado laboral?

–Aquí la primera cuestión es plantearse si realmente esa formación es tan deficitaria como se asevera. Dicho esto, en mi opinión son necesarias dos tipos de actuaciones. Las primeras, destinadas a mejorar la capacidad de adaptación de la enseñanza en general –y en particular, de la enseñanza universitaria– a las tendencias actuales, tanto las formativas como las de integración laboral. En segundo lugar, mejorar la interrelación y compromiso con el empresariado, no tanto en lo que se refiere a la detección de necesidades como en lo que tiene que ver con la integración y pleno desarrollo de capacidades profesionales de los trabajadores y, por supuesto, en la empleabilidad de las personas con formación profesional.

–¿A qué se refiere?

–El empresariado sigue teniendo demandas sin cubrir. O nuestros egresados no tienen capacitación adecuada, o los empleadores no saben aprovechar capacidades implícitas de sus trabajadores, o ambas cosas a la vez. Por resumir, la formación de la ciudadanía no siempre se corresponde con las necesidades del mercado laboral, que además van a ser muy cambiantes en un futuro próximo. La formación debe dar respuesta a esas necesidades y ser lo suficientemente flexible para responder a dichos cambios y el contexto educativo actual (la forma en que se diseñan, implantan y verifican los grados, por ejemplo) impiden dicha flexibilidad.

“Las competencias laborales no empiezan ni acaban con los estudios”

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¿Ya no es suficiente un único grado/licenciatura o un título de FP Superior para competir en el mercado laboral?

–Todo depende de las expectativas e intereses profesionales. Evidentemente, cuando se eleva el nivel formativo general de la ciudadanía la posesión de un título que acredite ciertos conocimientos y competencias es un factor de competitividad personal. Parece evidente, también, que cuando se trata de comparar personas y perfiles, aquellas que tengan un conjunto de habilidades y capacidades acreditadas estarán en mejores oportunidades de destacar. No obstante, las competencias laborales ni empiezan ni terminan con la formación. En particular, todo aquello que contribuya a mejorar lo que denominamos soft skills (habilidades de comunicación y capacidades interpersonales, de colaboración, y de interrelación con el entorno, entre otras) es un factor de desarrollo tan necesario como continuo.

–¿Debe abordarse la educación superior solo como una vía para lograr un empleo?

–Rotundamente no. La educación superior, la mejora de la capacitación general de la ciudadanía y las mayores oportunidades de acceso a esta formación son, ante todo y sobre todo, un logro social conjunto. 

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