Apertura de nuevas cárceles, reformas del Código Penal, menos delincuencia y más presos en régimen de semilibertad. Son los factores clave que han permitido aliviar la sobrecarga de las prisiones de todo el país en la última década. Tras cuatro años de una tendencia continua a la baja de la población reclusa en Galicia, 2020 se cerró con un volumen de internos entre rejas en mínimos históricos, tanto en la comunidad como en el conjunto nacional. La pandemia explica este balance en los penales del país ya que durante el estado de alarma se suspendieron miles de juicios, la tasa de criminalidad disminuyó y se produjo un parón en los nuevos ingresos de condenados cuyo plazo para entrar en la cárcel se cumplía en pleno confinamiento. Al cierre del año COVID en los cinco penales gallegos –Teixeiro, A Lama, Bonxe, Monterroso y Pereiro de Aguiar– había un total de 2.961 reclusos, la cifra más baja de la historia y que por primera vez se queda por debajo de la barrera de los 3.000, según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Lejos quedan los años de saturación en las prisiones gallegas, en especial en Teixeiro (A Coruña) y A Lama (Pontevedra), que llegaron a sobrepasar los 5.000 internos en 2008. Galicia cerró el año de la pandemia con un 7,12% menos de presos que en 2019 –227 menos– y un 33% menos que hace una década –entonces se rozaban los 5.000–. Estos datos sitúan a Galicia casi dos puntos por encima de la caída registrada en España el año pasado (-5,7%, que pasó más de 58.500 reclusos en 2019 a un total de 55.180 al cierre de 2020).

Si en los periodos con los penales más colapsados por los continuos ingresos la población reclusa en Galicia representaba casi un 7% del total en España, en la actualidad su peso es del 5,3%, lo que supone un descenso de más de dos puntos.