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Crónica Política

El panorama

El panorama

El panorama

La verdad sea dicha, extraña bastante que nadie –o casi– haya reaccionado, al menos en Galicia, a la noticia según la cual el ministro Iceta va a proponer que la reforma de la financiación autonómica contemple las “características especiales” de tres comunidades. La extrañeza es algo menor dado que se refiere, su señoría, a Cataluña, Valencia y Baleares, socio parlamentario del PSOE parte del Gobierno de la Generalitat, correligionario de Moncloa el de la segunda e incondicional de Pedro Sánchez y de la línea de “concordia” la presidenta de la tercera.

La posición de Iceta –no desmentida ni, de momento, matizada– resulta especialmente ofensiva para el resto de España –otras catorce comunidades, alguna de las cuales tiene muy marcadas “características” a tener en cuenta y todas ellas unas cuantas válidas para destacar– porque supone otro paso en la liquidación del actual Estado de Derecho. Por la vía extraconstitucional que tanto le gusta a los sanchistas y sus aliados: se habla de “liquidación” porque implica desigualdad entre los ciudadanos, principio irrenunciable de la democracia.

Hay otro dato a considerar que añade gravedad a la cuestión: la propuesta proviene del titular de Política Territorial, que es uno de los teóricos garantes de que los fondos autonómicos se distribuyan desde la solidaridad. Y el señor Iceta es partidario de tesis que él llama “federales” cuando son más propias de una confederación. Y no se trata de una sutileza: el ministro semeja incapaz de protagonizar alguna, acostumbrado a dibujar la que cree realidad catalana con una brocha gorda. Pero esto que se comenta no es una ocurrencia más de Iceta: ha de tomarse como advertencia.

Alguien, benigno, negará esta condición y como mucho argumentará que si suena a aviso es malgré lui, pero conviene dejarlo escrito, por si acaso. Y es que parece muy probable que entre los problemas principales para lograr la contundente respuesta negativa a la tesis del ministro, destaque la dificultad de que las autonomías que excluye de la “especificidad” están en buen número gobernadas por el Partido Socialista en coalición con radicales. Una gobernanza del PSOE, por emplear el término de moda, que depende de los socios, y eso condiciona. Y debilita.

Así las cosas y argumentando desde la opinión personal la afirmación anterior, resultaría novedad que fuesen, alguno de esos presidentes –como la dirección del PSdeG–, capaces de pasar de las palabras de protesta a los hechos. Un tránsito que exigiría el rechazo frontal a la “jugada” que, sin duda, forma parte del “Plan Sánchez”, si es que es suyo, para otra ordenación político/territorial del Estado, que cree –o lo aparenta– una especie de vacuna contra el separatismo. En todos estos años, el remedio ha sido el dinero, pero eso ya no basta y será preciso confiar en que la comisión de expertos que asesora acerca de la reforma tenga más sentido de Estado que el ministro y aconseje salidas viables a lo que es, por definición, un embrollo muy serio. En todo caso el panorama es el que es, las cartas están sobre la mesa y habrá que jugarlas con inteligencia, sabiendo de antemano que quienes las reparten suelen cambiar las reglas sobre la marcha.

¿O no…?

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